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9 de febrero de 2026

Una breve historia del Foro romano

UN precioso libro de 2025 —El Foro romano. La invención de un espacio arruinado, de Igor Santos Salazar— traza la historia del Foro romano mediante un recorrido histórico y arqueológico en seis capítulos, desde la invasión de los vándalos en el siglo V hasta la construcción de la via dell'Impero, hoy via dei Fori Imperiali, en los tiempos de Mussolini. Es un libro impregnado de empatía hacia lo que ve y narra: las impresiones personales del autor emergen de vez en cuando, como cuando en su deambular por el Foro se detiene allí donde los demás pasan de largo —los rostra vandalica (pp. 27-28)— o cuando se asoma a la terraza del Palatino para observar desde allí arriba las ruinas del Foro (p. 206). Un libro, como decimos, que auna historia y arqueología y precioso por la cantidad de selectas imágenes de todo tipo que contiene (mapas, grabados, cuadros, fotos); por ello, merecedor de una edición en gran formato (*), digna de figurar en los estantes de book-shops como el instalado en la misma via dei Fori Imperiali. 
 
 
La destrucción a manos de los bárbaros del Forum Romanum vel Magnum, en la Regio VIII instituida por Augusto, ha sido exagerada por la Historia, señala el autor del libro; a ello ha contribuido la dramática imaginería de los bárbaros saqueando Roma. En el siglo VI, el Foro aún no era una zona arruinada. 
 
Llegado el siglo VIII, crece el número de iglesias adheridas al antiguo espacio civil (a las que se presta gran atención: S. Lorenzo in Miranda, SS. Cosme y Damián, S. María Antigua), erigidas al fragor de las peregrinaciones. El expolio ahora, la reutilización, el traslado de materiales originales a otras iglesias de Roma, la intervención de los papas transformando templos paganos en edificios cristianos (consultada en el Liber pontificalis), en su afán de «hacerse un hueco en el Foro» (p. 39), darán paso, a finales de la Edad Media, a la estimación per se del paisaje ruinoso superviviente en las (dos) elegías de Hildeberto de Lavardin (s. XII), que testimonian una nueva valoración de la Roma antigua (p. 62): Par tibi, Roma, nihil, cum sis prope tota ruina; / quam magni fueris integra fracta doces. «Nada hay comparable a ti, oh Roma, aunque estés casi toda en ruinas; / qué grande fuiste entera lo enseñas destruida», comienza el primero de estos poemas.  
 
Es el momento de los Mirabilia urbis Romae, guías destinadas a los peregrinos, que informan a los romeros de «lo que hay que ver» en la capital de la Cristiandad. De ellas se nutren los humanistas anticuarios del Renacimiento (F. Biondo, Poggio Bracciolini, P. Leto, A. Fulvio), con cuyas obras quisieron resucitar la grandeza de la antigua Roma.
 
Roma: Ruinas del Foro mirando hacia el CapitolioMás adelante, los restos del Foro adquirieron una nueva fisonomía al convertirse en un lugar cotidiano de pastores y tenderos: el llamado Campo Vaccino ('campo de vacas'). Gran número de artistas reflejaron en sus grabados o pinturas este nuevo escenario rural de paisanos y rebaños haciendo su vida entre las ruinas clásicas (É. Dupérac; G. B. Piranesi, a quien se dedican ocho páginas). Los vedutistas (dibujantes de vedute 'vistas') hicieron del Foro un lugar de contemplación único en el mundo (Canaletto, G. Panini, entre otros). En el capítulo del Grand Tour, el libro no se detiene mucho en los visitantes extranjeros, episodio muy conocido por la mayoría de los lectores de libros de viajes, para recordar a españoles que visitaron el Foro, como el jesuita Juan Andrés o el dramaturgo Fernández de Moratín. Cien años después, la impresión que se llevaron de este espacio romano Blasco Ibáñez y Pardo Bazán fue de decepción.

Roma cambió de aspecto en el siglo XIX. Se acometieron reformas urbanísticas que conllevaron la construcción de monumentos tan desgraciados como el dedicado a Vittorio Emmanuele II, «terrible edificio» (p. 202), y la destrucción de aquellos otros considerados poco antiguos: G. Boni, a la par que preconizaba una arqueología científica —fue el descubridor del Lapis Niger—, hacía demoler la iglesia Santa María Liberadora (barroca) para hacer visible Santa María Antigua (medieval). 
 
