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6 de diciembre de 2018

La música en la Antigüedad

'MÚSICAS en la Antigüedad' es el título de otra exposición organizada por CaixaForum (Madrid, 9 junio-16 septiembre de 2018) en torno a la música en las civilizaciones de Oriente, Egipto, Grecia y Roma. Nuestro resumen seguirá el hilo grecorromano y distribuirá los excerpta en bloques temáticos con títulos menos literarios que en la exposición original, pero más identificables.

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Conocimiento de la música antigua 

Para empezar, existen miles de imágenes de la Antigüedad que nos muestran escenas e instrumentos musicales, aunque para el gran público ha sido el péplum hollywoodiense y el cómic los que han transmitido una idea aproximada del papel de la música en el mundo antiguo. Así, el arpa está unida al erotismo en las cortes de los faraones y en los banquetes de griegos y romanos con presencia de esclavos orientales, y la trompeta, por su parte, es el sonido de los ejércitos romanos.

Arqueología musical

Los eruditos y enciclopedistas del Renacimiento hicieron dibujos de instrumentos musicales, pero la arqueología musical nació como tal en el siglo XIX. En esta época se publicaron los himnos délficos y se hallaron restos de arpas en Tebas y de trompetas en Pompeya. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz vestigios de instrumentos antiguos: en resistente bronce, trompetas, liras y címbalos; en piel y madera, mal conservados, arpas, liras, laúdes y panderetas; en caña, flautas y oboes.

Música y religión

Para comunicarse con los dioses y obtener su benevolencia, los antiguos recurrían a oraciones, cantos, hechizos, himnos, murmullos rituales y, desde luego, a la música. En el ámbito de lo sagrado, la música era parte integrante del rito a través de los sacrificios, las procesiones y las fiestas religiosas. En cada uno de estos ritos la música servía, creando una atmósfera adecuada, para establecer una comunicación con los dioses, sea para apaciguarlos o para darles las gracias. La voz de los sacerdotes y de los asistentes del culto, el sonido de los instrumentos, los cantos y las llamadas al silencio marcaban los momentos álgidos del acto religioso.

Música y mitología

La invención de la música en la mitología griega tuvo algo de acto divino: Hermes fabricó la lira; Pan, la syrinx (siringa o flauta de Pan), y Atenea, el aulós. Apolo recuperó la lira de Hermes, y Marsias, el aulós que Atenea había rechazado porque le afeaba el rostro. La derrota de Marsias al enfrentarse a Apolo en un concurso musical confirma la superioridad del instrumento de cuerda sobre el aulós y, metafóricamente, representa la victoria de la belleza sobre la brutalidad. Apolo es el indiscutible dios de la música y la poesía en Grecia, y la lira es su atributo distintivo. 

Sarcófago de las Musas, s. II (Louvre)

Música y política

El sonido formaba parte del ceremonial del poder y de la puesta en escena de la autoridad en el mundo antiguo. Había un gran número de músicos al servicio de los poderosos, del Estado y de la ciudad. La música, omnipresente en los rituales cívicos, contribuía al funcionamiento de la sociedad y, en la cultura griega, se convirtió en parte esencial de la formación del ciudadano. En el mundo grecorromano, ofrecía una representación armoniosa de la ciudad a través de las procesiones y los certámenes. Estas demostraciones públicas experimentaron un nuevo impulso con los triunfos que celebraban la grandeza de Roma.

Música y sociedad

El espíritu competitivo (agon) era muy importante en las ciudades griegas, como ya se ha indicado en otro momento del blog. Los mejores músicos se enfrentaban en certámenes musicales con calendarios precisos, algunos de los cuales, como el de Delfos, proporcionaban éxito y fama a los ganadores. Los romanos intentaron implantar este tipo de pruebas en la propia Roma y el emperador Nerón, que era un apasionado de la cultura griega, participó en los grandes certámenes griegos como citarista, es decir, cantando y tocando la cítara. La representación de instrumentos musicales como emblema en las monedas es otra muestra del vínculo de las ciudades con el arte de la música. 

En el siglo V a. C., el teatro emergió en Atenas como arte total que combinaba drama, música y danza. El conocimiento de este repertorio literario y musical era uno de los fundamentos de la educación del ciudadano (paideia), que también tenía que ser capaz de tocar la lira y cantar durante los banquetes, acontecimientos importantes de la vida social en los que la música se combinaba con el vino y la poesía.

