26 de febrero de 2026

'El regreso de Ulises' | El héroe traumatizado

EL regreso de Ulises (The Return, 2025; dir. Uberto Pasolini) se centra en el doble tema fundamental de la Odisea de Homero: el regreso a su patria y la venganza de uno de los héroes más famosos que participaron en la Guerra de Troya, Odiseo, más conocido por su nombre latino, Ulises. No se plantea las emblemáticas aventuras y penalidades que debió superar hasta conseguir llegar a Ítaca. Prescinde asimismo de los dioses: de Atenea, que le instruiría, a él y a su hijo Telémaco, en la manera de recuperar, tras una ausencia de veinte años, su reino usurpado por un grupo de nobles que aspiran a casarse con Penélope al mismo tiempo que dilapidan su hacienda. 
 
Estas dos premisas de ausencia de dioses y elementos fantásticos, establecidas por el director de la película, hace que en las primeras escenas veamos a un Ulises desnudo y magullado en las costas de Ítaca (como debió de aparecer en el país de los feacios, tras ser zarandeado por Posidón, cuando lo descubrió en la playa la princesa Nausícaa) y no envuelto en la niebla por obra de su protectora Atenea. Con Ulises como náufrago maltrecho, soldado que luchó en Troya y extranjero, ya no es necesario que la diosa le disfrace de mendigo con un toque de varita mágica, para, presentándose de esta forma, dar cumplimiento a la venganza sobre los pretendientes. 
 
'The Return'
 
A partir de aquí, todo lo importante de la parte final de la Odisea (los cantos XIII a XXIV, nada menos que la mitad del poema, no se olvide) está presente con gratificante fidelidad. Los pretendientes, el porquero Eumeo, el perro Argos, la nodriza Euriclea, la cicatriz, Penélope y la tela, la prueba del arco, el lecho de olivo, los reconocimientos, la matanza, Telémaco, el paisaje (que no se ha hallado en la propia Ítaca, sino en Corfú, el Peloponeso y Cilene), el palacio situado en una acrópolis, sus pasillos y paredes desnudas, las cabañas del pueblo. Laertes se aleja de la narración de Homero.
 
Otra declaración del director revela la novedad de su propuesta: «Lo que nos interesó más en la película fue buscar al hombre que sufría por la culpa de lo que había hecho en la guerra, por haber dejado atrás a sus compañeros y por haber estado ausente tanto tiempo» (El Español). Con esto ya nos da la clave, aunque por suerte no sea tan evidente: este Ulises (sensacional Ralph Fiennes) está despojado de su primigenia personalidad de trickster y de sus cualidades oratorias para mostrarse introspectivo, retraído y parco en palabras, afectado como está por un sentimiento de culpabilidad. Ulises fue a Troya como héroe y regresó de aquella guerra como hombre y, por tanto, traumatizado. Más desnaturalizado nos parece Telémaco (cabreado y faltón). 

De esta versión de la Odisea nos quedamos con lo que tiene de fidelidad a Homero y aceptamos la humanización del héroe.

 
 
El regreso de Ulises (2025)  

9 de febrero de 2026

Una breve historia del Foro romano

UN precioso libro de 2025 —El Foro romano. La invención de un espacio arruinado, de Igor Santos Salazar— traza la historia del Foro romano mediante un recorrido histórico y arqueológico en seis capítulos, desde la invasión de los vándalos en el siglo V hasta la construcción de la via dell'Impero, hoy via dei Fori Imperiali, en los tiempos de Mussolini. Es un libro impregnado de empatía hacia lo que ve y narra: las impresiones personales del autor emergen de vez en cuando, como cuando en su deambular por el Foro se detiene allí donde los demás pasan de largo —los rostra vandalica (pp. 27-28)— o cuando se asoma a la terraza del Palatino para observar desde allí arriba las ruinas del Foro (p. 206). Un libro, como decimos, que auna historia y arqueología y precioso por la cantidad de selectas imágenes de todo tipo que contiene (mapas, grabados, cuadros, fotos); por ello, merecedor de una edición en gran formato (*), digna de figurar en los estantes de book-shops como el instalado en la misma via dei Fori Imperiali. 