Cierran el libro un epílogo melancólico y una breve bibliografía comentada.
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(*) Si tal sucediera, habría que corregir la errata más visible, 'bis estética' por 'vis estética' (o aesthetica), p. 216. Y, ya puestos, sería bueno incluir un índice de nombres y edificios.

7 de septiembre de 2017

La pasión de competir ('agón')

FORMABA parte del sistema de valores de los antiguos griegos competir en todos los ámbitos de la vida humana. Competir en los juegos atléticos, litigar en los tribunales de justicia, concursar en los certámenes poéticos. Y por supuesto, someter al enemigo en la batalla con la victoria, la máxima expresión de tal afán por competir. 

En torno a esta idea, CaixaForum ha articulado una exposición con 170 piezas de arte griego procedentes del Museo Británico, titulada Agón! La competición en la Antigua Grecia (Madrid, 14 julio - 15 octubre 2017).
 
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Agon –habría que empezar por aquí– es palabra griega que significa 'lucha', 'competición'. El diccionario de Liddle-Scott extrae usos del término en los contextos de la batalla, el concurso y la competición. 

En siete u ocho espacios, vasos de cerámica, relieves, estatuas y estatuillas, fíbulas, monedas y otras obras de arte griego ilustran diversos aspectos del tema de la competición, que resumimos aquí libremente, para que nos pueda servir ahora y para siempre de recordatorio. Hay un catálogo (espléndido pero caro, como suelen serlo los catálogos de este tipo de exposiciones) y una nota de prensa sobre este evento cultural; nos ayudamos de esta última, pero sobre todo de los propios paneles informativos, de indudable valor, que acompañan a las obras exhibidas.

La primera sala nos presenta la personificación de la victoria, Niké, relacionada habitualmente con Atenea, la diosa de la sabiduría, pero también de la guerra estratégica. La Victoria vuela con sus amplias alas y las ropas agitadas por el viento hacia los atletas victoriosos, y a veces se sienta al lado de Zeus para decidir el vencedor en la guerra o en el deporte. La Acrópolis de Atenas alberga, como es sabido, el templo más famoso dedicado a Atenea Niké.

El espacio dedicado a los juegos en la infancia, con sus normas y rigores, la mayoría de ellos sometidos al principio de ganar o perder, muestra niños que se pelean jugando a las tabas y compitiendo con la pelota. Las tabas o astrágalos, primero de hueso, después de distintos materiales, eran el juego más popular en aquel tiempo, pues además de para jugar servían también para adivinar el futuro. Juegos con dados, canicas y pelota. El juego era en la antigua Grecia el primer paso para llegar a ser buen atleta y luego buen soldado.


Los antiguos griegos eran unos auténticos fanáticos del deporte. Hay gran cantidad de vasos de cerámica (ánforas, hidrias, cílicas, crateras) que tienen pintados, en color negro o rojo, lanzadores de disco y de jabalina, boxeadores, velocistas, corredores de fondo, luchadores de pancracio, carreras de caballos y de cuadrigas. El momento culminante de la vida deportiva de los griegos era la celebración de los juegos olímpicos, de los que ya hemos hablado en otra ocasión.

Se conservan, y en esta exposición hay ejemplos de ello, toda una serie de objetos relacionados con el deporte, desde frascos de aceite de oliva con que se ungían los atletas, antes y después de la competición, hasta estrígilos, nombre que recibían los «rascadores» del sudor, la arena o el aceite que se impregnaban en los cuerpos de los atletas.