Música y guerra

Los músicos intervenían tanto en el campo de batalla como en el campamento, dando las señales necesarias para el buen funcionamiento de los ejércitos: ataque, retirada y otros movimientos de la tropa. La gran columna que el emperador Trajano levantó en Roma para celebrar sus victorias en Dacia es un testimonio excepcional que permite documentar el contexto en que tocaban los músicos militares romanos. En la batalla, el cornu —cuyo sonido es descrito en las fuentes latinas como ronco (raucus), estridente (stridulus) y potente (sonorus)— era el instrumento que se adaptaba mejor, dada su potencia sonora, pero en algunas ciudades griegas se tocaban la lira o el aulós. En Roma, la ceremonia del triunfo tomó la forma de una procesión ritualizada, en lo que respecta tanto al desarrollo del acto como al recorrido. 

 cornu

Los efectos de la música

Las sociedades antiguas —como las actuales— creían en la capacidad de la música para influir en el estado del alma y del cuerpo; en la filosofía griega, incluso hubo una teoría sobre los poderes de la música. La música, pues, acompañaba a las personas en determinados momentos de la vida, como por ejemplo los ritos de paso relacionados con el nacimiento y la muerte. Permitía expresar emociones, a veces fuertes o violentas, o aportaba consuelo durante el duelo. Tenía una dimensión mágica a través del sonido de los objetos de bronce, como campanillas, címbalos, cascabeles y gongs. Todos estos sonidos podían utilizarse en determinados rituales, tanto para atraer como para alejar a las fuerzas hostiles. 

En la Antigüedad, cantar a menudo significaba «encantar» y la magia de los sonidos era un arma de seducción. Existen diversos personajes mitológicos muy conocidos por su canto cautivador, ya sea maligno o apaciguador: las sirenas casi se convierten en la perdición de Ulises, mientras que Orfeo es capaz de dominar la naturaleza salvaje gracias a su voz y al sonido de su lira, que atrae a los animales, los árboles y las piedras. En el ámbito de la seducción, música y sexualidad van a menudo de la mano. Algunos instrumentos tienen una connotación sexual muy marcada, como por ejemplo el arpa en Egipto, e intensifican el carácter erótico del banquete. 


La música y el más allá

La música y los cantos estaban presentes en el momento de la muerte de dos formas distintas: por un lado, animaban el banquete funerario, honraban la memoria del difunto y ritmaban las ceremonias funerarias al son de los gritos y las lamentaciones; por otro, según ciertas creencias, la música facilitaba el acceso del alma del difunto al más allá. No es inusual que la imagen de los músicos aparezca en la decoración de la tumba, o que el difunto sea enterrado con instrumentos (auténticos o imitaciones) o con figurillas de músicos, lo que demuestra la fe que se tenía en los poderes beneficiosos de la música. 

Los oficios de la música

En la práctica musical se distinguía entre el músico amateur y el profesional. Este revestía las características de un verdadero oficio: el músico seguía un aprendizaje, aprendía las técnicas y los gestos necesarios, transmitía sus conocimientos y recibía una gratificación. Entre los músicos profesionales, hay que distinguir entre «las estrellas», que eran recompensados por soberanos y ciudades, y los simples ejecutantes, cuya función básica era participar en los ritos o animar los banquetes. Las mujeres también podían vivir de este arte, pero a menudo tan solo podían tocar en los palacios de Oriente y en los templos de Egipto. Algunas conseguían hacer de ello su profesión, en ocasiones a costa de forjarse una dudosa reputación.

  • InterpretarLa iconografía antigua ilustra muy bien los múltiples y variados gestos y posturas de los músicos. Encontramos detalles sobre las técnicas para tocar los instrumentos, sobre la manera de pulsar las cuerdas (con o sin plectro) o de entrechocar los címbalos, o sobre la utilización de accesorios, como por ejemplo la phorbeia, una banda que sujetaba las mejillas del auleta. Las escenas de concierto muestran los instrumentos que se tocaban a la vez. Hay que tener en cuenta que la interpretación de estas fuentes no es a menudo fácil, ya que no se trata de fotografías tomadas al momento, sino de imágenes en las que se intenta resumir la actuación musical, por lo que en ocasiones se acomodan a tal fin. Existen relieves muy precisos en cuanto a la posición de los dedos en el instrumento; otros son mucho más aproximativos. Para descifrarlos hay que conocer tanto los códigos de la gestualidad musical como las convenciones iconográficas en las sociedades antiguas.

