23 de octubre de 2013

Estatua griega busca mecenas

EL Louvre de París pide una ayuda económica a los amantes del arte a fin de poder restaurar la famosa Victoria de Samotracia, escultura griega de época helenística que necesita de una mejora integral y de cuatro millones de euros para llevarla a cabo, uno de los cuales el que el venerable museo nos pide que financiemos entre todos.

Con esta iniciativa (Tous mécènes!), cualquiera de nosotros interesado en el arte puede convertirse en mecenas y emular, aunque sea simbólicamente y a pequeña escala, a aquel gran patrocinador de la literatura de época de Augusto llamado Gayo Cilnio Mecenas, que ha dado su nombre a quienes prestan apoyo material al arte y los artistas. Mecenas coloboró con el programa político de Augusto, cuando este llegó al poder, y benefició con propiedades a los poetas Horacio, Virgilio y Propercio, que a su vez le expresaron gratitud escribiendo poemas de exaltación del régimen augústeo.

La Victoria de Samotracia volverá a presentarse ante el público en el verano de 2014. Se espera que a su regreso haya recuperado las claras tonalidades originales del mármol de Paros en el que fue esculpida. Esta diosa de alas abiertas se eleva sobre la proa de un barco de mármol gris azulado. En las manos sostenía la trompeta con la que anunciaba una victoria. Fue hallada en 1863 en Samotracia, una isla poco conocida del norte del mar Egeo.    

5 de octubre de 2013

Steve Jobs y las humanidades


EN el campo de la tecnología informática, Steve Jobs (1955-2011) es comparable a Einstein en el campo de la física (¿alguien creyó de verdad que los neutrinos podían sobrepasar la velocidad de la luz, invalidando la teoría de la relatividad?), comparable a Picasso en la pintura, a Hitchcock en el cine..., genios todos ellos que «pensaron diferente», como proclamaba la campaña publicitaria de Apple Computer de 1997, y que hoy ocupan un puesto de honor en la historia de la cultura universal del siglo XX. 

Como empresario, Jobs convirtió a Apple en la empresa más valiosa del mundo en septiembre de 2011, unas semanas antes de fallecer.

Poco después de la triste y luctuosa muerte de Steve Jobs se publicó una extraordinaria biografía a cargo de Walter Isaacson, escrita con esa agilidad típica de la divulgación anglosajona. Sus 700 páginas se leen como nada. Están llenas de diálogos dentro de los párrafos y escenas que transportan al lector hasta la misma sede de Apple en Cupertino, donde, como si estuviera allí mismo, puede imaginarse perfectamente a Jobs gritando a alguno de sus empleados: «¡Esto es una mierda! Lo puedes hacer mejor». Es una biografía ecuánime. No pasa por alto los defectos del personaje, bastante horribles, en medio de su gran capacidad creativa y la pasión por sus productos.


La biografía de Isaacson recoge en varios pasajes la idea que el cofundador de Apple poseía de la tecnología y las humanidades. Por resumirla en una sola frase, diríamos que, para el hombre más creativo del planeta entre los siglos XX y XXI, la tecnología sin las humanidades carecía de sentido («La tecnología por sí sola no es suficiente...; la combinación de la tecnología con las humanidades es lo que ofrece resultados que llenan nuestro espíritu de regocijo...; existe una profunda corriente de humanidad en nuestra innovación», declaró en diversas ocasiones). 

El primer contacto que tuvo el joven Jobs con las humanidades en el Reed College no fue la lectura de la Ilíada o el estudio de las guerras del Peloponeso que mandaban —y a él le repelían— a los muchos hippies matriculados en aquella universidad, sino unas clases no obligatorias de caligrafía a las que asistió. La caligrafía es el antecedente y el fundamento de la tipografía y ambas son formas indudables de belleza. Ese primer contacto con la estética afloró en Jobs diez años más tarde, cuando el Macintosh incorporó un conjunto de tipos diseñados por Susan Kare y que a algunos aún nos gusta utilizar. Ambos detalles aparecen reflejados en el reciente filme jOBS (Joshua Michael Stern, 2013). 

Las varias revoluciones digitales que propició Steve Jobs nacieron de una concepción humanista de la tecnología. En las presentaciones de sus más aclamados productos Jobs solía poner una última diapositiva con las señales entrecruzadas de las calles de la tecnología y de las humanidades (liberal arts). En esta intersección residía él, solía decir. Y recordaba que los primeros ingenieros de Apple habían sido también músicos o poetas.