Los griegos competían en certámenes de teatro y poesía en el ámbito de festivales religiosos consagrados al dios Dioniso. Ganar en un concurso teatral proporcionaba la gloria a los dramaturgos, algo aún más deseable que la corona simbólica (fuera de laurel, de hiedra o de oro) y los premios en metálico que los vencedores recibían. Gracias a estos concursos han llegado hasta nosotros los nombres de los trágicos Esquilo, Sófocles Eurípides, y de los comediógrafos Aristófanes y Menandro, y una mínima parte, desgraciadamente, de las obras que escribieron. Sófocles, al parecer, obtuvo dieciocho victorias, Esquilo trece, Eurípides cinco. Perduran impresionantes teatros en todo el mundo griego (Epidauro; Atenas; Siracusa; Pérgamo). No hace falta recordar que el teatro es una invención de los griegos.

A los eventos dramáticos hay que añadir los certámenes de música (instrumentos típicos griegos fueron la cítara y el aulós), de danza y poesía, todos ellos elementos esenciales en la educación de los ciudadanos. Marsias, en la mitología, desafió al dios de la música Apolo a tocar, él el aulós, el dios la cítara, y ya sabemos adónde le llevó su pecado de soberbia.

La guerra, en la que los griegos estaban siempre inmersos contra los persas o contra sí mismos, se plasma en todo tipo de arte. Los artistas se inspiran en guerras legendarias, como la guerra de Troya, y en reales, como las guerras médicas. Podemos ver aquí tanto los propios objetos bélicos, o sea, el equipamiento de los hoplitas (ciudadanos-soldado cuyo nombre deriva de hoplon 'arma'), cascos, corazas, grebas, como observar en cerámica diversas escenas mitológicas del ciclo troyano.


Los mitos están impregnados de luchas y rivalidades. Dos héroes destacaban entre los demás: Aquiles y Heracles (Hércules para los romanos), ambos semidioses por tener un progenitor inmortal y el otro mortal. ¿Hubo héroe más competitivo que Heracles, que tuvo que completar doce trabajos inauditos, con éxito y contra todo pronóstico? Y en cuanto a Aquiles, sus hazañas y desventuras están sobre todo ligadas a la guerra de Troya, aunque también otros episodios de su vida han captado la imaginación de los artistas.   


Los griegos rivalizaban en la vida cotidiana, en las asambleas públicas, los foros judiciales, las actividades sociales, como los symposia, banquetes de beber y filosofar reservados a los hombres, en los que era importante la influencia y el estatus social; en los adornos personales con el uso de collares, anillos y fíbulas, y sin duda en los ritos funerarios. 

Los funerales eran la ocasión perfecta para el derroche de comida y bebida. Los cementerios estaban situados en caminos principales bien a la vista de todo el mundo. Los ricos y gobernantes se hacían erigir monumentos fastuosos y desproporcionados, como el rey Mausolo (s. -IV), que se hizo construir una gigantesca tumba de 45 metros en Halicarnaso que dominara la ciudad y fuera visible desde el mar, y la decoró con estatuas y frisos esculpidos de los mejores mármoles posibles. Fue considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, y hoy la palabra 'mausoleo' procede de él.

10 de enero de 2016

Seductoras mujeres de Roma

LA exposición Mujeres de Roma. Seductoras, maternales, excesivas (Madrid, CaixaForum, 4 nov 2015-14 feb 2016) se articula en torno a los distintos tipos de mujeres que fueron representadas en el arte romano (esculturas, pinturas, mosaicos, joyas, pequeña estatuaria), en el ámbito doméstico y privado, y se ilustra con 178 piezas, todas ellas procedentes del Museo del Louvre. El mundo femenino de la antigua Roma se ofrece a nuestros ojos a través únicamente de la información que nos proporcionan estas imágenes.
 
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Los retratos de las mujeres romanas se nos muestran en bustos de mármol en los que cobra especial importancia el peinado, sujeto a la evolución de las modas, a la influencia de la emperatriz de turno o al uso de pelucas; sirve el peinado, a falta de otras precisiones arqueológicas, para fechar cada pieza en cuestión. Perviven, por otro lado, bellos retratos de mujeres pintados «a la encaústica» sobre paneles de madera.

Esposa y madre eran las cualidades más valoradas de las mujeres romanas. Como tales aparecen representadas en actitud ejemplar, púdica y noble y con vestimenta decorosa. Si la vida política y social estaba reservada a los varones, en el ámbito religioso la mujer cumplía un papel primordial en los cultos mistéricos consagrados a Ceres —los misterios de Eleusis—, en los que grupos de mujeres ofician rituales secretos relacionados con el ciclo de la agricultura y la fecundidad. 

