21 de julio de 2026

Mitos clásicos en la poesía de Antonio Machado

COMO se vio anteriormente, Antonio Machado estudió en algunas asignaturas de Filosofía y Letras a los clásicos grecolatinos y tenía conocimiento de filosofía y poesía antiguas. Aquí escogemos tres momentos de su poesía en que recurrió a mitos o personajes de la mitología clásica. Sobra decir que ésta tiene un valor anecdótico en su obra. Mucho más importante, en cambio, es su concepción poética y filosófica: «La poesía es la palabra esencial en el tiempo», de raíz heraclitiana, como en «La fuente de piedra / vertía su eterno / cristal de leyenda» (Poesías completas, VIII). El panta rhei de Heráclito figura explícitamente en uno de los poemas al lado de su contrario nada corre (CLXXIII, -III-).    

1. «¡Ah, cuando yo era niño...»    Proverbios y cantares, XVIII (Poesías completas, CXXXVI)

                ¡Ah, cuando yo era niño
                soñaba con los héroes de la Ilíada!
                Áyax era más fuerte que Diomedes,
                Héctor, más fuerte que Áyax,
                y Aquiles el más fuerte; porque era
                el más fuerte... ¡Inocencias de la infancia!  
                ¡Ah, cuando yo era niño  
                soñaba con los héroes de la Ilíada!
 

Es un breve poema nostálgico de la infancia que evoca a los héroes de la Ilíada mediante una gradación de menos a más fuerte según la consabida tradición: Diomedes, Áyax, Héctor y el más fuerte de todos ellos, Aquiles. Recordarlos, decir sus nombres, jerarquizarlos por su fuerza sin saber por qué, era el pensamiento inocente de aquel niño que soñaba con los héroes de la Ilíada

After killing Hector in hand-to-hand combat as revenge for the death of his friend Patroclus, Achilles drags Hector's body behind his chariot in... 

2. «A la muerte de Rubén Darío»                    Elogios (Poesías completas, CXLVIII)

En algunos poemas de Machado aparecen personajes de la mitología clásica con los que el poeta relaciona a ilustres intelectuales y escritores de su tiempo, con intención meliorativa por sí misma. El contexto es el encomio y en él cuadra la alusión mitológica como timbre de prestigio. Azorín aparece vinculado con Ulises («de la mar de Ulises / viniste»); Narciso Alonso Cortés con Teseo («el poeta... quiere obrar la hazaña a que no osó Teseo»); un Valle-Inclán de «plúrima barba» con Caronte («tú, Caronte / de ojos de llama, el fúnebre barquero / de las revueltas aguas de Aqueronte»); Rubén Darío con Apolo y Pan, como vamos a ver.

En «A la muerte de Rubén Darío» Machado pregunta retóricamente al admirado poeta que acaba de desaparecer:

           ¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno           (5)
           y con las nuevas rosas triunfante volverás?

Y concluye con el epitafio del padre del Modernismo:                 

           Pongamos, españoles, en un severo mármol,        
           su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
           nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,          
(15)
           nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.

La lira es el instrumento característico de Apolo, el dios griego de la poesía y la música al que nadie podía superar, y la flauta el de Pan, divinidad pastoril. Solo estos dos dioses clásicos de la música están por encima de la poesía de Rubén Darío. Si están en este elogio fúnebre es porque eran patrimonio poético de Darío más que de Machado. Pan, Apolo, Términos barbudos y joviales y muchas otras figuras de la mitología clásica pueblan los poemas de las Prosas profanas (Buenos Aires, 1896) del poeta nicaragüense. En «Palabras de la satiresa», precisamente, están los versos de Darío que Machado recoge para su homenaje: «Y amando a Pan y Apolo en la lira y la flauta, / ser en la flauta Pan, como Apolo en la lira».

