14 de marzo de 2021

El Palatino: lo que nos dice la arqueología

EL Palatino, una de las siete principales colinas de Roma, fue el lugar de residencia de los primeros emperadores: Augusto, que buscaba el prestigio de vivir en el lugar donde Rómulo fundara la ciudad; Tiberio, Nerón y Domiciano. En época republicana, vivieron allí personajes como Sila, Hortensio, Craso —al que Cicerón compró la casa por 3,5 millones de sestercios—, Clodio y Marco Antonio, entre otros. Cicerón se vanagloriaba de estar su casa a la vista de casi toda la ciudad (In conspectu prope totius urbis domus est mea, De domo sua, 100), y, se supone, desde allí arriba podría ver si había algún evento en el Foro. El Palatino, para los que gustan de hacer comparaciones con la modernidad (del tipo «la pluma de ganso era el Bic de la época»), era el Beverly Hills de la antigua Roma: exclusivo y prestigioso.

De aquel prestigio hoy en ruinas recabamos los datos arqueológicos que ofrecen las placas de bronce de la Sovrintendenza Capitolina.

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Domus Tiberiana. Subestructuras del palacio y del 'Clivus Victoriae'

La fachada mejor conservada de la Domus Tiberiana es aquella a la que pertenecen las calles superiores que dan a la Vía Sacra y al Foro. Se trata de construcciones robustas, que sustentaron la progresiva ampliación del palacio emprendida por los emperadores julio-claudios (14-68 d. C.), llevada a cabo por los flavios (siglo I d. C.) y completada por los antoninos (II d. C.). El palacio albergaba apartamentos y oficinas, a juzgar por la refinada decoración de algunas habitaciones (frescos, estucos y mosaicos) y por los grafitis. Estaba atravesado por una calle cubierta, tradicionalmente llamada Clivus Victoriae, en la que había almacenes y alojamiento para los moradores, el personal de guardia y algunos accesos al palacio.

 General view shows the Roman Forum and the Colosseum archaeological park area from the Palatin Hill, on October 26, 2023 in Rome, Italy. The...

Complejo del santuario y la Casa de Augusto 

En lo alto del Palatino, frente al valle del Circo Máximo y junto a las memorias del fundador Rómulo, conservadas en el santuario de la Victoria y de la Magna Mater, las excavaciones han sacado a la luz los restos de la casa de Augusto y el gran santuario que dedicó a Apolo, en el 28 a. C. La zona estuvo ocupada anteriormente por un barrio residencial de finales de la época republicana (siglos II-I a. C.). De hecho, allí existieron casas aristocráticas, dotadas de lujosas decoraciones en suelos y paredes, de las que se conservan llamativos restos, capaces de devolver parcialmente el aspecto del Palatino de la época, sede de las casas de los hombres más poderosos de Roma. Autores antiguos dicen que, primero, Octavio Augusto vivió en una de estas casas, elegida por estar cerca de la casa original del fundador Rómulo, con quien el princeps aspiraba a identificarse. Sin embargo, más tarde, a partir de esta casa, Augusto inició la construcción de un santuario dominado por el templo de Apolo, su divinidad tutelar, en el que se insertaron su nueva casa particular y la casa pública que le pertenecía como pontífice máximo. Al santuario también pertenecían un lugar de culto a Vesta, un gran pórtico delante del templo de Apolo, decorado con estatuas, y una biblioteca, abierta al pórtico, utilizada también como curia para las sesiones ocasionales del Senado. El gran conjunto encargado por Augusto revolucionó el aspecto del barrio, transformando esta zona en un núcleo de edificios sacros vinculados a la memoria del primer emperador romano. 

Casa de Livia (☆)