La lección de Jobs y Apple está bastante clara: integrar. No separar, como hacen Europa (Bolonia) y España, apartando y rechazando de la tecnología la música, la poesía y el arte.
 
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W. Isaacson, Steve Jobs, Barcelona: Debate, 2011, pp. 17-18, 476-477, 618, 656-657, 703.
 

14 de septiembre de 2013

Mitología clásica a la americana

PERCY Jackson es un chaval de doce años con hiperactividad y dislexia (salvo para el griego clásico). Le encantan las clases de mitología de su profesor de latín, el profesor Brunner, que se mueve en silla de ruedas motorizada y confía mucho en él. Grover, el amigo de Percy, es canijo y tiene el pelo rizado. La madre de Percy trabaja en una confitería, su verdadero padre nunca ha estado presente en su vida y su padrastro es un indeseable.

Percy está en peligro y sólo estará a salvo en un campamento deportivo con jóvenes de sus mismas características. Allí le llevan su madre y Grover y allí le está esperando Brunner.

Entonces descubrimos que nada es lo que parece; que, en realidad, Brunner es el centauro Quirón, Grover un sátiro protector que aspira a subir de categoría en el campamento, y Percy, un hijo del dios Poseidón. ('Posidón' es la transcripción correcta del nombre, pero extraña al gran público).


Y es que el Olimpo y todos sus dioses, después de haber recorrido varios países de Europa, entre ellos España, se han instalado en los Estados Unidos, como no podía ser de otro modo; concretamente, en la inexistente planta 600 del Empire State de Nueva York (¿nos echamos a reír?). Así, el mundo ha llegado a su Quinta Edad, la Edad del Oeste (la del Imperio Americano, se entiende), que salta a la vista a cualquier joven estadounidense cuando estudia los edificios neoclásicos de su país o ve la estatua de Prometeo en el Rockefeller Center. 

Estas son las premisas de la novela Percy Jackson y el ladrón del rayo, del escritor norteamericano Rick Riordan (n. 1964), que fue llevada al cine en 2010 con bastante fidelidad al texto original (no entramos en las diferencias entre novela y película, que las hay) y ahora tiene su continuación en Percy Jackson y el Mar de los Monstruos

De la biografía del creador de esta serie, ya cerrada, de cinco novelas, publicadas entre 2005 y 2009 bajo el título genérico de Percy Jackson y los dioses del Olimpo, nos sorprende que durante un tiempo se ganara la vida contando mitos clásicos a jóvenes con problemas escolares semejantes a los de su personaje. Una forma de ganarse la vida que la rancia y encorsetada España restringe todo lo que puede. 

En la versión cinematográfica de la primera entrega de la serie veíamos un totum revolutum de seres de la mitología clásica: una furia, un minotauro, los lotófagos, los centauros, una hidra, la medusa, el can Cerbero, el barquero Caronte; y a los dioses infernales Perséfone y Hades en papeles estelares.

 


A cambio de visualizar los monstruos por medio de los efectos especiales del cine del siglo XXI, los puristas de la mitología clásica tuvimos que aceptar pasmados los abusos mitológicos y los guiños americanos sonrojantes de Riordan y/o los productores de la película (el iPod, las Converse), aunque luego son los que más gustan al público juvenil de todo el mundo. Una cosa iba por la otra.

Esta segunda entrega, Percy Jackson y el Mar de los Monstruos, aporta dos nuevos personajes principales: a Percy, Grover y Annabeth (hija de Atenea) se suman ahora una engreída hija de Aresque acaba reconociendo el liderazgo del protagonista, y un joven cíclope de un solo ojo, que es hijo de Poseidón y lógicamente hermanastro de Percy (en realidad, más «legítimo» que Percy, que a juzgar por su nombre, Perseo, debería ser hijo de Zeus). 

Juntos van a buscar el Vellocino de Oro (nada que ver con la aventura originaria), se enfrentan al cíclope Polifemo, a Crono y a otros enemigos y peligros, como el torbellino Caribdis que vemos en el siguiente clip:



Percy Jackson y el Mar de los Monstruos (2013)   
Percy Jackson y el ladrón del rayo (2010) 

Rick Riordan, Percy Jackson y los dioses del Olimpo, Barcelona: Salamandra, 2006-2010; El ladrón del rayo (2006)
Percy Jackson y el ladrón del rayo (Chris Columbus, 2010)
Percy Jackson y el Mar de los Monstruos (Thor Freudenthal, 2013)