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De aquí provienen los ecos mitológicos machadianos, y del poema fúnebre por Verlaine titulado «Responso», de las mismas Prosas profanas, que comienza así:

            Padre y maestro mágico, liróforo celeste
            Que al instrumento olímpico y a la siringa agreste
                    Diste tu acento encantador;
            Panida! Pan tú mismo, que coros condujiste
            Hacia el propileo sacro que amaba tu alma triste,      
(5)
                    Al son del sistro y del tambor! 

            Que tu sepulcro cubra de flores Primavera,
            Que se humedezca el áspero hocico de la fiera,
                    De amor si pasa por allí;
            Que el fúnebre recinto visite Pan bicorne;                
(10)
            Que de sangrientas rosas el fresco Abril te adorne
                    Y de claveles de rubí.

Tras la primera estrofa de invocación al «maestro mágico» como descendiente de Pan («Panida»), como Pan mismo incluso, sigue el resto del poema en una sucesión de subjuntivos optativos, que son los que adoptará Machado al final de su epicedio («nadie esta lira pulse», «nadie esta flauta suene»).

El poema de Machado refleja además ecos léxicos de Rubén:    

'nuevas rosas' ← 'sangrientas rosas' (v. 11)
'severo mármol' 'tumba' (13), 'sepulcro' (7, 20)
'ruiseñor de los mares' Filomena (el ruiseñor mitológico) (16)
'armonía del mundo'  'harmonía sideral' (36)

Darío escribió en la muerte de Verlaine y Machado en la de Darío. Darío llamó a Verlaine «liróforo celeste» y Machado a Darío «jardinero de Hesperia». Los dos poemas están enlazados por estilo y espíritu y tienen como punto de partida a Verlaine (Simbolismo Modernismo Intimismo romántico).                           

3. «Olivo del camino»    Nuevas canciones (Poesías completas, CLIII)

Solo en este poema, que sepamos, Machado utilizó un mito griego extensamente. Se trata del protagonizado por Deméter (Ceres para los latinos), diosa de la agricultura, que se detuvo en Eleusis en su búsqueda por el mundo de su hija Perséfone (Prosérpina), raptada por el dios Hades.  

La fuente clásica en que principalmente se desarrolla este mito es el Himno homérico a Deméter. Deméter, en efecto, recorría el mundo buscando a su hija. Adoptó la figura de una anciana y se trasladó a Eleusis, cerca de Atenas. «Afligida en su corazón, sentóse cerca del camino, en el pozo Partenio, adonde iban por agua los ciudadanos, a la sombra, pues en su parte alta había brotado un frondoso olivo» (vv. 98-100). Se dirigió al palacio de Céleo, rey del país, y entró al servicio de Metanira, esposa de Céleo, en calidad de nodriza. El niño que le confiaron era Demofonte. La diosa trataba de hacerlo inmortal poniéndolo al fuego durante las noches, para despojarlo de sus elementos mortales, y aplicándole luego ambrosía ('inmortalidad'). Con esta ayuda divina el niño crecía de manera prodigiosa, hasta que Metanira sorprendió a Deméter y, dando gritos, interrumpió ese acto mágico. Deméter dejó el niño, que quedó entonces como simple mortal, pero con la gloria al menos de haber sido cuidado por una diosa.

El largo poema, de 125 versos, inspirado en el citado himno que Machado leyó en traducción francesa de Leconte de Lisle (así se deduce de las transcripciones de los nombres propios griegos, 'Keleos' aquí, 'Dionysos' en el citado poema a Rubén Darío), consta de siete partes que resumimos en forma de paráfrasis:

(I) Un viejo olivo solitario de ramas descuidadas junto a una fuente en los campos de Córdoba es, a ojos del poeta, semejante a las encinas de Castilla. 

(II) Este olivo quiere ser contemplado con el mismo sentimiento que antaño albergó el poeta hacia las encinas castellanas (paralelismos: olivo/encina, Andalucía/Castilla). A la diosa de ojos glaucos, Atenea, pide protegerlo.

(III) Expresa tres deseos en relación con el olivo: que acoja al suplicante, que sirva de reposo a la diosa Deméter en su paso por Eleusis y que vuelva a florecer el rito del peregrinaje de la diosa (¿simbolismo?). Bajo las ramas de este olivo hospitalario el poeta en su meditación quiere recordar a Homero.