Una de las casas tardorrepublicanas mejor conservadas del Palatino es la llamada Casa de Livia debido al descubrimiento, en su sótano, de una tubería de agua grabada con el nombre de Livia, la esposa de Augusto, que por tanto vivió aquí. Entre las habitaciones conservadas, situado en el sótano, hay una especie de atrio, sostenido por pilares de travertino, y a él se abren cuatro grandes salas, decoradas con paredes de mosaicos y refinados frescos del segundo estilo [pompeyano]. En las paredes están representadas escenas de mitos y decoraciones de género. En el ambiente central (el llamado tablinum) aparece Mercurio, que libera a Ío, amada por Júpiter, del cautiverio de Argos, y la ninfa Galatea, que escapa de su amante Polifemo. En la sala de la izquierda (la llamada ala) hay grifos alados y figuras fantásticas, mientras que, en la de la derecha, un falso pórtico decorado con un friso amarillo con paisajes impresionistas, del que cuelgan festones de hojas, flores y frutos. En la sala lateral (llamada triclinium) están pintadas las arquitecturas falsas que se abren a los santuarios rurales dedicados a Apolo y Diana. Desde el atrio del sótano, a través de una escalera interior, se llega al piso superior de la casa, donde se conservan pequeñas habitaciones de servicio, probablemente incluyendo una cocina, con un sencillo suelo de baldosas (opera spicata) y accesorios típicos como un pozo, un baño y una bañera. La casa, construida a principios del siglo I a. C., sufrió poco después varias renovaciones, algunas de ellas que quizás podamos atribuir a Livia y, por tanto, al propio Augusto.

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Templo de Magna Mater 

En 204 a. C., para enfrentarse a la amenaza del avance de Aníbal, el Senado consagró la construcción de un templo al lado del de la Victoria, dedicado a la Magna Mater, una deidad de Asia Menor representada por una misteriosa piedra negra. De acuerdo con la tradición, la diosa protegió a Eneas en su huida de Troya, y protegería por lo tanto a los romanos que consideraban a este héroe su noble ancestro. El templo fue construido en el año 191 a. C., pero el podio alto que sobrevive hoy se remonta a las obras realizadas después del incendio de 111 a. C., seguido por la restauración de Augusto. La plaza frente al templo acogió los Ludi Megalenses, un festival anual en honor de la diosa con rituales cruentos y actuaciones teatrales. 

Domus Flavia. Salón Real 

La sala principal, probablemente reservada para las audiencias del emperador, se denomina tradicionalmente Salón Real. Tenía unas dimensiones excepcionales (1280 m2) y una compleja decoración arquitectónica de la que se conservan muchos elementos. En las paredes se abrieron ocho nichos para estatuas colosales: dos fueron recuperados aquí intactos en 1724, un Hércules y un Dioniso en basalto verde, mientras que sólo se encontró la cabeza de Júpiter. Las hornacinas estaban enmarcadas por edículos y por una columna elevada en varios niveles, con bases y capiteles finamente esculpidos y un friso con motivos militares.

La Domus Transitoria 

Bajo el triclinio del Palacio Flaviano se conservan importantes restos del palacio de Nerón que, según autores antiguos, se extendía desde el Palatino hasta la colina del Oppio. La grandiosa Domus Neroniana, inicialmente definida como "transitoria", fue reconstruida después del incendio del 64 d. C. y se llama "áurea". Los espacios neronianos fueron excavados por la familia Farnesio en el siglo XVIII y nuevamente a principios del siglo XX. A través de dos antiguas escaleras de acceso se desciende a un patio, que tiene a un lado un ninfeo dividido en hornacinas; la central albergaba una cascada que alimentaba los chorros frente a un púlpito adornado con columnas de mármol de colores. En el lado opuesto, un pabellón con columnas estaba destinado a la estancia de verano del emperador, en correspondencia con la hornacina semicircular. A los lados del patio había habitaciones lujosamente decoradas, con suelos de taraceas de colores, paredes de mármol y frescos con representaciones épicas: las escenas pictóricas, enriquecidas con pasta de vidrio, hacían referencia principalmente al ciclo de la Guerra de Troya, tema favorito de Nerón (las pinturas se exhiben en el Museo Palatino). Los muros estaban interrumpidos por estructuras escalonadas para la cascada de agua. La profusión de dorados en la decoración pictórica debió producir una conexión inmediata con la Edad de Oro, de la que Nerón se posicionó como iniciador. 

Habitaciones de la Domus Augustana con vistas al Circo Máximo 

En este sector del edificio se encuentran algunas de las estancias que daban al patio porticado situado —diez metros más abajo— en el sótano, donde había apartamentos privados aún hoy accesibles por una antigua escalera. También quedan restos de una serie de estancias organizadas de forma simétrica y dotadas del característico nicho apto para albergar triclinia (sofás). Cada habitación daba a un patio semicircular adornado con una fuente y, a través de puertas, comunicaba con la terraza panorámica porticada, que cerraba la fachada del edificio en el lado que daba al valle del Circo Máximo.