    Coro de músicos. Ánfora ática de figuras negras. S. VI a. C.
  • Transmitir. El mundo de los músicos era muy heterogéneo. En los textos se pueden identificar diferencias en cuanto al talento, estatus y renombre. Los monumentos funerarios son una fuente muy importante para seguir las distintas trayectorias y trazar los vínculos de parentesco en una familia de músicos. En cuanto a las modalidades de aprendizaje, no se conocen lo suficiente, pero sí se sabe que había maestros de música. Aunque la transmisión de los conocimientos musicales se realizaba de forma oral, gracias a un proceso de memorización, hay que tener en cuenta el desarrollo de teorías armónicas y rítmicas en Oriente y en Grecia, así como las primeras notaciones musicales. La música se escribía para recordar las melodías y también fue objeto de tratados científicos. Cabe señalar, sin embargo, que en la iconografía del conjunto de estas civilizaciones antiguas no aparece ningún músico tocando ante una «partitura». 

  • FabricarEn el mundo antiguo, los instrumentos musicales no se producían en serie. Los mejores fabricantes de instrumentos de cuerda y de viento eran los que combinaban habilidades técnicas con el conocimiento de los materiales (bronce, hueso, marfil y distintos tipos de madera).

    Instrumentos antiguos
    De cuerda De viento De percusión
    cítara
    lira
    laúd
    barbitón
    arpa angular
    arpa arqueada
    flauta
    oboe/aulós/tibia
    clarinete
    órgano
    cuerno
    monaulós
    syrinx/siringa/
        flauta de Pan
    silbato
    trompeta/salpinx/tuba
    claquetas
    címbalos
    crótalos
    sistro
    gong
    collar menit
    campanilla
    sonajero/cascabel
    pandero o pandereta/
        tympanon
    tambor
    percusión con los pies
        (kroupeza/scabellum)

7 de septiembre de 2017

La pasión de competir ('agón')

FORMABA parte del sistema de valores de los antiguos griegos competir en todos los ámbitos de la vida humana. Competir en los juegos atléticos, litigar en los tribunales de justicia, concursar en los certámenes poéticos. Y por supuesto, someter al enemigo en la batalla con la victoria, la máxima expresión de tal afán por competir. 

En torno a esta idea, CaixaForum ha articulado una exposición con 170 piezas de arte griego procedentes del Museo Británico, titulada Agón! La competición en la Antigua Grecia (Madrid, 14 julio - 15 octubre 2017).
 
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Agon –habría que empezar por aquí– es palabra griega que significa 'lucha', 'competición'. El diccionario de Liddle-Scott extrae usos del término en los contextos de la batalla, el concurso y la competición. 

En siete u ocho espacios, vasos de cerámica, relieves, estatuas y estatuillas, fíbulas, monedas y otras obras de arte griego ilustran diversos aspectos del tema de la competición, que resumimos aquí libremente, para que nos pueda servir ahora y para siempre de recordatorio. Hay un catálogo (espléndido pero caro, como suelen serlo los catálogos de este tipo de exposiciones) y una nota de prensa sobre este evento cultural; nos ayudamos de esta última, pero sobre todo de los propios paneles informativos, de indudable valor, que acompañan a las obras exhibidas.

La primera sala nos presenta la personificación de la victoria, Niké, relacionada habitualmente con Atenea, la diosa de la sabiduría, pero también de la guerra estratégica. La Victoria vuela con sus amplias alas y las ropas agitadas por el viento hacia los atletas victoriosos, y a veces se sienta al lado de Zeus para decidir el vencedor en la guerra o en el deporte. La Acrópolis de Atenas alberga, como es sabido, el templo más famoso dedicado a Atenea Niké.

El espacio dedicado a los juegos en la infancia, con sus normas y rigores, la mayoría de ellos sometidos al principio de ganar o perder, muestra niños que se pelean jugando a las tabas y compitiendo con la pelota. Las tabas o astrágalos, primero de hueso, después de distintos materiales, eran el juego más popular en aquel tiempo, pues además de para jugar servían también para adivinar el futuro. Juegos con dados, canicas y pelota. El juego era en la antigua Grecia el primer paso para llegar a ser buen atleta y luego buen soldado.


Los antiguos griegos eran unos auténticos fanáticos del deporte. Hay gran cantidad de vasos de cerámica (ánforas, hidrias, cílicas, crateras) que tienen pintados, en color negro o rojo, lanzadores de disco y de jabalina, boxeadores, velocistas, corredores de fondo, luchadores de pancracio, carreras de caballos y de cuadrigas. El momento culminante de la vida deportiva de los griegos era la celebración de los juegos olímpicos, de los que ya hemos hablado en otra ocasión.