➤ (IV) Llega Deméter disfrazada de humilde criada al palacio del rey Keleos, y la esposa de este la toma como nodriza de su débil hijo Demofón. El niño crece vigorosamente en manos de la diosa. 

(V) Una noche la madre, que espía a la nodriza, descubre que lo tiene envuelto en llamas y, aterrada, pone el grito en el cielo. 

(VI) Deméter se dirige a la escandalizada madre y al niño diciéndoles: a ella, que el fuego utilizado es el divino de una diosa; al niño, que no olvide fue una diosa quien lo crió más sano y fuerte y con el deseo de que fuera eternamente joven.

(VII) Describe todo lo que en el campo favorece Deméter: el trigo, la siega con los bueyes, los huertos, los árboles frutales, las vides, las aceitunas que maduran. Concluye —en esta misma parte VII y no en una VIII—: Las aceitunas del apartado olivo del camino junto a la fuente (I) no serán cosechadas debido a que serán alimento de zorzales y estorninos. Como en (III), expresa tres deseos: que en las ramas de ese olivo anide el búho de la sabia Atenea; que la sed de una madre angustiada (Deméter) le haga detenerse allí; que con sus ramas pueda el poeta hacerse un fuego en un hogar en el campo junto a un río ✝ mejor que en un pueblo junto al mar (¿simbolismo?).

a single olive tree - olivo fotografías e imágenes de stock

Los críticos han considerado fallido este «Olivo del camino» que encabeza el libro Nuevas canciones (1924). «...Un poema del olivar cordobés, todo mezclado de pagana y exótica mitología (Atenea, Keleos, Demofón, Deméter). Al que viene de la emoción desnuda y traspasada de Campos de Castilla, este poema le produce —salvo destellos aquí y allá— una penosa sensación de acartonamiento», «el campo andaluz en una rígida cartonería mitológica» (D. Alonso). «Poema pesado, arqueológico [...], resulta malo, algo incoherente. Algunos versos al principio, y luego al final, sobre el olivo o las tierras rebosantes de frutos [...] ponen ciertas notas de color, mas en total es un peso muerto en la obra de Machado» (A. Sánchez Barbudo).

Una primera versión del poema —un «ante-texto»— publicada en la revista Índice de 1922 no desarrollaba la historia mitológica de Deméter en Eleusis (IV-V-VI) ni se extendía con los beneficios campestres que produce la diosa de la agricultura (VII). Era así un poema más breve, con «significado personal» y «cierto paralelismo formal con "A un olmo seco"» (J. M. Valverde). La vida del poeta quedaría simbolizada por los dos árboles: antaño, por un olmo seco con un brote de esperanza; hoy, por un olivo solitario, abandonado y apartado del resto. 

Machado había mencionado el mito de Deméter y Demofón tres años antes en el prólogo a la segunda edición de Soledades, galerías y otros poemas, de 1919 (la primera edición era de 1907). En ese texto compara los dos momentos culturales en que se publicaron ambas ediciones: el primero, «sofístico», dotado de «imaginería de cartón piedra»; el más reciente, preferido por él por traer «una nueva oleada de vida». Y concluye aludiendo al mito de Deméter con la mente puesta en la renovación política y social de España: «Sólo lo eterno, lo que nunca dejó de ser, será otra vez revelado, y la fuente homérica volverá a fluir. Deméter, de la hoz de oro, tomará en sus brazos —como el día antiguo al hijo de Keleo— al vástago tardío de la agotada burguesía y, tras criarle a sus pechos, le envolverá otra vez en la llama divina». 

Con esta declaración y la concomitancia con otros sintagmas («divina lumbre») se ha intentado reinterpretar la parte mitológica (simbólica) del poema «Olivo del camino» en clave socio-política (E. Perulero Pardo-Balmonte), conforme a las siguientes correspondencias:

Demofón juventud española
Metanira («tal es, raza mortal, tu cobardía», v. 71) → burguesía
Deméterrenovación. 