 The House of Augustus, or the Domus Augustana, is the first major site upon entering the Palatine Hill in Rome,Italy. In antiquity this residence...

Domus Augustana. Peristilo superior 

La planta baja del sector "privado" del palacio se disponía alrededor de un patio porticado con columnas de mármol de colores, idéntico al del sector "público"; en el centro había una gran piscina dentro de la cual se construyó un pequeño templo en un período tardío, al que se accede desde un pequeño puente sobre arcos. A los lados del peristilo había varias salas de estar y de banquetes, algunas de las cuales aún conservan vestigios de sus suelos de mármol de finos colores. En las paredes de una de estas salas se encontraron restos de frescos de temática cristiana (hoy gravemente dañados), pertenecientes a un oratorio tardío.

El olivo de Minerva 

El olivo es considerado, en las fuentes clásicas, como la planta sagrada a Minerva, entregada a los hombres por la diosa cuando, golpeando la roca con su lanza, hizo nacer de la tierra el primer olivo. El aceite de oliva se convirtió en una de las principales riquezas de los romanos: se utilizaba para iluminar la noche, curar heridas y ofrecer alimento a la población; las ramas de olivo honraron a los ciudadanos ilustres y a los vencedores. Los olivos presentes en la Domus Augustana, el gran palacio imperial construido por Domiciano en el monte Palatino sobre edificios anteriores, recuerdan la devoción que el emperador Domiciano tenía a Minerva, a quien había dedicado numerosos templos y homenajes, como lo demuestra también la representación de la diosa en muchas monedas acuñadas bajo su reinado.

4 de febrero de 2021

El Foro desde el Foro (con Piranesi al fondo)

¿CUÁNTAS guías sobre el Foro romano se pueden encontrar en las secciones de arqueología y de turismo de las librerías de todo el mundo? Infinitas. Cada turista, cada degustador de la Roma antigua y del Foro romano lleva la suya: aquella que ha elegido por tamaño y peso (razones de equipaje), precio, contenido, ilustraciones, idioma, editorial o autor. Guías extensas o simplificadas, densas o visuales, un simple mapa o todo un desplegable. Cientos de enfoques posibles para acometer gozosamente una passeggiata por el Foro romano y machacarse los pies entre las piedras y veredas de este histórico espacio, bajo un sol de justicia o con tiempo nublado y ráfagas de lluvia si ello sucede, evocando la presencia de Cicerón en los rostra y reflexionando sobre la caducidad de la vida con el poema de Quevedo en mente («Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, / y en Roma misma a Roma no la hallas», etc.). 

En cierta ocasión seguimos las pocas páginas firmadas por el conocido arqueólogo y novelista italiano, Valerio M. Manfredi, para la revista Condé Nast Traveler en español. Entonces, la entrada al recinto era por la via dei Fori Imperiali y el recorrido comenzaba en el Lapis Niger e iba en dirección al Arco de Tito (de hecho, la numeración de las audioguías aún sigue ese sentido). Hoy, el recorrido se hace a la inversa, y lo primero que encuentra el visitante es el Arco de Tito. Junto a él, como junto al resto de monumentos y espacios del Foro, hay una placa de bronce clavada con la sucinta información que los expertos de la Sovrintendenza Capitolina ofrecen al visitante. Hoy dejaremos en casa cualquier guía de papel y nos detendremos a leer esas tabulae explicativae, sin entrar en posibles errores o diferentes interpretaciones.

A la documentación arqueológica se añade la mirada del grabador veneciano Giovanni Battista Piranesi (siglo XVIII), cuyas Vedute di Roma muestran el estado ruinoso y evocador del Foro romano, tal como él lo vio —y reinterpretó— y lo visitaron los viajeros del Grand Tour.



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Podio de un templo. En la esquina entre el Clivus Palatinus y la Vía Sacra, cerca del arco de Tito, se encuentra el podio de un templo hecho de conglomerado de cemento [opus caementicium] y bloques [de toba], muchos de los cuales han sido extraídos. Probablemente fue construido en época flavia (69-96 d. C.), ya que corresponde, por su posición y orientación, a la reorganización urbana tras el incendio del año 64 d. C. La identificación del templo, que durante mucho tiempo se creyó que era el de Júpiter Stator, sigue siendo incierta. Tras su demolición, su base fue reutilizada para una construcción posterior, quizás una torre medieval.  