Juno, Minerva, Diana y Venus son, además de Ceres, otras diosas a cuya protección acudían las antiguas romanas.

La castidad estaba amparada por Minerva y Diana, diosas castas y feroces que viven alejadas de los hombres y rehusan cualquier relación física con ellos. Son merecedoras de respeto precisamente porque no asumen las funciones de esposa y madre asignadas a la mujer romana. Minerva protegía las artes y a los artesanos y era también diosa de la guerra. Lleva escudo, lanza, casco y égida; gorgonas, grifos y serpientes eran signos distintivos de Minerva, la Atenea de los griegos.

Diana, hermana de Apolo, es cazadora, virgen y terriblemente celosa de su pureza. Vive en los bosques con sus compañeras y rodeada de perros. Porta arco y aljaba. Viste quitón corto que le facilita el movimiento en el mundo salvaje. Vela por los cazadores, que tienen la obligación de venerarla. Diana es la diosa protectora de las amazonas, pueblo mítico formado únicamente por mujeres que solo toleraban a los hombres como esclavos e instrumentos de perpetuación de su raza. Las amazonas mutilaban o mataban a los hijos varones y solo conservaban a las hembras, a las que extirpaban un pecho para servirse mejor del arco y la lanza.

Las fuerzas de la naturaleza (o numina) adoptan forma femenina en muchos casos. La Fortuna, dueña de los destinos humanos, porta el cuerno de la abundancia, y Selene rige los ciclos lunares. Son seres femeninos las estaciones (las Horas) y los vientos. La Victoria, que tiene alas y favorece a uno u otro bando, simboliza el triunfo y, si se pinta en la casa, el deseo de paz y prosperidad. Las ninfas aportan juventud y vitalidad a los ríos, que, ancianos como son, descansan echados en el suelo. 


Mujeres seductoras. En el orden espiritual, las Musas. En el orden físico, las tres Gracias y Venus. 

Las Musas representaban el perfeccionamiento del espíritu a través de las diversas artes y técnicas. Inspiran a quien las invoca, y su presencia en el espacio semipúblico de la domus propiciaba en el invitado la iluminación y el entusiasmo.   

Calíope, musa de la poesía épica
En Roma existía la tradición del simposio griego, donde se debatía sobre la naturaleza del deseo amoroso. En el Juicio de Paris se veía a una Venus victoriosa (Venus Victrix), y los generales romanos se encomendaban a su protección, si bien César y después Augusto prefirieron acogerse a una Venus progenitora (Venus Genitrix), como madre del troyano Eneas, héroe fundador del pueblo romano y del linaje (gens) del propio César.

En el arte, había distintos modelos de Venus, heredados del arte griego: la Venus púdica, la Venus desatándose la sandalia, la Venus de los jardines, la Venus Urania, la Venus Anadiomena (surgida de las aguas).

Las mujeres reales no aparecen desnudas. Desnudas, solo diosas o criaturas semidivinas, provocadoras de la seducción física, como las tres Gracias, que gozan de cuerpos perfectos, voluptuosos, llenos de gracia y armonía. Ya sea en las paredes de la casa, ya en espejos, se representan escenas mitológicas eróticas, como las parejas de Ío y Argo, Galatea y Polifemo, o Leda y Júpiter metamorfoseado en cisne. Son éstas fantasías que antes estaban reservadas al lupanar y ahora han invadido el espacio doméstico y cotidiano. 

Dioniso, el dios del vino y el teatro, vivía rodeado de mujeres. Aparte su madre Sémele y su esposa Ariadna, le rendían culto las ménades o bacantes (Baco era el nombre que los romanos dieron a Dioniso), que le siguen entusiasmadas (etimológicamente, 'poseídas por el dios') en sus fiestas orgiásticas y escandalosas. Las bacanales fueron prohibidas por el Senado romano el 186 a. C., pero Julio César, 140 años más tarde, las reimplantaría. 