Nosotros, en cambio, solo vemos dos:

Demofón burguesía débil
Deméter nueva juventud española (renovación),

pues en la frase «el vástago tardío de la agotada burguesía» la preposición 'de' no nos parece con valor posesivo (el vástago tardío de Metanira), sino explicativo o epexegético (el vástago tardío que es la agotada burguesía). Si es así, la burguesía agotada es Demofón, el hijo débil y tardío de Céleo, que recuperará su vigor cuando Deméter (la «nueva oleada de vida») se haga cargo de ella con su fuego taumatúrgico.

24 de junio de 2026

Formación académica y carrera docente de Antonio Machado

Machado

LA formación académica y carrera docente de Antonio Machado (1875-1939), aunque conocida, puede resumirse como sigue (*).

De niño, estudió en Madrid en la prestigiosa Institución Libre de Enseñanza que dirigía Francisco Giner de los Ríos, sin libros de texto ni exámenes y al margen del currículum oficial (1883-1889). Tras aprobar el ingreso en el Bachillerato, en el Instituto San Isidro suspendió Latín y Castellano, asignaturas que, el curso siguiente en el Cisneros, tampoco aprobó, ni siquiera en septiembre. Machado solo completaría el Bachillerato en 1900, ocupado como estaba en viajes a París. Ingresar a través de examen en la Universidad de Madrid no supuso completar, ni siquiera proseguir, estudios universitarios.

Por sugerencia de Giner de los Ríos, opositó a una cátedra de Francés en 1906 con el bachillerato como único requisito académico en esa época para poder presentarse a una plaza de Instituto de Segunda Enseñanza. Desde ese momento fue presa de la burocracia que supone la «carrera docente», en aspectos como oposiciones y traslados. Hubo de superar cuatro pruebas ante un tribunal de siete miembros, entre los que estaba el lingüista Julio Cejador y Fragua.

Su primer «destino» fue el Instituto de Soria (1907-1912). En esta ciudad castellana comenzó su andadura por provincias con la intención de llegar algún día a Madrid, donde ya había estudiado y cuya vida política y cultural ansiaba. Fue vicedirector del Instituto. La Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le concedió, a solicitud, una «beca» de estudios filológicos en París, donde asistió a conferencias de Bergson y a un curso de Meillet de Gramática Comparada. De vuelta en Soria, la muerte de Leonor le empujó a abandonar este su primer lugar de trabajo y buscar otro destino.  

Por mediación de su hermano Manuel, solicitó ayuda —llamémosle «administrativa»— a Giner de los Ríos, con respuesta negativa. Surgió plaza en Baeza, adonde se trasladó, lejos del dolor de Soria (1912-1919). En Baeza, nunca llegó a estar a gusto por falta de vida cultural. Para poder estar en Madrid o bien acercarse, pidiéndole interviniera, escribió a José Martínez Ruiz, «Azorín», a la sazón subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, sin que este pudiera hacer nada para saltarse las normas.

Machado sintió entonces que debía «hacer méritos», esto es, conseguir una licenciatura, y así, a los 40 años, se matriculó por libre en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid. Entre las asignaturas a las que se presentó para obtener el título estaban el Latín y el Griego. Una carta a Julio Cejador, antes del examen de Lengua Latina, revela la formación autodidacta y perseverancia de Machado en el estudio y práctica de la traducción de algunos autores clásicos:

Deseando allegar medios oficiales para mejorar de fortuna, emprendí los estudios de Filosofía, y llevo, con la de V., cinco asignaturas, entre ellas el Griego. Reducido a mis propios recursos, con la mezquina base del Latín aprendido hace treinta años, gracias a su buen método he traducido la Epístola de Horacio y cuanto tiene V. en su texto, y algo, también, de Salustio y de Cicerón, abarcando cuanto más he podido, y, seguramente, apretando poco. Pero ¿para qué decirle lo que ha de ver? Sólo pretendo declararle mi buen deseo, para recomendarme a su benevolencia y para que no vea en mí al fresco capaz de sonrojar a los amigos, ni tampoco al petulante poeta modernista, pues después de traducir, aunque a trancas y barrancas, versos de Virgilio, el «cur ego salutor poeta» del maestro Horacio es cosa que me digo a mí mismo. Vea V. en mí un caso de anacronismo escolar y a un viejo y desmemoriado estudiante que de todas sus bondades necesita (p. 364↓).

