25 de enero de 2014

Mitología en los billetes

EL mundo clásico ha aparecido muchas veces reflejado en sellos, monedas y billetes actuales.

Estos días (13 de enero) se ha presentado en sociedad el nuevo billete de 10 euros de la 'serie Europa', que empezará a entrar en circulación en el mes de septiembre.

                                     specimen, -inis (n.)  'muestra'                   

Una imagen (el rostro) de la doncella Europa figurará en la banda de seguridad del billete y en la marca de agua apreciable al trasluz, como ya lo hace en el billete de cinco euros de la misma serie. 

Europa (el continente, y luego el concepto político y cultural) debe su nombre a aquella doncella fenicia de la mitología griega que fue raptada por Zeus cuando jugaba con sus compañeras a la orilla del mar. Zeus se había transformado en un toro blanco y manso que atrajo la atención de la muchacha, que no dudó en acercarse y montarse en él. En ese instante Zeus se fue alejando mar adentro, hasta Creta, sin que nada pudiera hacer Europa para librarse de los deseos amorosos del dios. En Creta, Zeus y Europa tuvieron tres hijos: Minos, Radamantis y Sarpedón. Luego, Europa fue aceptada en matrimonio por el rey de Creta, Asterión.

El rapto de Europa es uno de los mitos más representados en el arte. En numismática, para no salirnos del tema, aparece en la moneda de dos euros acuñada en Grecia. Ahora, el retrato de Europa se ha tomado de un jarrón del siglo IV a. C. conservado en el Louvre, que muestra la escena de seducción que precede al rapto por Zeus metamorfoseado en toro.



He aquí que «Europa» ha echado mano de la mitología griega para reforzar la unión europea. Un rasgo de esa cultura clásica que en España se considera prescindible, amortizable, inútil. La inculta España es diferente y en cultura clásica no desea equipararse con la culta Europa.

9 de enero de 2014

Venus más delgadas

PUEDE resultar una broma de mal gusto que, después de los empachos culinarios de las últimas Navidades y el consiguiente deseo de empezar una dieta a partir de hoy mismo, según reclama el tópico, traigamos a este blog los experimentos informáticos de adelgazamiento a los que han sido sometidas unas cuantas Venus (en total, diez) del arte pictórico del pasado, incluida la Venus de Botticelli.

Recordemos de entrada que la iconografía de la diosa Venus, desde la paleolítica Venus de Willendorf a la extravagante Lady Gaga, es inagotable en artes mayores o menores, cultas o populares.

El caso es que, en lo que se refiere a la pintura y/o fotografía, hoy en día las técnicas del Photoshop perfeccionan los cuerpos y rostros, ya bellos de por sí, de las/los modelos de las revistas, especialmente si van a aparecer en la portada. Y en algunos casos obran milagros, tal como el maquillaje transforma la cara de las personas hasta al punto de convertirlas en otras muy distintas, incluso opuestas a las primitivas. 

Pero, tratándose de los cuerpos, vayamos a lo que nos incumbe.

La artista italiana Anna Utopia Giordano se ha tomado la libertad de adelgazar, via tratamiento informático, a las Venus del pasado pintadas según el canon de belleza de su época. De su mano, en este su Proyecto Venus, desaparecen las «imperfecciones» físicas (no es necesario enumerarlas) de aquellas diosas, en definitiva mujeres, y nos ofrece un muestrario de cuerpos más acorde con la estética de nuestro tiempo.



¿Para qué? «Tenemos un cuerpo y una percepción de él en nuestra mente, y a partir de ahí podemos elegir cómo ser y cómo vivir», explica la artista.

Nuevamente nos preguntamos si esto que vemos es arte o es ultraje. El artista busca coartadas para hacer de su capa un sayo y echa mano del arte clásico, donde las bellezas femeninas, aunque carecían del tipín de las actuales, sin duda también excitaban los ánimos de sus contemporáneos.

20 de diciembre de 2013

Así escribían (y leían) los romanos


AL hilo de la exitosa exposición La Villa de los Papiros, centrada en la práctica de la escritura y la lectura en la antigua Roma, podemos dar un breve repaso a este interesante tema sin salirnos apenas nada de lo que allí se muestra. 

Los romanos escribían en materiales duros, como la piedra o el bronce. Se trataba de una escritura de carácter público, a la vista de todo el mundo. En piedra, vemos inscripciones (inscriptiones) en arcos de triunfo, estelas funerarias, templos o estatuas. Las leyes municipales, más extensas, se ponían en planchas de bronce.

Las paredes exteriores de las casas eran objeto de frecuentes pintadas. Son los famosos graffiti que «decoraban» las calles de ciudades como Pompeya con propaganda electoral, insultos a personajes conocidos, gracietas y obscenidades varias. 

En el ámbito privado, sobre todo en el educativo, los romanos se servían de unas tablillas cubiertas de cera (tabulae ceratae), sobre la que escribían con un punzón o estilo (stilus) de metal, hueso o marfil. El extremo del punzón terminaba en una espátula que servía para alisar la cera y poder volver a escribir sobre ella. Las tablillas, unidas entre sí por un cordel, formaban dípticos e incluso polípticos de varios elementos.

Raspador, tablillas, tintero, punzón y rollo de papiro

El papiro (el antecedente del papel; 'papel' viene de papyrusera un material más noble que procedía de Egipto. Las hojas de esta planta se unían con pegamento natural, se alisaban con piedra pómez, se escribía en ellas con tinta (atramentum) de origen vegetal, disponiendo la escritura en columnas (paginae), y se enrollaban formando un cilindro o rollo (volumen) en torno a una varilla de madera (umbilicus). Para saber de qué obra se trataba, al rollo se le añadía una etiqueta (titulus) y, además, se podía guardar en una caja cilíndrica con tapa (capsa). En el papiro se escribía con un cálamo (calamus) o pluma de caña hueca y tallada en la punta. Había tinteros de distintos materiales y formas; la tinta era negra o roja (rubrum, de donde nuestra 'rúbrica').

Por último, el códice (codex) se fabricaba con la piel de un animal (oveja, carnero, etc.). Se podía escribir por las dos caras del material (llamado comúnmente pergamino, por la ciudad de Pérgamo que propagó esta técnica. Es, por tanto, el antepasado del libro actual; 'libro' proviene de liber, la corteza de los árboles en la que primitivamente se escribía, antes de significar, aún en el mundo romano, algo semejante a 'capítulo o parte' de una obra).

En suma, los principales soportes de escritura en la Antigüedad grecolatina fueron las tablillas, el papiro y el pergamino. Y los formatos de libro por excelencia, el rollo y el códice.

Leer físicamente un libro en la Roma antigua consistía en leer un rollo de papiro. Para ello había que emplear ambas manos, la izquierda para enrollar el texto ya leído y la derecha para desenrollar y descubrir nuevas secciones de la obra, toda la operación en sentido horizontal. Era un proceso lento y nada fácil, más todavía por el hecho de que los antiguos escribían las palabras sin espacios en blanco (scriptio continua). El códice tenía la ventaja de ser más manejable, y entre otras cosas los pasajes de la obra se localizaban mejor. Pero sólo se generalizó a partir del siglo IV d. de C., momento en el que el modo de escritura y de lectura cambió totalmente.

La lectura se practicaba normalmente en voz alta. Era la lectura más habitual en la Antigüedad clásica (aunque también existen testimonios de lectura silenciosa). Algunos romanos pudientes tenían un esclavo o liberto (un lector) que leía por ellos.