14 de marzo de 2021

El Palatino: lo que nos dice la arqueología

EL Palatino, una de las siete principales colinas de Roma, fue el lugar de residencia de los primeros emperadores: Augusto, que buscaba el prestigio de vivir en el lugar donde Rómulo fundara la ciudad; Tiberio, Nerón y Domiciano. En época republicana, vivieron allí personajes como Sila, Hortensio, Craso —al que Cicerón compró la casa por 3,5 millones de sestercios—, Clodio y Marco Antonio, entre otros. Cicerón se vanagloriaba de estar su casa a la vista de casi toda la ciudad (In conspectu prope totius urbis domus est mea, De domo sua, 100), y, se supone, desde allí arriba podría ver si había algún evento en el Foro. El Palatino, para los que gustan de hacer comparaciones con la modernidad (del tipo «la pluma de ganso era el Bic de la época»), era el Beverly Hills de la antigua Roma: exclusivo y prestigioso.

De aquel prestigio hoy en ruinas recabamos los datos arqueológicos que ofrecen las placas de bronce de la Sovrintendenza Capitolina.

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Domus Tiberiana. Subestructuras del palacio y del 'Clivus Victoriae'

La fachada mejor conservada de la Domus Tiberiana es aquella a la que pertenecen las calles superiores que dan a la Vía Sacra y al Foro. Se trata de construcciones robustas, que sustentaron la progresiva ampliación del palacio emprendida por los emperadores julio-claudios (14-68 d. C.), llevada a cabo por los flavios (siglo I d. C.) y completada por los antoninos (II d. C.). El palacio albergaba apartamentos y oficinas, a juzgar por la refinada decoración de algunas habitaciones (frescos, estucos y mosaicos) y por los grafitis. Estaba atravesado por una calle cubierta, tradicionalmente llamada Clivus Victoriae, en la que había almacenes y alojamiento para los moradores, el personal de guardia y algunos accesos al palacio.

 General view shows the Roman Forum and the Colosseum archaeological park area from the Palatin Hill, on October 26, 2023 in Rome, Italy. The...

Complejo del santuario y la Casa de Augusto 

En lo alto del Palatino, frente al valle del Circo Máximo y junto a las memorias del fundador Rómulo, conservadas en el santuario de la Victoria y de la Magna Mater, las excavaciones han sacado a la luz los restos de la casa de Augusto y el gran santuario que dedicó a Apolo, en el 28 a. C. La zona estuvo ocupada anteriormente por un barrio residencial de finales de la época republicana (siglos II-I a. C.). De hecho, allí existieron casas aristocráticas, dotadas de lujosas decoraciones en suelos y paredes, de las que se conservan llamativos restos, capaces de devolver parcialmente el aspecto del Palatino de la época, sede de las casas de los hombres más poderosos de Roma. Autores antiguos dicen que, primero, Octavio Augusto vivió en una de estas casas, elegida por estar cerca de la casa original del fundador Rómulo, con quien el princeps aspiraba a identificarse. Sin embargo, más tarde, a partir de esta casa, Augusto inició la construcción de un santuario dominado por el templo de Apolo, su divinidad tutelar, en el que se insertaron su nueva casa particular y la casa pública que le pertenecía como pontífice máximo. Al santuario también pertenecían un lugar de culto a Vesta, un gran pórtico delante del templo de Apolo, decorado con estatuas, y una biblioteca, abierta al pórtico, utilizada también como curia para las sesiones ocasionales del Senado. El gran conjunto encargado por Augusto revolucionó el aspecto del barrio, transformando esta zona en un núcleo de edificios sacros vinculados a la memoria del primer emperador romano. 

Casa de Livia (☆)

Una de las casas tardorrepublicanas mejor conservadas del Palatino es la llamada Casa de Livia debido al descubrimiento, en su sótano, de una tubería de agua grabada con el nombre de Livia, la esposa de Augusto, que por tanto vivió aquí. Entre las habitaciones conservadas, situado en el sótano, hay una especie de atrio, sostenido por pilares de travertino, y a él se abren cuatro grandes salas, decoradas con paredes de mosaicos y refinados frescos del segundo estilo [pompeyano]. En las paredes están representadas escenas de mitos y decoraciones de género. En el ambiente central (el llamado tablinum) aparece Mercurio, que libera a Ío, amada por Júpiter, del cautiverio de Argos, y la ninfa Galatea, que escapa de su amante Polifemo. En la sala de la izquierda (la llamada ala) hay grifos alados y figuras fantásticas, mientras que, en la de la derecha, un falso pórtico decorado con un friso amarillo con paisajes impresionistas, del que cuelgan festones de hojas, flores y frutos. En la sala lateral (llamada triclinium) están pintadas las arquitecturas falsas que se abren a los santuarios rurales dedicados a Apolo y Diana. Desde el atrio del sótano, a través de una escalera interior, se llega al piso superior de la casa, donde se conservan pequeñas habitaciones de servicio, probablemente incluyendo una cocina, con un sencillo suelo de baldosas (opera spicata) y accesorios típicos como un pozo, un baño y una bañera. La casa, construida a principios del siglo I a. C., sufrió poco después varias renovaciones, algunas de ellas que quizás podamos atribuir a Livia y, por tanto, al propio Augusto.