Terminada la carrera, el poeta y profesor se doctoró en Filosofía —sin trabajo de investigación, solo con la defensa de conocimientos de Metafísica— ante un tribunal presidido por su admirado Ortega y Gasset. Después consiguió el traslado a Segovia, al Instituto General y Técnico, destino interesante por su cercanía a Madrid, a tres horas de distancia en tren. En Segovia, colaboró de forma altruista en la recién creada Universidad Popular Segoviana, que ofrecía clases nocturnas y gratuitas. En el Instituto le acumularon la cátedra de Literatura Castellana. Un horario concentrado entre lunes y miércoles posibilitaba que los jueves el poeta amaneciera en la capital.

El 24 de marzo de 1927 Machado fue elegido miembro de la Real Academia Española. Motivo de disgusto para él fue tener que formar parte de un tribunal de oposiciones en el verano de 1930, cuando el tiempo lo tenía ocupado en escribir el discurso de ingreso en la Academia (que nunca llegaría a leer) y la reseña literaria y promoción de un libro de poemas de su «musa y diosa» Pilar de Valderrama

La llegada de la República (14 de abril de 1931) trajo consigo la creación de numerosas escuelas, institutos de segunda enseñanza y las llamadas Misiones Pedagógicas, que aspiraban a llevar la cultura a pueblos olvidados de España. Machado, autor de teatro exitoso en esa época con obras escritas en verso con su hermano Manuel y adepto a las ideas republicanas desde siempre, asumió un puesto directivo en este organismo y en marzo de 1932 se le autorizó oficialmente a residir en Madrid para organizar el Teatro popular. 

Fueron creados, como se ha dicho, en Madrid y otras provincias institutos cuyas plazas se ocuparían interinamente por un año (que es probable llegaran a tres), con lo que, después de trece años en Segovia, Machado accedió al Instituto Calderón de la Barca en Madrid. Aquí tuvo entre sus colegas docentes a Rafael Lapesa, futuro académico. El 1º de abril de 1936 tomó posesión de la cátedra de Lengua y Literatura Francesas en el Instituto Nacional Cervantes de Segunda Enseñanza. 

A comienzos de la guerra civil, intelectuales y científicos prestigiosos, entre ellos Antonio Machado, fueron evacuados de la capital de España con destino Valencia (noviembre de 1936). Una póstuma humillacion burocrática le fue infligida por el Ministerio de Educacion Nacional del nuevo régimen cuando, dos años después de haber fallecido en Colliure en 1939, decidió «la separación definitiva del servicio de D. Antonio Machado con la pérdida de todos sus derechos pasivos».   

Machado se ganó la vida honradamente como profesor no vocacional, como escribió en su 'Retrato', poema introductorio de Campos de Castilla (1912):          

            A mi trabajo acudo, con mi dinero pago                 
            el traje que me cubre y la mansión que habito,                 
            el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.    
 
____________________
 (*) Ian Gibson, Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado, Barcelona 2021, 2ª ed.

7 de junio de 2026

La cultura clásica de Sheldon Cooper

SHELDON Cooper (interpretado por Jim Parsons, doblado al español por Fernando Cabrera) es el egomaníaco, ególatra y egocéntrico protagonista de la exitosa sit-com norteamericana The Big Bang Theory (2007-2019). No sólo tiene sobrados conocimientos de física teórica, sino en realidad de cualquier cosa, y por tanto también de latín y de cultura clásica. Sus extraordinarios guionistas le han dotado de este barniz clásico con el que ocasionalmente se adorna y nos ilustra a lo largo de los 279 episodios de la serie.
 