Se conservan, y en esta exposición hay ejemplos de ello, toda una serie de objetos relacionados con el deporte, desde frascos de aceite de oliva con que se ungían los atletas, antes y después de la competición, hasta estrígilos, nombre que recibían los «rascadores» del sudor, la arena o el aceite que se impregnaban en los cuerpos de los atletas.

Los griegos competían en certámenes de teatro y poesía en el ámbito de festivales religiosos consagrados al dios Dioniso. Ganar en un concurso teatral proporcionaba la gloria a los dramaturgos, algo aún más deseable que la corona simbólica (fuera de laurel, de hiedra o de oro) y los premios en metálico que los vencedores recibían. Gracias a estos concursos han llegado hasta nosotros los nombres de los trágicos Esquilo, Sófocles Eurípides, y de los comediógrafos Aristófanes y Menandro, y una mínima parte, desgraciadamente, de las obras que escribieron. Sófocles, al parecer, obtuvo dieciocho victorias, Esquilo trece, Eurípides cinco. Perduran impresionantes teatros en todo el mundo griego (Epidauro; Atenas; Siracusa; Pérgamo). No hace falta recordar que el teatro es una invención de los griegos.

A los eventos dramáticos hay que añadir los certámenes de música (instrumentos típicos griegos fueron la cítara y el aulós), de danza y poesía, todos ellos elementos esenciales en la educación de los ciudadanos. Marsias, en la mitología, desafió al dios de la música Apolo a tocar, él el aulós, el dios la cítara, y ya sabemos adónde le llevó su pecado de soberbia.

La guerra, en la que los griegos estaban siempre inmersos contra los persas o contra sí mismos, se plasma en todo tipo de arte. Los artistas se inspiran en guerras legendarias, como la guerra de Troya, y en reales, como las guerras médicas. Podemos ver aquí tanto los propios objetos bélicos, o sea, el equipamiento de los hoplitas (ciudadanos-soldado cuyo nombre deriva de hoplon 'arma'), cascos, corazas, grebas, como observar en cerámica diversas escenas mitológicas del ciclo troyano.


Los mitos están impregnados de luchas y rivalidades. Dos héroes destacaban entre los demás: Aquiles y Heracles (Hércules para los romanos), ambos semidioses por tener un progenitor inmortal y el otro mortal. ¿Hubo héroe más competitivo que Heracles, que tuvo que completar doce trabajos inauditos, con éxito y contra todo pronóstico? Y en cuanto a Aquiles, sus hazañas y desventuras están sobre todo ligadas a la guerra de Troya, aunque también otros episodios de su vida han captado la imaginación de los artistas.   


Los griegos rivalizaban en la vida cotidiana, en las asambleas públicas, los foros judiciales, las actividades sociales, como los symposia, banquetes de beber y filosofar reservados a los hombres, en los que era importante la influencia y el estatus social; en los adornos personales con el uso de collares, anillos y fíbulas, y sin duda en los ritos funerarios. 

Los funerales eran la ocasión perfecta para el derroche de comida y bebida. Los cementerios estaban situados en caminos principales bien a la vista de todo el mundo. Los ricos y gobernantes se hacían erigir monumentos fastuosos y desproporcionados, como el rey Mausolo (s. -IV), que se hizo construir una gigantesca tumba de 45 metros en Halicarnaso que dominara la ciudad y fuera visible desde el mar, y la decoró con estatuas y frisos esculpidos de los mejores mármoles posibles. Fue considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, y hoy la palabra 'mausoleo' procede de él.

10 de enero de 2016

Seductoras mujeres de Roma

LA exposición Mujeres de Roma. Seductoras, maternales, excesivas (Madrid, CaixaForum, 4 nov 2015-14 feb 2016) se articula en torno a los distintos tipos de mujeres que fueron representadas en el arte romano (esculturas, pinturas, mosaicos, joyas, pequeña estatuaria), en el ámbito doméstico y privado, y se ilustra con 178 piezas, todas ellas procedentes del Museo del Louvre. El mundo femenino de la antigua Roma se ofrece a nuestros ojos a través únicamente de la información que nos proporcionan estas imágenes.
 
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Los retratos de las mujeres romanas se nos muestran en bustos de mármol en los que cobra especial importancia el peinado, sujeto a la evolución de las modas, a la influencia de la emperatriz de turno o al uso de pelucas; sirve el peinado, a falta de otras precisiones arqueológicas, para fechar cada pieza en cuestión. Perviven, por otro lado, bellos retratos de mujeres pintados «a la encaústica» sobre paneles de madera.