Los cultos dionisíacos se desarrollaban en privado, y así aparecen reflejados en las paredes del famoso triclinio de la Villa de los Misterios de Pompeya, aunque también se ha podido pensar que lo que allí se representa son los preparativos de boda de una joven romana. A Dioniso le acompaña una escolta o tíaso conformada por sátiros y silenos procaces, y por las ménades, cuyas danzas extáticas se desenvuelven en un ambiente frenético.


Cuando se representa una mujer monstruosa, se hace como señal de advertencia: Medea (pues dio muerte a sus propios hijos para vengarse de Jasón) o Pasífae (que concibió un amor nefando con un toro) cumplen el papel simbólico de proteger la casa de criaturas nocivas, papel denominado apotropaico. Las sirenas, seres mitad mujer mitad pájaro, se convierten en antefijas de los tejados. La gorgona Medusa transformaba en piedra a todo aquel que osara mirarla a los ojos. Otro ser fronterizo entre la persona y el monstruo es Hermafrodito, criatura bisexuada que juega con el efecto sorpresa.

El recorrido por el mundo de la mujer en la antigua Roma a través de sus imágenes no ha podido ser más ilustrativo en esta magnífica exposición, cuyas explicaciones culturales hemos tratado de resumir en esta entrada.

28 de noviembre de 2015

El 'curriculum' sin latín de Leonardo da Vinci

SI además de relación de datos personales e historial de méritos entendemos por curriculum vitae (CV) las capacidades que uno puede desarrollar en determinada profesión, el más famoso de la Historia seguramente sea el que presentó Leonardo da Vinci (1452-1519) a Ludovico Sforza (llamado el Moro), duque de Milán, en 1482.

Comienzo de la carta de presentación de Leonardo da Vinci a Ludovico Sforza, duque de Milán
(Códice Atlántico, fo. 1082r)

Se trata, en realidad, de una carta de presentación, hoy elevada al rango de «carta histórica memorable», en la que el artista, mucho antes de haber realizado sus universalmente admirados capolavori en pintura, ofrecía sus servicios como ingeniero militar.

Escrito en italiano, el texto desliza alguna palabra suelta en latín. 

Mi muy ilustre Señor, habiendo visto y considerado suficientemente las invenciones de todos aquellos que se consideran maestros y artífices de instrumentos de guerra, y que la invención y desarrollo de dichos instrumentos no son nada diferentes de aquellas del uso común, intentaré, sin perjudicar a nadie, explicarme a su Excelencia, mostrando a su Señoría mis secretos y ofreciéndolos de inmediato a su mayor placer, en el momento oportuno, para la demostración de todas las cosas que brevemente, en parte, serán aquí abajo anotadas.  

1. Tengo planos de puentes ligerísimos y fuertes, adaptados para ser fácilmente transportados para salir en persecución o, cuando sea necesario, escapar de cualquier enemigo; y otros seguros y resistentes al fuego y a la batalla, fáciles de elevar. También, métodos para quemar y destruir los puentes de los enemigos. 

2. Sé cómo, cuando una plaza ha sido sitiada, sacar el agua de las trincheras, y realizar infinitas variaciones de puentes, caminos cubiertos y escaleras, y otras máquinas pertinentes en dicha ocasión.

3. Item si por la altura de los terraplenes o la fuerza del lugar y su posición, es imposible, cuando se sitie una plaza, bombardear el lugar, tengo métodos para destruir cada roca u otras fortalezas, incluso si tienen su base en una roca, etcetera.

[...] 10. Item puedo realizar escultura en mármol, bronce o arcilla, similiter in pictura cualquier cosa que esté a la altura de cualquiera, sea quien sea.

Sólo palabras sueltas, pues el latín de Leonardo, por paradójico que ello sea en quien es el símbolo por excelencia del Renacimiento, no pasa de aquí: no le interesó más allá de lo que estudió en la escuela primaria, de los siete a los doce años. Un inconveniente que le había impedido conocer las obras científicas de los clásicos y medievales y que lamentaría ya tarde. Omo sanza lettere ('hombre sin letras'), es decir, desconocedor del latín, se definía a sí mismo.