Puede ser una imagen de el Panteón y el Partenón
 
La destrucción a manos de los bárbaros del Forum Romanum vel Magnum, en la Regio VIII instituida por Augusto, ha sido exagerada por la Historia, señala el autor del libro; a ello ha contribuido la dramática imaginería de los bárbaros saqueando Roma. En el siglo VI, el Foro aún no era una zona arruinada. 
 
Llegado el siglo VIII, crece el número de iglesias adheridas al antiguo espacio civil (a las que se presta gran atención: S. Lorenzo in Miranda, SS. Cosme y Damián, S. María Antigua), erigidas al fragor de las peregrinaciones. El expolio ahora, la reutilización, el traslado de materiales originales a otras iglesias de Roma, la intervención de los papas transformando templos paganos en edificios cristianos (consultada en el Liber pontificalis), en su afán de «hacerse un hueco en el Foro» (p. 39), darán paso, a finales de la Edad Media, a la estimación per se del paisaje ruinoso superviviente en las (dos) elegías de Hildeberto de Lavardin (s. XII), que testimonian una nueva valoración de la Roma antigua (p. 62): Par tibi, Roma, nihil, cum sis prope tota ruina; / quam magni fueris integra fracta doces. «Nada hay comparable a ti, oh Roma, aunque estés casi toda en ruinas; / qué grande fuiste entera lo enseñas destruida», comienza el primero de estos poemas.  
 
Es el momento de los Mirabilia urbis Romae, guías destinadas a los peregrinos, que informan a los romeros de «lo que hay que ver» en la capital de la Cristiandad. De ellas se nutren los humanistas anticuarios del Renacimiento (F. Biondo, Poggio Bracciolini, P. Leto, A. Fulvio), con cuyas obras quisieron resucitar la grandeza de la antigua Roma.
 
Más adelante, los restos del Foro adquirieron una nueva fisonomía al convertirse Ver imagen originalen un lugar cotidiano de pastores y tenderos: el llamado Campo Vaccino ('campo de vacas'). Gran número de artistas reflejaron en sus grabados o pinturas este nuevo escenario rural de paisanos y rebaños haciendo su vida entre las ruinas clásicas (É. Dupérac; G. B. Piranesi, a quien se dedican ocho páginas). Los vedutistas (dibujantes de vedute 'vistas') hicieron del Foro un lugar de contemplación único en el mundo (Canaletto, G. Panini, entre otros). En el capítulo del Grand Tour, el libro no se detiene mucho en los visitantes extranjeros, episodio muy conocido por la mayoría de los lectores de libros de viajes, para recordar a españoles que visitaron el Foro, como el jesuita Juan Andrés o el dramaturgo Fernández de Moratín. Cien años después, la impresión que se llevaron de este espacio romano Blasco Ibáñez y Pardo Bazán fue de decepción.
 
Roma cambió de aspecto en el siglo XIX. Se acometieron reformas urbanísticas que conllevaron la construcción de monumentos tan desgraciados como el dedicado a Vittorio Emmanuele II, «terrible edificio» (p. 202), y la destrucción de aquellos otros considerados poco antiguos: G. Boni, a la par que preconizaba una arqueología científica —fue el descubridor del Lapis Niger—, hacía demoler la iglesia Santa María Liberadora (barroca) para hacer visible Santa María Antigua (medieval). 
 
Cierran el libro un epílogo melancólico y una breve bibliografía comentada.
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(*) Si tal sucediera, habría que corregir la errata más visible, 'bis estética' por 'vis estética' (o aesthetica), p. 216. Y, ya puestos, sería bueno incluir un índice de nombres y edificios.

31 de diciembre de 2025

'Gens una sumus (Jeans una sumus)'

EL mundo del ajedrez sigue revuelto. Ahora igual que en los tiempos del duelo Fischer-Spassky de 1972, cuando cada partida era una batalla incruenta entre la URSS y los EE UU.