Por supuesto Sheldon, que aprendió latín en Primaria T3 E2, utiliza latinismos del mundo académico (tiene varias carreras en su haber y dos doctorados), como summa cum laude T3 E18, cuyo significado explica a sus compañeros («con los más altos honores», les aclara) porque, como siempre, presupone su ignorancia. A su amigo Howard, denigrado otras veces por no tener un doctorado, le dice en los pasillos del Instituto adonde le acompaña para fomentar el estudio de la ciencia entre las alumnas, «te sentirás bien al volver a tu alma mater como astronauta» T6 E18. (Pero alma mater —imperdonable despiste— no se dice del Instituto donde se ha estudiado, sino de la Universidad...). 
 
Otros latinismos que trae a cuento el doctor Cooper pertenecen al campo de la lógica. Post hoc ergo propter hoc T3 E1 —aquí, como suele, no traduce ('después de esto, por lo tanto a consecuencia de esto')— le sirve para afirmar que, si ha llegado sano y salvo a casa desde el círculo polar Ártico, no ha sido por las oraciones de su madre precisamente. Al sarcástico argumento de Leonard para que Penny pueda pasar un tiempo en el apartamento de los chicos («no vas a practicar el canibalismo con nosotros, ¿verdad?»), Sheldon le replica que lo que ha dicho es una reductio ad absurdum (así en la versión original, T1 E7).
 
Cuando Sheldon acude a un juzgado debido a una multa, le dice al juez que él está allí pro se, es decir, 'en representación de sí mismo', traduciendo, pues piensa que un juez que no ha pasado de sancionar multas es probable que mucho Derecho no sepa. Luego, se hace el experto con fórmulas legales en latín: quod est necessarium est licitum, alega en su defensa T3 E16.  
 
El caso más extremo de uso del latín por Sheldon es cuando traduce una máxima que suele oirse en películas y series americanas. Algo así como: «Mi casa, mis normas», que él aplica a su silla (otras veces, a su sitio en el sofá del apartamento que comparte), y exclama —mal pronunciado en el doblaje español— cathedra mea, régulae méae 'mi silla, mis reglas', para consagrar, por medio de la lengua histórica del Derecho, un principio legal de convivencia doméstica T3 E22
 
Cathedra mea, regulae meae (T3 E22). CBS

Es frecuente en películas y series acudir a la etimología de la palabra para explicar su significado. 'Pontificar', informa Sheldon, procede del latín pontifex 'constructor de puentes... y de papas' T8 E16. Signo distintivo de alta cultura es conocer la denominación científica en latín de animales y plantas. Un grillo es motivo de disputa y apuesta entre Howard y Sheldon. Howard, experto en insectos porque en su infancia los coleccionaba y etiquetaba el género y la especie... ¡en latín!, asegura que aquel es un gryllus assimilis 'grillo de campo'; Sheldon, en cambio, que acepta la apuesta y pierde, porfía por que se trata de un oecanthus fultoni 'grillo del árbol de la nieve'. «¡Chúpate esa!», se burla Howard de Sheldon cuando un experto y frustrado catedrático de entomología dictamina en su favor. «Nihil exsorbebo», replica en latín Sheldon; esto es, «No me chuparé nada» T3 E2. 
 
Expresiones latinas cotidianas al alcance de cualquier hijo de vecino medianamente culto, ¿no iban a salir de la boca de un físico teórico especializado en la teoría de cuerdas y futuro premio Nobel? He aquí algunas:
- Se disculpa diciendo mea culpa T3 E11. 
- Le confiesa a Penny que su vida es un continuum T3 E20.
- Bromea diciendo que dejar de pronunciar la palabra 'coito' técnicamente sería un coitus interruptus T1 E1
- Concluye argumentos con el ergo de los silogismos («Nos han denegado el acceso al edificio, ergo se acabó» T1 E1. «Me gustaba Plutón, ergo usted no me gusta» T4 E7. 
- Define el cielo como «esa alucinación neurológica post mortem» T9 E4. 
- Le pregunta a Amy enferma si cree en el efecto placebo T6 E10 (placebo, futuro imperfecto del verbo placeo).
 