Esposa y madre eran las cualidades más valoradas de las mujeres romanas. Como tales aparecen representadas en actitud ejemplar, púdica y noble y con vestimenta decorosa. Si la vida política y social estaba reservada a los varones, en el ámbito religioso la mujer cumplía un papel primordial en los cultos mistéricos consagrados a Ceres —los misterios de Eleusis—, en los que grupos de mujeres ofician rituales secretos relacionados con el ciclo de la agricultura y la fecundidad. 

Juno, Minerva, Diana y Venus son, además de Ceres, otras diosas a cuya protección acudían las antiguas romanas.

La castidad estaba amparada por Minerva y Diana, diosas castas y feroces que viven alejadas de los hombres y rehusan cualquier relación física con ellos. Son merecedoras de respeto precisamente porque no asumen las funciones de esposa y madre asignadas a la mujer romana. Minerva protegía las artes y a los artesanos y era también diosa de la guerra. Lleva escudo, lanza, casco y égida; gorgonas, grifos y serpientes eran signos distintivos de Minerva, la Atenea de los griegos.

Diana, hermana de Apolo, es cazadora, virgen y terriblemente celosa de su pureza. Vive en los bosques con sus compañeras y rodeada de perros. Porta arco y aljaba. Viste quitón corto que le facilita el movimiento en el mundo salvaje. Vela por los cazadores, que tienen la obligación de venerarla. Diana es la diosa protectora de las amazonas, pueblo mítico formado únicamente por mujeres que solo toleraban a los hombres como esclavos e instrumentos de perpetuación de su raza. Las amazonas mutilaban o mataban a los hijos varones y solo conservaban a las hembras, a las que extirpaban un pecho para servirse mejor del arco y la lanza.

Las fuerzas de la naturaleza (o numina) adoptan forma femenina en muchos casos. La Fortuna, dueña de los destinos humanos, porta el cuerno de la abundancia, y Selene rige los ciclos lunares. Son seres femeninos las estaciones (las Horas) y los vientos. La Victoria, que tiene alas y favorece a uno u otro bando, simboliza el triunfo y, si se pinta en la casa, el deseo de paz y prosperidad. Las ninfas aportan juventud y vitalidad a los ríos, que, ancianos como son, descansan echados en el suelo. 


Mujeres seductoras. En el orden espiritual, las Musas. En el orden físico, las tres Gracias y Venus. 

Las Musas representaban el perfeccionamiento del espíritu a través de las diversas artes y técnicas. Inspiran a quien las invoca, y su presencia en el espacio semipúblico de la domus propiciaba en el invitado la iluminación y el entusiasmo.   

Calíope, musa de la poesía épica
En Roma existía la tradición del simposio griego, donde se debatía sobre la naturaleza del deseo amoroso. En el Juicio de Paris se veía a una Venus victoriosa (Venus Victrix), y los generales romanos se encomendaban a su protección, si bien César y después Augusto prefirieron acogerse a una Venus progenitora (Venus Genitrix), como madre del troyano Eneas, héroe fundador del pueblo romano y del linaje (gens) del propio César.

En el arte, había distintos modelos de Venus, heredados del arte griego: la Venus púdica, la Venus desatándose la sandalia, la Venus de los jardines, la Venus Urania, la Venus Anadiomena (surgida de las aguas).

Las mujeres reales no aparecen desnudas. Desnudas, solo diosas o criaturas semidivinas, provocadoras de la seducción física, como las tres Gracias, que gozan de cuerpos perfectos, voluptuosos, llenos de gracia y armonía. Ya sea en las paredes de la casa, ya en espejos, se representan escenas mitológicas eróticas, como las parejas de Ío y Argo, Galatea y Polifemo, o Leda y Júpiter metamorfoseado en cisne. Son éstas fantasías que antes estaban reservadas al lupanar y ahora han invadido el espacio doméstico y cotidiano. 

Dioniso, el dios del vino y el teatro, vivía rodeado de mujeres. Aparte su madre Sémele y su esposa Ariadna, le rendían culto las ménades o bacantes (Baco era el nombre que los romanos dieron a Dioniso), que le siguen entusiasmadas (etimológicamente, 'poseídas por el dios') en sus fiestas orgiásticas y escandalosas. Las bacanales fueron prohibidas por el Senado romano el 186 a. C., pero Julio César, 140 años más tarde, las reimplantaría. 