Entre los pocos libros de su biblioteca figuraban OvidioEsopo, Livio, Plinio, Diógenes Laercio

Tampoco la Antigüedad clásica como motivo artístico (por ejemplo la mitología) fue de su interés: solo pintó, o dibujó, una Cabeza de Medusa, una Pomona, un Triunfo de Neptuno, un Baco, una Leday nada más que se sepa, obras, algunas de ellas, desaparecidas o destruidas.

Escaso currículum clásico el de Leonardo da Vinci. Está claro que, precisamente él, no lo necesitaba.

31 de marzo de 2014

El arte griego está de moda

LA colección 'Primavera 2014' de los diseñadores de moda Dolce & Gabbana (presentada en septiembre de 2013) se inspira en el arte griego que floreció en Sicilia en la Antigüedad clásica. Y no por casualidad, pues Sicilia, isla de múltiples culturas, es el lugar de nacimiento de Domenico Dolce. Templos, columnas, paisajes arqueológicos greco-sicilianos y monedas aparecen estampados o engastados en túnicas, preciosos vestidos y complementos, en el caso de ellas; en camisas, camisetas y trajes, además de ropa interior, en el caso de ellos.  


     

Vista y valorada en conjunto, la colección femenina es imaginativa, fantástica y de ensueño. En cambio, la colección masculina ofrece algunos looks estrafalarios y epatantes, para quienes carecen del sentido del ridículo a la hora de vestir.

En estas prendas de Dolce & Gabbana, el arte fugaz y perecedero que es la moda se inspira de forma creativa y elevada en el arte griego intemporal. Como se ve, no son simple indumentaria de mercadillo, T-Shirts del barrio de Plaka. Sólo pensarlo puede resultar hiriente, un insulto al buen gusto y al trabajo bien hecho.

18 de febrero de 2014

Condenados en el Hades

EL Museo del Prado reúne en una exposición temporal (Las Furias, de Tiziano a Ribera, 21 enero 2014-4 mayo 2014) veintiocho obras de los siglos XVI-XVII que representan personajes de la mitología griega que fueron condenados a padecer castigos eternos en el Hades por haber cometido crímenes atroces contra los dioses.

En el canto XI de la Odisea (vv. 576 y ss.), Ulises acude al mundo de los muertos, en donde el adivino Tiresias le dará instrucciones precisas sobre el modo de regresar a Ítaca. Allí, en el Tártaro, la región más profunda del Hades —el infierno propiamente dicho—, puede ver a algunos de los condenados más famosos de la mitología: a Ticio, a quien por intentar violar a Leto (madre de Apolo y Ártemis) dos buitres no cesaban de roerle el hígado; al sacrílego Tántalo padeciendo un hambre y sed eternos, pues los frutos de los árboles se retiraban de sus manos cuando quería comer y el agua de su boca cuando quería beber, justo castigo por haber dado a probar a los dioses, por ver si lo adivinaban, a su propio hijo Pélope descuartizado y cocinado [el tantalio es un metal duro invulnerable a los ácidos; y tantalize, en inglés, significa 'atormentar']. Y vio a Sísifo, que empujaba una y otra vez hasta la cima de un monte una roca que invariablemente volvía a rodar hasta abajo; Sísifo había delatado las infidelidades de Zeus y de ese modo pagaba su atrevimiento.

También Ixión fue precipitado al Tártaro tras haber sido atado a una rueda encendida que giraba sin cesar. Su culpa, haber engañado y asesinado a su suegro y haber defraudado el perdón de Zeus intentando seducir a su esposa Hera.

Estos cuatro criminales, que María de Hungría, hermana del emperador Carlos V, mandó pintar a Tiziano, fueron conocidos en la España del siglo XVI como las Furias, si bien las Furias (nombre con que los romanos identificaron a las Erinias griegas) eran en realidad tres personajes femeninos que vengaban los crímenes cometidos en las familias, como los parricidios, y con sus látigos y antorchas en las manos y serpientes en los cabellos personificaban el castigo y la venganza.

Representaba esta serie mitológica una alegoría política: la ambición, la ingratitud y la traición de los príncipes alemanes que se habían alzado contra Carlos V y habían sido derrotados recibiría el mismo escarmiento que los míticos condenados. 

