EL regreso de Ulises (The Return, 2025; dir. Uberto Pasolini) se centra en el doble tema fundamental de la Odisea de Homero: el regreso a su patria y la venganza de uno de los héroes más famosos que participaron en la Guerra de Troya, Odiseo, más conocido por su nombre latino, Ulises. No se plantea las emblemáticas aventuras y penalidades que debió superar hasta conseguir llegar a Ítaca. Prescinde asimismo de los dioses: de Atenea, que le instruiría a él y a su hijo Telémaco en la manera de recuperar, tras una ausencia de veinte años, su reino usurpado por un grupo de nobles que aspiran a casarse con Penélope al mismo tiempo que dilapidan su hacienda.
Estas dos premisas de ausencia de dioses y de elementos fantásticos, establecidas por el director de la película, hace que en las primeras escenas veamos a un Ulises desnudo y magullado en las costas de Ítaca (como debió de aparecer en el país de los feacios, tras ser zarandeado por Posidón, cuando lo descubrió en la playa la princesa Nausícaa) y no envuelto en la niebla por obra de su protectora Atenea. Con Ulises como náufrago maltrecho, soldado que luchó en Troya y extranjero, ya no es necesario que la diosa lo disfrace de mendigo con un toque de varita mágica, para, presentándose de esta forma, dar cumplimiento a la venganza sobre los pretendientes.
A partir de aquí, todo lo importante de la parte final de la Odisea (los cantos XIII a XXIV, nada menos que la mitad del poema, no se olvide) está presente con gratificante fidelidad. Los pretendientes, el porquero Eumeo, el perro Argos, la nodriza Euriclea, la cicatriz, Penélope y la tela, la prueba del arco, el lecho de olivo, los reconocimientos, la matanza, Telémaco, el paisaje (que no se ha hallado en la propia Ítaca, sino en Corfú, el Peloponeso y Cilene), el palacio situado en una acrópolis, sus pasillos y paredes desnudas, las cabañas del pueblo. Laertes, en cambio, se aleja del texto homérico.
Otra declaración del director revela la novedad de su propuesta: «Lo que nos interesó más en la película fue buscar al hombre que sufría por la culpa de lo que había hecho en la guerra, por haber dejado atrás a sus compañeros y por haber estado ausente tanto tiempo» (El Español). Con esto ya nos da la clave, aunque por suerte no sea tan evidente en la película: este Ulises (sensacional Ralph Fiennes) está despojado de su primigenia personalidad de trickster y de sus cualidades oratorias para mostrarse introspectivo, retraído y parco en palabras, afectado como está por un sentimiento de culpa que transmite a través de su mirada alucinada. Ulises fue a Troya como héroe y regresó de aquella guerra como hombre y, en consecuencia, traumatizado. Menos oportuno nos parece un Telémaco cabreado con su padre e insolente con su madre.
Si esto es así, la falta de ritmo o la tediosidad que la crítica reprocha a la película sería de hecho la mejor adaptación estilística al tema que trata y a la técnica homérica llamada de la 'retardación' (que consiste en anunciar pronto un hecho —el regreso de Aquiles al combate, la venganza de Ulises— y retrasar lo máximo posible su cumplimiento). En los versos de Homero, en esta parte de la Venganza hay mucho diálogo, mucha descripción y, en realidad, poca acción.
En suma, de esta versión de la Odisea nos quedamos con lo que tiene de fidelidad a los versos de Homero y aceptamos el toque personal de Pasolini de humanizar al personaje homérico.



No hay comentarios:
Publicar un comentario