1 de agosto de 2013

Vuelve a escena 'Julio César'

EL teatro romano de Mérida (en otro tiempo Emerita Augusta) ha acogido una nueva representación del Julio César de Shakespeare, dirigida por el escenógrafo Paco Azorín e interpretada por Mario Gas (Julio César), Sergio Peris-Mencheta (Marco Antonio) y Tristán Ulloa (Bruto), dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, edición de 2013.

Muere entonces César... (Foto: Jero Morales)
Se trata de una adaptación a los tiempos actuales. Los personajes no visten togas, sino uniformes militares gris marengo de estética inequívocamente fascista. Vemos en el escenario sillas de madera en lugar de asientos curules, y una pantalla gigante al fondo en la que escrutar los rostros de los actores en primeros planos. De esta novedosa guisa, con la pérdida de la iconografía clásica, vuelve por enésima vez a escena la inmortal tragedia shakespeariana.

Nosotros, sin embargo, echamos de menos las togas pretextas, los cívicos calcei romanos e incluso el flequillo en la frente de los actores para estar seguros, como decía Barthes del Julio César de Mankiewicz, de estar realmente en la antigua Roma, a la que tan sabiamente nos transportó el genio de Shakespeare. 

Pero, en fin, bienvenido sea también este interesante montaje. 

Julio César contiene dos piezas maestras de la oratoria de todos los tiempos: los discursos de Bruto y de Marco Antonio, que nuestra memoria cinematográfica, que podemos refrescar en cualquier momento, a diferencia del teatro, nos trae en las actuaciones memorables de dos grandes actores míticos, James Mason y Marlon Brando, en el mencionado Julio César de Joseph L. Mankiewicz, de 1953. 

Pero, ¿nos sirve la elocuencia shakespeariana (moldeada según los cánones estéticos de la poesía inglesa del Renacimiento) para hacernos una idea de cómo fue la oratoria romana antigua, la que practicaron los verdaderos Bruto, Antonio y Cicerón? 

Pensamos que sí. 

El discurso de Bruto creado por Shakespeare es deliberativo: breve, lacónico, sincero, creíble y convincente, presidido por el logos. El de Antonio, laudatorio y mucho más variado en recursos retóricos: despliega ironía, histrionismo, demagogia, pathos, hasta conseguir arrastrar a la muchedumbre, que acaba invadida por la emoción.

En el original inglés, el discurso de Bruto está escrito en prosa; el de Antonio, en verso suelto no rimado. Es importante la traducción española, que ha de ser elocuente, y la de Ángel-Luis Pujante lo es para esta representación de Paco Azorín; aunque nosotros preferimos, a pesar de sus defectos, la que realizara Luis Astrana Marín allá por 1921, por su estilo ampuloso y su fuerza retórica («...igual que he muerto a mi mejor amigo por la salvación de Roma, tengo el mismo puñal para mí propio cuando plazca a mi patria necesitar mi muerte»), pensando, ilusoriamente, que Shakespeare escribía así.

En Mérida, las últimas noches del mes de julio, los espectadores han aplaudido esta moderna adaptación de Julio César, que vuelve de nuevo a la escena entre nosotros.   

Me dejaría conmover si fuese como vosotros...
W. Shakespeare, Julio César, trad. y ed. Ángel-Luis Pujante, Madrid: Espasa, Austral, 1990.

22 de junio de 2013

Diosas y héroes de Versace

EL genio italiano del vestido, Gianni Versace (1946-1997), se inspiró, entre otros, en el arte grecolatino para crear colecciones y modelos que han pasado a la historia de la moda. 

Versace nació en Reggio di Calabria (S de Italia), donde de niño, según confesó en 1992, empezó a apreciar la Ilíada, la Odisea y la Eneida y comenzó a respirar el arte de la Magna Grecia. Sus creaciones reflejan el arte clásico cuando en ellas aparecen pliegues y drapeados, grecas, guirnaldas, palmetas, amorcillos, atlantes, cariátides y muchísimos otros detalles y conceptos. 


Se comprende que el icono identificativo de la marca fundada por él en 1978 sea una medusa enmarcada en una greca circular. Peinado más sofisticado y mirada más hipnótica que el de la mítica gorgona no puede haber. Es, también, la medusa un símbolo protector, apotropaico. Quien lo lleva, aleja de sí los malos espíritus.


Desaparecido el genio, la firma no ha olvidado sus raíces y ha puesto en el mercado un perfume llamado Eros, publicitado en un contundente spot de 31 segundos y 25 planos que visualiza a un "héroe erótico" clásico (en italiano eroe 'héroe' está aún más cerca de eros 'amor' que en español).

          
Últimamente, para la campaña primavera/verano de 2013, Versace ha caracterizado a la niña mala de la moda, la proteica Kate Moss, de diosa de la caza, amazona o gladiadora, no se sabe bien; en cualquier caso, de diosa de la Antigüedad clásica.




Con ese barniz metálico, la modelo se nos muestra irreconocible, transformada; por eso la hemos llamado proteica, aunque el adjetivo le siente grande (Proteo era un dios marino que tenía el poder de metamorfosearse en lo que quisiera: en animal, agua, árbol...).



Ártemis (Diana), la diosa de la caza para los griegos, reinaba sobre los animales del bosque. Había decidido permanecer virgen y por ello protegía la castidad. En un himno dedicado a esta diosa, el poeta Calímaco le hace pedir a Zeus que le conceda la fisonomía que desde entonces le conocemos: túnica corta de cazadora, sobre las rodillas; cabello partido y recogido en la nuca; sandalias; arco y flechas; escolta de animales, perros o ciervos.


Por su parte las amazonas vivían en el Cáucaso bajo el gobierno de una reina. No admitían la presencia de hombres en sus dominios más que una vez al año, para la propagación de su raza. Recorrían las regiones del Asia Menor montadas a caballo, viviendo del pillaje y de la rapiña. Combatían con arco, en el que eran muy diestras; se les atribuía la costumbre de amputarse el seno derecho, para facilitar el manejo del arco.

Tuviera en mente amazonas, diosas o gladiadoras, Versace ha retomado la senda clásica en esta nueva colección. Lo clásico, habrá recordado, es garantía de éxito.


9 de junio de 2013

Aquellos divertidos romanos

DEL conocido humorista gráfico Forges (Antonio Fraguas, Madrid, 1942) dice la Wikipedia que «fue mal estudiante». 

En el bachillerato de su época seguramente Forges debió de tener contacto con el latín y por supuesto con la historia antigua de España. 

Así que de vez en cuando vemos en la prensa viñetas suyas que espontáneamente reflejan el poso de cultura clásica y de latín que ha podido quedarle a cualquier estudiante de aquel tiempo que recuerde estas materias con buen humor y no, como a muchos les sucede, con amargo resentimiento. 

Aquella generación se acuerda y salmodia jocosamente el Gallia est omnis divisa in partes tres y el Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?, célebres comienzos de la Guerra de las Galias de César y de la primera catilinaria de Cicerón, respectivamente; o tiene somera idea de las provincias en que los romanos dividieron la península Ibérica y de los hechos más conocidos de la historia de Roma. 

Ahora, muchos años después, se ve que aquellos lejanos recuerdos no han caído en saco roto y pueden traerse a cuento de circunstancias azarosas como la Selectividad o las elecciones al Parlamento europeo; o, más recientemente, pueden inspirar una sección dedicada al latín en un exitoso programa de radio