Rusia ordena arrestar a Kaspárov. Kaspárov rechaza legitimar a un campeón del mundo (Gukesh) que no es el número uno del mundo. Carlsen (el número uno del mundo) acusa a Niemann de hacer trampas sobre el tablero. Niemann cuando gana solo comenta «el ajedrez habla por sí mismo». Nepómniashchi colapsa al ser vencido por Ding Liren en el campeonato del mundo; Nepo, un día comparte trofeo con Carlsen, otro se burla de Giri. Giri ofrece tablas a Carlsen en la cuarta jugada. Rapport se enfada si comparan su físico con el de Kurt Cobain. Nakamura deja de ganar dinero lejos de su pantalla de youtuber. Ding Liren está en crisis de juego tras perder su título contra Gukesh. Krámnik acosa a presuntos tramposos on-line y se dedica a mostrar estadísticas. Naroditsky es hallado muerto en su casa. Solo el primer aserto de este párrafo es reciente, no así el lema en latín de la FIDE, Gens una sumus, que desde su primer presidente, Alexander Rueb, bajo el icono del globo terráqueo y la figura de un caballo, une a todos estos nombres ilustres del ajedrez de distintas nacionalidades (rusa, india, noruega, estadounidense, neerlandesa, húngara, china...) en una sola nación: la nación del ajedrez. 

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Desde hace décadas, el mundillo del ajedrez poco se parece a aquel, podríamos llamarlo romántico, de Bobby Fischer y «el mago de Riga», Mijaíl Tal, quien entre las volutas del humo del tabaco maquinaba el sacrificio de piezas en aras de la belleza del juego. Pues sin duda en el ajedrez hay belleza, no solo en las propias piezas, sino también en las bellas combinaciones, los sacrificios y las redes de mate. 

 

Hoy, los ajedrecistas de élite no se forman en los libros, descifrando las páginas y moviendo las piezas staunton sobre un tablero físico o, en equipo, sobre uno de pared, sino en los módulos, que calculan y ofrecen millones de variantes en un instante (de ahí la promoción actual del Fischer Random que inventara Bobby Fischer para, al barajarse las piezas de la primera fila, desactivar los primeros 20-25 movimientos memorizados de las aperturas). Es un mundo nuevo en el que un jugador se hace llamar Rey Enigma y oculto tras un disfraz de escaques desafía a quien sea en los parques de las ciudades, un niño prodigio de doce años derrota a los maestros más sesudos, un comentarista radia las partidas relámpago con la misma emoción y riesgo que un partido de fútbol, y los streamers ganan en un mes lo que un campeón clásico en un año.

Son una reliquia los relojes analógicos en su caja de doble esfera con la manecilla roja amenazando el final de la partida. Los grandes maestros no se presentan a los torneos oficiales en traje y corbata, la vestimenta antaño apropiada para el pensamiento de altos vuelos; como jóvenes que son, hoy llevan elegantes sudaderas con capucha o vaqueros de marca, como Magnus Carlsen, que el año pasado por estas fechas decidió abandonar el campeonato del mundo de rápidas al no permitírsele usar esa prenda prohibida por el reglamento.

Entonces alguien ingenioso retocó el viejo logo de la FIDE escribiendo Jeans una sumus y los 200 dólares de la multa. Fue un gesto oportuno, sin duda, llamando a la actualización de las normas, y en el hecho de sustituir la gens ancestral por los problemáticos jeans puso de manifiesto la nueva comunidad ajedrecística, unida ahora por el estilo vaquero. Fue también «gracioso», pero como el corazón que el turista graba en un sillar del Coliseo o la mancha de spray que el grafitero deja en el muro de una catedral, por no pensar que, como el trigo del poema de Ezra Pound, el latín es sagrado. Molesto se podía haber sentido Alexander Rueb de haber visto su divisa convertida en un meme de internet...

Este mismo año, con chinos o con vaqueros, Magnus ha vuelto a ganar el campeonato del mundo de rápidas y blitz en Doha, en un increible ejercicio de resiliencia después de caérsele la Dama al suelo, dar un puñetazo de rabia sobre la mesa, además de un empujón a un cámara, y de perder una partida contra Martirosyán porque se llevó por delante varias piezas a solo cuatro segundos del final. Si Carlsen son los jeans, Martirosyán y Abdusattórov en la imagen inferior son la gens: uno armenio, otro uzbeko (a la postre plata en la modalidad relámpago), ambos riéndose relajados tras haber llegado a tablas en una de las partidas del torneo. Por encima de fronteras y rivalidades, reflejan a la perfección el zaherido lema de la FIDE.