Arco di TitoArco de Tito (☆). La inscripción recuerda que el arco fue dedicado por el Senado y el pueblo romano al emperador tras su victoria sobre Judea (70 d. C.). En el interior están representados episodios de la conquista: en uno de los paneles, la procesión con el botín sustraído de Jerusalén, incluido el candelabro de siete brazos [menorá]; en el otro, Tito sobre la cuadriga, seguido de la Victoria y las personificaciones del Pueblo y el Senado; en el exterior, la procesión de los judíos derrotados. En la Edad Media, el arco se insertó en las fortificaciones construidas por la familia Frangipane y en 1821 fue liberado por el arquitecto Valadier. 

Cimentaciones neronianas. Se cree que los cimientos de conglomerado de cemento que giran en ángulo desde el Foro hacia el Palatino, a la altura del arco de Tito, pertenecen al inmenso pórtico que, según las fuentes antiguas, Nerón había construido como vestíbulo de su Domus Aurea. Esta parte frontal se extendía desde el Foro hasta la zona del templo de Venus y Roma, por una longitud de aproximadamente 300 metros, y rodeaba la colosal estatua de Nerón, de 120 pies de altura (unos 35 metros), levantada cerca del citado templo.

El 'Vicus ad Carinas' (el camino a las Carinas). El vicus estaba entre las rutas más antiguas de Roma: desde la época republicana conectaba el barrio de las Carinae [las quillas] en la colina del Esquilino (una de las zonas más pobladas de Roma) con el Foro, atravesando desde el siglo IV d. C. la Vía Sacra entre el llamado templo de Rómulo y la basílica de Majencio. Sujeto a cambios de ruta a medida que la ciudad crecía, permaneció en uso durante toda la Antigüedad. La ruta actual sigue la reorganización posterior al incendio neroniano del 64 d. C. y la construcción en el 75 d. C. del Templum Pacis, más tarde Foro de la Paz. Los arquitectos que en el siglo IV d. C. diseñaron la basílica de Majencio no interrumpieron el camino, sino que lo incorporaron a través de una galería construida en la esquina norte del nuevo edificio. Desde época flavia (69-96 d. C.) y hasta la construcción de la basílica, a lo largo del vicus se sucedieron las tabernae (tiendas y almacenes), de las que se conservan algunos restos. En la Edad Media la calle, reorganizada varias veces debido al continuo desgaste, era un camino impermeable y adoquinado que servía a la iglesia de los SS. Cosme y Damián, fundada en el siglo VI d. C. en el Foro de la Paz. Parte del vicus también se utilizaba como cementerio conectado con la cercana basílica: vivos y muertos compartían los espacios, como era costumbre en la sociedad de la época. Los enterramientos eran simples fosas excavadas en el suelo, señalizadas en el exterior por cubiertas de tablas de madera. Las tumbas estaban dispuestas tanto en el centro como en los bordes del camino. Una vez agotados los espacios disponibles, las nuevas tumbas se insertaron en los muros que lo delimitaban, creando nichos funerarios en su interior. El trazado del vicus aún se conserva a lo largo del eje que conecta las calles del Templo de la Paz, el Frangipane y las Siete Salas.

Cella de Venus. El templo más grande que jamás haya tenido la ciudad fue dedicado por Adriano al doble culto a Venus y a la diosa Roma. Aquí se honra a Venus sobre todo como madre de Eneas, el fundador de la ciudad. La estatua de culto, de la que hoy sólo queda un fragmento de pórfido del drapeado del manto, debió representar a la diosa de pie con un Cupido en la mano derecha y una jabalina en la izquierda. 

Templo de Venus y Roma. El templo de Venus y Roma fue construido en la colina Velia por el emperador Adriano (117-138 d. C.), con dos cellas opuestas. Después de un incendio fue restaurado por el emperador Majencio (306-312 d. C.). En la fase adrianea el templo está construido con bloques de peperino revestidos de mármol y las cellas están separadas por un muro recto. En la fase majenciana, visible hoy, las cellas fueron revestidas de ladrillo y transformadas con ábsides y bóvedas artesonadas. Una doble hilera de columnas, ahora "marcadas" en el pavimento, rodeaba las cellas. La plataforma del templo estaba delimitada en los lados longitudinales por pórticos con columnas de granito gris. En el siglo IX la parte occidental del templo fue ocupada por la iglesia y convento de Santa María Nova, hoy Santa Francesca Romana.
• PIRANESI ANTE EL FORO •

'Veduta degli avanzi di due Triclinia che appartenavano alla Casa aurea di Nerone...', 1759; de Vedute di Roma. 