Además de Tiziano, otros muchos pintores del tardo-renacimiento y el barroco se vieron atraídos por la dificultad artística que entrañaba semejante temática. Citemos los nombres de Rubens, Ribera y Miguel Ángel, que también realizó un dibujo sobre Ticio.


9 de enero de 2014

Venus más delgadas

PUEDE resultar una broma de mal gusto que, después de los empachos culinarios de las últimas Navidades y el consiguiente deseo de empezar una dieta a partir de hoy mismo, según reclama el tópico, traigamos a este blog los experimentos informáticos de adelgazamiento a los que han sido sometidas unas cuantas Venus (en total, diez) del arte pictórico del pasado, incluida la Venus de Botticelli.

Recordemos de entrada que la iconografía de la diosa Venus, desde la paleolítica Venus de Willendorf a la extravagante Lady Gaga, es inagotable en artes mayores o menores, cultas o populares.

El caso es que, en lo que se refiere a la pintura y/o fotografía, hoy en día las técnicas del Photoshop perfeccionan los cuerpos y rostros, ya bellos de por sí, de las/los modelos de las revistas, especialmente si van a aparecer en la portada. Y en algunos casos obran milagros, tal como el maquillaje transforma la cara de las personas hasta al punto de convertirlas en otras muy distintas, incluso opuestas a las primitivas. 

Pero, tratándose de los cuerpos, vayamos a lo que nos incumbe.

La artista italiana Anna Utopia Giordano se ha tomado la libertad de adelgazar, via tratamiento informático, a las Venus del pasado pintadas según el canon de belleza de su época. De su mano, en este su Proyecto Venus, desaparecen las «imperfecciones» físicas (no es necesario enumerarlas) de aquellas diosas, en definitiva mujeres, y nos ofrece un muestrario de cuerpos más acorde con la estética de nuestro tiempo.



¿Para qué? «Tenemos un cuerpo y una percepción de él en nuestra mente, y a partir de ahí podemos elegir cómo ser y cómo vivir», explica la artista.

Nuevamente nos preguntamos si esto que vemos es arte o es ultraje. El artista busca coartadas para hacer de su capa un sayo y echa mano del arte clásico, donde las bellezas femeninas, aunque carecían del tipín de las actuales, sin duda también excitaban los ánimos de sus contemporáneos.

12 de diciembre de 2013

La Villa de los Papiros


LA Villa de los Papiros es una extraordinaria exposición que los estudiosos del mundo clásico no deben perderse en la medida de lo posible (Casa del Lector, Madrid, 18 octubre 2013-23 abril 2014).

La exposición muestra cómo escribían y leían los romanos de la Antigüedad tomando como hilo conductor la Villa de los Papiros, sita en Herculano, ciudad que, junto con Pompeya, fue sepultada por la erupción del Vesubio del año 79. Este lujoso complejo suburbano al borde del mar puede verse reconstruido virtualmente en dos espectaculares audio-visuales en las primeras salas de la exposición. 


(En nuestros días, la Getty Villa de Malibù, en California, reproduce fielmente el diseño de la Villa de los Papiros de Herculano).

En esta enorme mansión fueron descubiertos en 1752 unos 1800 rollos de papiro carbonizados, escritos en griego, que formaban la única biblioteca que se conserva de la Antigüedad. Muchos son obras de Filodemo, un filósofo y poeta griego del siglo I seguidor de la ética de Epicuro. Las enseñanzas de Epicuro tenían lugar en el jardín rodeado de columnas de la casa griega, denominado peristilo, y buscaban conseguir la felicidad mediante el cultivo del placer (un placer sin dolor; placer en griego es hedoné, de donde procede el término 'hedonismo'), el rechazo de la política, el no temor a la muerte y, sobre todo, la amistad como placer supremo:
 << La amistad va recorriendo la tierra como un heraldo que nos invita a la felicidad>>,
leemos en una de las paredes de la exposición, bella máxima de Epicuro. 

El probable dueño de la villa, Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, fue suegro de César y cónsul en 58 a. de C. En Herculano recreó a gran escala el jardín epicúreo. Un gran peristilo porticado, una gran piscina rectangular, una colección de estatuas de bronce y mármol en derredor (muestras de ellas en una de las salas) formaban un lugar ideal para los placeres intelectuales, por no hablar de los sensoriales que proporcionaban las vistas al golfo de Nápoles desde otros puntos de la villa.  