Los cultos dionisíacos se desarrollaban en privado, y así aparecen reflejados en las paredes del famoso triclinio de la Villa de los Misterios de Pompeya, aunque también se ha podido pensar que lo que allí se representa son los preparativos de boda de una joven romana. A Dioniso le acompaña una escolta o tíaso conformada por sátiros y silenos procaces, y por las ménades, cuyas danzas extáticas se desenvuelven en un ambiente frenético.


Cuando se representa una mujer monstruosa, se hace como señal de advertencia: Medea (pues dio muerte a sus propios hijos para vengarse de Jasón) o Pasífae (que concibió un amor nefando con un toro) cumplen el papel simbólico de proteger la casa de criaturas nocivas, papel denominado apotropaico. Las sirenas, seres mitad mujer mitad pájaro, se convierten en antefijas de los tejados. La gorgona Medusa transformaba en piedra a todo aquel que osara mirarla a los ojos. Otro ser fronterizo entre la persona y el monstruo es Hermafrodito, criatura bisexuada que juega con el efecto sorpresa.

El recorrido por el mundo de la mujer en la antigua Roma a través de sus imágenes no ha podido ser más ilustrativo en esta magnífica exposición, cuyas explicaciones culturales hemos tratado de resumir en esta entrada.

18 de febrero de 2014

Condenados en el Hades

EL Museo del Prado reúne en una exposición temporal (Las Furias, de Tiziano a Ribera, 21 enero 2014-4 mayo 2014) veintiocho obras de los siglos XVI-XVII que representan personajes de la mitología griega que fueron condenados a padecer castigos eternos en el Hades por haber cometido crímenes atroces contra los dioses.

En el canto XI de la Odisea (vv. 576 y ss.), Ulises acude al mundo de los muertos, en donde el adivino Tiresias le dará instrucciones precisas sobre el modo de regresar a Ítaca. Allí, en el Tártaro, la región más profunda del Hades —el infierno propiamente dicho—, puede ver a algunos de los condenados más famosos de la mitología: a Ticio, a quien por intentar violar a Leto (madre de Apolo y Ártemis) dos buitres no cesaban de roerle el hígado; al sacrílego Tántalo padeciendo un hambre y sed eternos, pues los frutos de los árboles se retiraban de sus manos cuando quería comer y el agua de su boca cuando quería beber, justo castigo por haber dado a probar a los dioses, por ver si lo adivinaban, a su propio hijo Pélope descuartizado y cocinado [el tantalio es un metal duro invulnerable a los ácidos; y tantalize, en inglés, significa 'atormentar']. Y vio a Sísifo, que empujaba una y otra vez hasta la cima de un monte una roca que invariablemente volvía a rodar hasta abajo; Sísifo había delatado las infidelidades de Zeus y de ese modo pagaba su atrevimiento.

También Ixión fue precipitado al Tártaro tras haber sido atado a una rueda encendida que giraba sin cesar. Su culpa, haber engañado y asesinado a su suegro y haber defraudado el perdón de Zeus intentando seducir a su esposa Hera.

Estos cuatro criminales, que María de Hungría, hermana del emperador Carlos V, mandó pintar a Tiziano, fueron conocidos en la España del siglo XVI como las Furias, si bien las Furias (nombre con que los romanos identificaron a las Erinias griegas) eran en realidad tres personajes femeninos que vengaban los crímenes cometidos en las familias, como los parricidios, y con sus látigos y antorchas en las manos y serpientes en los cabellos personificaban el castigo y la venganza.

Representaba esta serie mitológica una alegoría política: la ambición, la ingratitud y la traición de los príncipes alemanes que se habían alzado contra Carlos V y habían sido derrotados recibiría el mismo escarmiento que los míticos condenados. 

Además de Tiziano, otros muchos pintores del tardo-renacimiento y el barroco se vieron atraídos por la dificultad artística que entrañaba semejante temática. Citemos los nombres de Rubens, Ribera y Miguel Ángel, que también realizó un dibujo sobre Ticio.


12 de diciembre de 2013

La Villa de los Papiros


LA Villa de los Papiros es una extraordinaria exposición que los estudiosos del mundo clásico no deben perderse en la medida de lo posible (Casa del Lector, Madrid, 18 octubre 2013-23 abril 2014).

La exposición muestra cómo escribían y leían los romanos de la Antigüedad tomando como hilo conductor la Villa de los Papiros, sita en Herculano, ciudad que, junto con Pompeya, fue sepultada por la erupción del Vesubio del año 79. Este lujoso complejo suburbano al borde del mar puede verse reconstruido virtualmente en dos espectaculares audio-visuales en las primeras salas de la exposición. 


