9 de febrero de 2026

Una breve historia del Foro romano

UN precioso libro de 2025 —El Foro romano. La invención de un espacio arruinado, de Igor Santos Salazar— traza la historia del Foro romano mediante un recorrido histórico y arqueológico en seis capítulos, desde la invasión de los vándalos en el siglo V hasta la construcción de la via dell'Impero, hoy via dei Fori Imperiali, en los tiempos de Mussolini. Es un libro impregnado de empatía hacia lo que ve y narra: las impresiones personales del autor emergen de vez en cuando, como cuando en su deambular por el Foro se detiene allí donde los demás pasan de largo —los rostra vandalica (pp. 27-28)— o cuando se asoma a la terraza del Palatino para observar desde allí arriba las ruinas del Foro (p. 206). Un libro, como decimos, que auna historia y arqueología y precioso por la cantidad de selectas imágenes de todo tipo que contiene (mapas, grabados, cuadros, fotos); por ello, merecedor de una edición en gran formato (*), digna de figurar en los estantes de book-shops como el instalado en la misma via dei Fori Imperiali. 

Puede ser una imagen de el Panteón y el Partenón
 
La destrucción a manos de los bárbaros del Forum Romanum vel Magnum, en la Regio VIII instituida por Augusto, ha sido exagerada por la Historia, señala el autor del libro; a ello ha contribuido la dramática imaginería de los bárbaros saqueando Roma. En el siglo VI, el Foro aún no era una zona arruinada. 
 
Llegado el siglo VIII, crece el número de iglesias adheridas al antiguo espacio civil (a las que se presta gran atención: S. Lorenzo in Miranda, SS. Cosme y Damián, S. María Antigua), erigidas al fragor de las peregrinaciones. El expolio ahora, la reutilización, el traslado de materiales originales a otras iglesias de Roma, la intervención de los papas transformando templos paganos en edificios cristianos (consultada en el Liber pontificalis), en su afán de «hacerse un hueco en el Foro» (p. 39), darán paso, a finales de la Edad Media, a la estimación per se del paisaje ruinoso superviviente en las (dos) elegías de Hildeberto de Lavardin (s. XII), que testimonian una nueva valoración de la Roma antigua (p. 62): Par tibi, Roma, nihil, cum sis prope tota ruina; / quam magni fueris integra fracta doces. «Nada hay comparable a ti, oh Roma, aunque estés casi toda en ruinas; / qué grande fuiste entera lo enseñas destruida», comienza el primero de estos poemas.  
 
Es el momento de los Mirabilia urbis Romae, guías destinadas a los peregrinos, que informan a los romeros de «lo que hay que ver» en la capital de la Cristiandad. De ellas se nutren los humanistas anticuarios del Renacimiento (F. Biondo, Poggio Bracciolini, P. Leto, A. Fulvio), con cuyas obras quisieron resucitar la grandeza de la antigua Roma.
 
Más adelante, los restos del Foro adquirieron una nueva fisonomía al convertirse Ver imagen originalen un lugar cotidiano de pastores y tenderos: el llamado Campo Vaccino ('campo de vacas'). Gran número de artistas reflejaron en sus grabados o pinturas este nuevo escenario rural de paisanos y rebaños haciendo su vida entre las ruinas clásicas (É. Dupérac; G. B. Piranesi, a quien se dedican ocho páginas). Los vedutistas (dibujantes de vedute 'vistas') hicieron del Foro un lugar de contemplación único en el mundo (Canaletto, G. Panini, entre otros). En el capítulo del Grand Tour, el libro no se detiene mucho en los visitantes extranjeros, episodio muy conocido por la mayoría de los lectores de libros de viajes, para recordar a españoles que visitaron el Foro, como el jesuita Juan Andrés o el dramaturgo Fernández de Moratín. Cien años después, la impresión que se llevaron de este espacio romano Blasco Ibáñez y Pardo Bazán fue de decepción.
 
Roma cambió de aspecto en el siglo XIX. Se acometieron reformas urbanísticas que conllevaron la construcción de monumentos tan desgraciados como el dedicado a Vittorio Emmanuele II, «terrible edificio» (p. 202), y la destrucción de aquellos otros considerados poco antiguos: G. Boni, a la par que preconizaba una arqueología científica —fue el descubridor del Lapis Niger—, hacía demoler la iglesia Santa María Liberadora (barroca) para hacer visible Santa María Antigua (medieval). 
 
Cierran el libro un epílogo melancólico y una breve bibliografía comentada.
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(*) Si tal sucediera, habría que corregir la errata más visible, 'bis estética' por 'vis estética' (o aesthetica), p. 216. Y, ya puestos, sería bueno incluir un índice de nombres y edificios.

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