El tablinum o despacho de la casa se nos ofrece reconstruido por medio de un cave (Cave Automatic Virtual Environment), método tecnológico que consiste en la proyección sobre las paredes de la habitación de imágenes generadas por computación gráfica con el fin de crear un ambiente tridimensional envolvente y con ello una «experiencia inmersiva» en el espectador.



Más adelante, la oscuridad del pasado deja paso a la claridad que supuso el descubrimiento de Herculano tras las excavaciones borbónicas del siglo XVIII. Desde este momento las salas ofrecen «relecturas dieciochescas» de la Villa de los Papiros: artística, científica (con la máquina de desenrrollar papiros que inventó el escolapio Antonio Piaggio) y editorial o bibliográfica. 

El visitante acaba el recorrido delante del famoso retrato de Terencio Neo y su esposa, cuya ubicación habitual es el Museo Arqueológico de Nápoles. La joven pareja pompeyana nos observa desde el otro lado del tiempo, sin sospechar que dos mil años después de posar ante el pintor serían ellos los observados por ojos tan curiosos como los suyos. Él apoya la barbilla en un libro —un volumen—, ella sostiene unas tablillas y se lleva un punzón a los labios, como pensando lo que va a escribir. Ambos comparten el mundo de la escritura y la lectura, quizá de la literatura. Un broche de oro para una magnífica exposición.



26 de noviembre de 2013

Venus pop

AFRODITA —Venus para los romanos— es la diosa más venerada de la Antigüedad y, por ser tan poderoso lo que representa (el amor, la belleza, la atracción sexual, la fecundidad), lo seguirá siendo de todos los tiempos. No como divinidad en sí, sino como fuerza vital e indudable aspiración de los seres humanos. 

Los griegos tenían dos versiones del nacimiento de Afrodita: la de Homero, que la considera hija de Zeus y la Oceánide Dione, y la más conocida de Hesíodo. Hesíodo la hace brotar ya hermosa de la espuma del mar formada por los genitales cercenados de Urano (aphros en griego significa 'espuma'). Y, en el Himno a Afrodita, el Céfiro la transporta en una concha hasta la isla de Chipre.

A partir de estas dos versiones, Platón (Banquete 180c) distinguía una Afrodita Urania o Celeste y una Afrodita Pandemo o Vulgar. Esto es, dos tipos diferentes de amor: el amor puro y espiritual, selecto y pederástico, y el amor carnal y popular «con que aman los hombres viles», que aman «más los cuerpos que las almas» y prefieren «individuos cuanto más necios mejor..., lo que el azar les depare».

En la Italia renacentista, Botticelli pintó El nacimiento de Venus (Uffizi, Florencia) poniendo en el centro del cuadro a una bella joven estilizada y pudorosa. Es una Venus celestial, neoplatónica, cuya imagen, sin embargo, ha sido fagocitada hoy en día por la cultura de masas para convertirla paradójicamente en una Venus popular, un icono del que los creativos artísticos acaban echando mano para elevar a la cima del sex-appeal a las "reinas" de la música pop.  












El último ejemplo de esto que decimos es el de Lady Gaga, que ha afirmado haberse inspirado en la Venus de Milo de Botticelli para su álbum Artpop (2013); erróneamente, porque si algún modelo tuvo presente el artista italiano para su lienzo no fue el de la Venus de Milo, sino el de la Venus de Médici. 

Unos años antes, las carátulas de los discos de las cantantes pop Christina Aguilera y Kylie Minogue se inspiraban también en la Venus de Botticelli. Christina Aguilera, en Lotus (2012), emerge con un fulgor incandescente de una flor de loto que hace las veces de concha venérea. Y Kylie Minogue se exhibe en Aphrodite (2010) —título bien explícito— sobre intensos tonos azules y blancos, que son los colores más representativos de las islas griegas del mar Egeo en las que antaño fue venerada y tuvo templos Afrodita. 

Quede para otra ocasión echar un vistazo a la influencia de esta Venus popular en el cine.