(En nuestros días, la Getty Villa de Malibù, en California, reproduce fielmente el diseño de la Villa de los Papiros de Herculano).

En esta enorme mansión fueron descubiertos en 1752 unos 1800 rollos de papiro carbonizados, escritos en griego, que formaban la única biblioteca que se conserva de la Antigüedad. Muchos son obras de Filodemo, un filósofo y poeta griego del siglo I seguidor de la ética de Epicuro. Las enseñanzas de Epicuro tenían lugar en el jardín rodeado de columnas de la casa griega, denominado peristilo, y buscaban conseguir la felicidad mediante el cultivo del placer (un placer sin dolor; placer en griego es hedoné, de donde procede el término 'hedonismo'), el rechazo de la política, el no temor a la muerte y, sobre todo, la amistad como placer supremo:
 << La amistad va recorriendo la tierra como un heraldo que nos invita a la felicidad>>,
leemos en una de las paredes de la exposición, bella máxima de Epicuro. 

El probable dueño de la villa, Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, fue suegro de César y cónsul en 58 a. de C. En Herculano recreó a gran escala el jardín epicúreo. Un gran peristilo porticado, una gran piscina rectangular, una colección de estatuas de bronce y mármol en derredor (muestras de ellas en una de las salas) formaban un lugar ideal para los placeres intelectuales, por no hablar de los sensoriales que proporcionaban las vistas al golfo de Nápoles desde otros puntos de la villa.  


El tablinum o despacho de la casa se nos ofrece reconstruido por medio de un cave (Cave Automatic Virtual Environment), método tecnológico que consiste en la proyección sobre las paredes de la habitación de imágenes generadas por computación gráfica con el fin de crear un ambiente tridimensional envolvente y con ello una «experiencia inmersiva» en el espectador.



Más adelante, la oscuridad del pasado deja paso a la claridad que supuso el descubrimiento de Herculano tras las excavaciones borbónicas del siglo XVIII. Desde este momento las salas ofrecen «relecturas dieciochescas» de la Villa de los Papiros: artística, científica (con la máquina de desenrrollar papiros que inventó el escolapio Antonio Piaggio) y editorial o bibliográfica. 

El visitante acaba el recorrido delante del famoso retrato de Terencio Neo y su esposa, cuya ubicación habitual es el Museo Arqueológico de Nápoles. La joven pareja pompeyana nos observa desde el otro lado del tiempo, sin sospechar que dos mil años después de posar ante el pintor serían ellos los observados por ojos tan curiosos como los suyos. Él apoya la barbilla en un libro —un volumen—, ella sostiene unas tablillas y se lleva un punzón a los labios, como pensando lo que va a escribir. Ambos comparten el mundo de la escritura y la lectura, quizá de la literatura. Un broche de oro para una magnífica exposición.



7 de mayo de 2013

'Romanorum vita'

PARALELAS a la exposición que concluye ahora en Madrid sobre Pompeya hay otras dos exposiciones abiertas. Una en Cleveland (The Last Days of Pompeii: Decadence, Apocalypse, Resurrection), hasta el 7 de julio, y otra en Londres (Life and death in Pompeii and Herculaneum), hasta el 26 de septiembre. Pompeya sigue fascinando al mundo, generando investigaciones y conocimientos, misterios y fantasías.

Caupona o fast-food (Foto: Pepo Segura)
El pasado aún reciente ha contado también con otras interesantes exposiciones centradas en Pompeya, patrocinadas por entidades financieras privadas, y que han podido verse en distintas ciudades de la geografía española. Recordamos al menos Pompeya y Herculano, a la sombra del Vesubio (2008) y, todavía en marcha, Romanorum vita

De esta última (ambientada en una calle de Pompeya, a pesar del título) puede hacerse una visita virtual interactiva de gran interés clicando aquí.

12 de enero de 2013

Pompeya, más cerca

TODO amante del mundo clásico debe tener en su agenda o en su bagaje cultural la visita a la antigua ciudad de Pompeya. Tendrá que acercarse a Nápoles y desde allí dirigirse (por ejemplo, en la ferrovia Circumvesuviana) a la ciudad que en el año 79 d. C., junto con las vecinas Herculano, Estabia y Oplontis, quedó sepultada por la erupción del Vesubio, uno de los volcanes más devastadores de la historia. Herculano y el Museo Arqueológico Nacional en Nápoles son también lugares imprescindibles de visita una vez emprendido este viaje. Los naturalistas seguramente suban también al cráter del volcán.