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Templo de Magna Mater 

En 204 a. C., para enfrentarse a la amenaza del avance de Aníbal, el Senado consagró la construcción de un templo al lado del de la Victoria, dedicado a la Magna Mater, una deidad de Asia Menor representada por una misteriosa piedra negra. De acuerdo con la tradición, la diosa protegió a Eneas en su huida de Troya, y protegería por lo tanto a los romanos que consideraban a este héroe su noble ancestro. El templo fue construido en el año 191 a. C., pero el podio alto que sobrevive hoy se remonta a las obras realizadas después del incendio de 111 a. C., seguido por la restauración de Augusto. La plaza frente al templo acogió los Ludi Megalenses, un festival anual en honor de la diosa con rituales cruentos y actuaciones teatrales. 

Domus Flavia. Salón Real 

La sala principal, probablemente reservada para las audiencias del emperador, se denomina tradicionalmente Salón Real. Tenía unas dimensiones excepcionales (1280 m2) y una compleja decoración arquitectónica de la que se conservan muchos elementos. En las paredes se abrieron ocho nichos para estatuas colosales: dos fueron recuperados aquí intactos en 1724, un Hércules y un Dioniso en basalto verde, mientras que sólo se encontró la cabeza de Júpiter. Las hornacinas estaban enmarcadas por edículos y por una columna elevada en varios niveles, con bases y capiteles finamente esculpidos y un friso con motivos militares.

La Domus Transitoria 

Bajo el triclinio del Palacio Flaviano se conservan importantes restos del palacio de Nerón que, según autores antiguos, se extendía desde el Palatino hasta la colina del Oppio. La grandiosa Domus Neroniana, inicialmente definida como "transitoria", fue reconstruida después del incendio del 64 d. C. y se llama "áurea". Los espacios neronianos fueron excavados por la familia Farnesio en el siglo XVIII y nuevamente a principios del siglo XX. A través de dos antiguas escaleras de acceso se desciende a un patio, que tiene a un lado un ninfeo dividido en hornacinas; la central albergaba una cascada que alimentaba los chorros frente a un púlpito adornado con columnas de mármol de colores. En el lado opuesto, un pabellón con columnas estaba destinado a la estancia de verano del emperador, en correspondencia con la hornacina semicircular. A los lados del patio había habitaciones lujosamente decoradas, con suelos de taraceas de colores, paredes de mármol y frescos con representaciones épicas: las escenas pictóricas, enriquecidas con pasta de vidrio, hacían referencia principalmente al ciclo de la Guerra de Troya, tema favorito de Nerón (las pinturas se exhiben en el Museo Palatino). Los muros estaban interrumpidos por estructuras escalonadas para la cascada de agua. La profusión de dorados en la decoración pictórica debió producir una conexión inmediata con la Edad de Oro, de la que Nerón se posicionó como iniciador. 

Habitaciones de la Domus Augustana con vistas al Circo Máximo 

En este sector del edificio se encuentran algunas de las estancias que daban al patio porticado situado —diez metros más abajo— en el sótano, donde había apartamentos privados aún hoy accesibles por una antigua escalera. También quedan restos de una serie de estancias organizadas de forma simétrica y dotadas del característico nicho apto para albergar triclinia (sofás). Cada habitación daba a un patio semicircular adornado con una fuente y, a través de puertas, comunicaba con la terraza panorámica porticada, que cerraba la fachada del edificio en el lado que daba al valle del Circo Máximo.

 The House of Augustus, or the Domus Augustana, is the first major site upon entering the Palatine Hill in Rome,Italy. In antiquity this residence...

Domus Augustana. Peristilo superior 

La planta baja del sector "privado" del palacio se disponía alrededor de un patio porticado con columnas de mármol de colores, idéntico al del sector "público"; en el centro había una gran piscina dentro de la cual se construyó un pequeño templo en un período tardío, al que se accede desde un pequeño puente sobre arcos. A los lados del peristilo había varias salas de estar y de banquetes, algunas de las cuales aún conservan vestigios de sus suelos de mármol de finos colores. En las paredes de una de estas salas se encontraron restos de frescos de temática cristiana (hoy gravemente dañados), pertenecientes a un oratorio tardío.

El olivo de Minerva 

El olivo es considerado, en las fuentes clásicas, como la planta sagrada a Minerva, entregada a los hombres por la diosa cuando, golpeando la roca con su lanza, hizo nacer de la tierra el primer olivo. El aceite de oliva se convirtió en una de las principales riquezas de los romanos: se utilizaba para iluminar la noche, curar heridas y ofrecer alimento a la población; las ramas de olivo honraron a los ciudadanos ilustres y a los vencedores. Los olivos presentes en la Domus Augustana, el gran palacio imperial construido por Domiciano en el monte Palatino sobre edificios anteriores, recuerdan la devoción que el emperador Domiciano tenía a Minerva, a quien había dedicado numerosos templos y homenajes, como lo demuestra también la representación de la diosa en muchas monedas acuñadas bajo su reinado.