«¿Crees en el efecto placebo?» (T6 E10). CBS

En resumen, los latinismos que utiliza Sheldon pertenecen a campos muy variados del saber: universidad, lógica, derecho, etimología, ciencia, lengua cotidiana. 
 
En cuanto a las Humanidades, Sheldon siente absoluto desprecio por ellas. El rector Siebert ha organizado una fiesta con el fin de captar donaciones para la Universidad. Sheldon se niega a acudir, pero Amy le previene de que los fondos pueden ir a parar al departamento de Geología o, algo peor, a Artes Liberales (poesía, teoría de la literatura, estudios culturales). «¡Humanidades!», desprecia el doctor Cooper, motivo más que suficiente para presentarse en la fiesta a pedir el dinero sin rodeos T4 E15. Cuando nota a su compañero Leonard pensativo por cualquier razón, interpreta que está acabado profesionalmente y le aconseja que se dedique a la enseñanza, o a las Humanidades, especialmente a la Historia, que según él solo consiste en recordar y repetir T5 E10. 
 
Pero una cosa es la profesión y otra la devoción. Y la ciencia también tiene su historia y sus personajes y su enseñanza, y Sheldon se presta, aunque como experimento, a enseñar a Penny historia de la Física y empieza muy bien con el significado del término y sus comienzos en la antigua Grecia T3 E10. Por otra parte, le gustaría conocer a Euclides, inventor de la prueba geométrica, aunque quizá no, porque llevaría sandalias T8 E16. Arquímedes descubrió el principio que lleva su nombre cuando se metió en una bañera para darse un baño T4 E17.   
 
Physika (T3 E10). CBS

No olvidemos que, desconfiando de la despedida de soltera de Amy, Sheldon ha leído Las bacantes de Eurípides y sabe cómo se comportan las mujeres en ausencia de los hombres T11 E20. Y sabe que Howard tiene un complejo de Edipo sin resolver T4 E7. 
 
La mitología forma parte de la cultura clásica de Sheldon. El profesor Protón le pide que le sustituya en una fiesta de niños y él responde que eso es como si le invitaran al monte Olimpo a cenar con los dioses y podría ser un profesor Protón junior T6 E22. A Penny y Leonard les compara con Menelao y Helena, personajes que Penny desconoce: Menelao, colado por Helena de Troya, era el hermano de Agamenón T1 E17. Para poder conocer a Stephen Hawking a través de Howard, este le exige a Sheldon una serie de «trabajos», como los doce que le fueron impuestos a Hércules, que Sheldon no vacila en aceptar pese a la humillación que comportan: limpiar hebillas de cinturón, disfrazarse de doncella francesa, hacer la colada y acompañar de compras a la madre de Howard T5 E21. 
 
El nivel de conocimiento mitológico se eleva un peldaño cuando Penny sale de la ducha y Sheldon, turbado, le habla de la «prohibición de mirar» en la mitología heroica y enumera varios ejemplos: Lot y su esposa, Perseo y Medusa, Orfeo y Eurídice T3 E8. En los tres casos, los personajes masculinos son castigados por mirar atrás o directamente. (Aunque el héroe siempre tiene un ojo abierto, dirá más tarde el físico). 
 
El mundo romano apenas cuenta para Sheldon (excepto el latín). La razón puede ser que poco o nada ha aportado Roma a la ciencia. Ellos los científicos no celebran el antiguo ritual pagano de Saturnalia, dice Sheldon el día de Navidad. Penny: «¿Saturnalia?». La respuesta a su amiga es el enésimo alarde de erudición de Sheldon, hasta llegar al árbol de Navidad. Poco después, acepta el regalo de Penny diciendo sobre él «la suerte está echada, Aníbal ha cruzado los Alpes». Al final, un abrazo y el milagro de Saturnalia T2 E11.