Antonio Carnicero, Vista de la erupción del Vesubio (1824)
En menos de tres días, Pompeya quedó totalmente enterrada bajo las toneladas de materiales volcánicos que vomitó el Vesubio. Luego, un manto de olvido cubrió la ciudad durante siglos. Hasta el año de 1738, cuando Carlos III de Borbón, el «rey arqueólogo», a la sazón rey de Nápoles y de Sicilia, sufragó las excavaciones que iniciaron la recuperación de la primitiva fisonomía de la ciudad; eso sí, fosilizada en los últimos instantes de la catástrofe. 

La Pompeya actual ofrece a nuestros ojos los barrios (insulae) y las calles (viae), con sus numerosas fuentes públicas, una casi en cada cruce; las villas (villae) y las casas particulares (domus), y, entrando en éstas, las preciosas pinturas y los mosaicos que decoraban paredes y suelos, hoy la mayoría en el Museo Arqueológico de Nápoles. En la Vía de la Abundancia se acumulan los talleres (officinae) las tiendas abiertas a la calle (tabernae): una hostería de comida rápida (caupona), un establecimiento de bebidas calientes (thermopolium), una lavandería (fullonica)... Las paredes de alguno de estos comercios muestran pintadas (grafitti) obscenas y de propaganda electoral. Una tahona (pistrinum) en buenas condiciones hay cerca del mercado (macellum). El prostíbulo (lupanar) más «lujoso», de dos plantas, se encuentra, haciendo esquina, no lejos de las termas Estabianas; dentro, pinturas eróticas para excitar a la clientela. Estos eran los espacios de la gente corriente y moliente. Ah, y las termas y el anfiteatro, los lugares de diversión más populares entre los pompeyanos. 

Thermopolium de Vetutius Placidus
Falta aún por excavar una quinta parte de Pompeya. Al mismo tiempo que se producen nuevos hallazgos, como los talleres de los perfumistas, asistimos alarmados a la degradación de la ciudad por culpa de las lluvias pertinaces o de la incuria de las autoridades políticas, responsables de que algunas casas y columnas se vengan abajo por sí solas o mientras se restauran.

Los objetos encontrados en Pompeya por los arqueólogos están en los museos y de vez en cuando se llevan a exposiciones como Pompeya. Catástrofe bajo el Vesubio (Centro de Exposiciones Arte Canal, Madrid, 6 diciembre 2012-5 mayo 2013), que muestra más de seiscientas piezas de la vida cotidiana, privada y social, de los pompeyanos. Fíbulas zoomorfas y de navicela, instrumentos quirúrgicos, hombreras y cascos de gladiadores, dados, fichas, monedas, ungüentarios y lámparas, estatuas itifálicas y falos-amuleto, la vajilla de plata de la inmensa casa de Menandro, pan y dátiles carbonizados... Entre las pinturas destacan el famoso retrato de una muchacha pompeyana, a la que todo el mundo conoce como la poetisa Safo, y una vista del puerto de Puteoli (Pozzuoli).


8 de noviembre de 2012

Mitos, leyendas, famosos y celebridades

UNA exposición fotográfica (Fundación Canal Isabel II, Madrid, 25 octubre 2012-31 enero 2013) lleva el título Mitografías. Mitos en la intimidad. Se trata de 240 fotografías de la vida de diez personajes claves en el siglo XX en distintos campos: Picasso y Dalí (arte); Churchill y Gandhi (política); Einstein y Marie Curie (ciencia); Cela y Hemingway (literatura); María Callas y Chaplin (espectáculo).

Pero estos diez personajes, ¿son en verdad mitos? —Sí. 

El diccionario de la RAE define mito en su tercera acepción como 'persona o cosa rodeada de extraordinaria estima'. Yo a persona o cosa añadiría del pasado, al que pertenecen esos diez nombres, pues, por ejemplo, Antonio López, Plácido Domingo o Vargas Llosa, vivos aún, no creo que sean mitos o su sinónimo leyenda (salvo mitos «vivientes» o leyendas «vivas»), sino famosos o celebridades. El mito se inscribe más en el pasado y la celebridad en el presente, o eso parece.

María Callas. Mito y también (en su tiempo) celebridad

El término mitografía significa 'ciencia que trata del origen y explicación de los mitos'. Pero, para titular la exposición fotográfica, lo han convertido en un original neologismo que reúne mito (en su acepción tercera) y fotografía. Mitografías: fotografías de los mitos.