File:Piranesi-17020.jpg

Con el fin del mundo antiguo, el templo de Venus y Roma, durante mucho tiempo considerado parte de la Domus Aurea de Nerón, se convirtió en una de las canteras de expolio favoritas de los depredadores de materiales de construcción. Desde el siglo VII, la que más se benefició del saqueo del templo fue la fábrica de San Pedro en el Vaticano, a la que también estaban destinadas las preciosas tejas de latón del tejado, robadas posteriormente por los sarracenos en el 846. Y la búsqueda de las antigüedades estuvo de moda hasta el siglo XVIII, si consideramos reales y no ficticios los dos picos dibujados por Piranesi en el centro de la vista, con la intención de liberar del suelo un gran fragmento de un marco arquitectónico, medio enterrado. En primer plano, a la derecha, hay un lavadero que probablemente hace referencia al cercano convento de Santa Francesca Romana, como sugiere el fraile delante del tendedero.

Pórtico medieval. Los restos de este pequeño edificio, formado por pilares y arcos de ladrillo, pertenecen a una casa particular que daba a la calle en la Edad Media, cuando el nivel de toda la zona era mucho más elevado, como atestiguan los cimientos del pórtico, que saltan a la vista.
 

Templo llamado de Rómulo. A partir de una representación en una moneda, la construcción, de forma poco común en la arquitectura romana, se identifica con el templo que el emperador Majencio construyó en el año 307 d. C. en honor a su hijo, fallecido a temprana edad. El edificio circular está flanqueado por dos cellas absidales que se abren al frente con pequeños pórticos adornados con columnas de pórfido. La puerta de bronce es original y la cerradura aún funciona. El papa Félix V (537-550) había transformado el monumento en el vestíbulo de la iglesia de los SS. Cosme y Damián, pero en 1879 se reabrió la entrada al Foro.  

La llamada 'carcer'. Las tres pequeñas habitaciones, que se abren a un corredor con paredes de grandes bloques de toba y umbrales y jambas de travertino, se denominan comúnmente Carcer, pero erróneamente, ya que la tradición atestigua la existencia de una sola prisión en Roma, el Carcer Tullianum, en las laderas del monte Capitolino. Considerado por algunos como un lupanar, se pueden reconocer más bien las habitaciones de servicio de una casa romana, tal vez destinadas a almacenes o alojamiento de esclavos.  

Tumba arcaica. En esta zona se excavaron en 1902 tumbas muy antiguas que datan de entre los siglos IX y VII a. C., existiendo dos tipos de sepulturas: cremación e inhumación. En las primeras, más antiguas, suele haber una urna cineraria en forma de choza con los restos del difunto; en las tumbas de inhumación, el cadáver era enterrado directamente en la tierra o en ataúdes de madera o toba. El ajuar funerario encontrado en las tumbas (jarrones empastados, buccheri y joyas de bronce) se conserva en el Anticuario Forense (en construcción).    

Regia. Situada cerca del templo de Vesta, se cree que fue construida por el rey religioso Numa Pompilio, fue el lugar donde los reyes de Roma ejercían su poder político y religioso. Tiene una planta similar a las casas arcaicas y su naturaleza regia está atestiguada por las ricas terracotas arquitectónicas que se encuentran aquí. Las excavaciones han identificado cinco fases constructivas diferentes, que se remontan a entre los siglos VII y VI a. C., cuando el edificio adquirió su aspecto definitivo. Compuesta por tres salas que daban a un patio trapezoidal, una de las salas contenía el sagrario en el que se conservaban los atributos del dios Marte. En la Regia se conservaron los anales, el calendario y los archivos del Pontifex Maximus. 

Templo de Antonino y Faustina (☆). El templo, como lo atestigua la inscripción, fue dedicado por el Senado a Faustina en el año 141 d. C. y, a su muerte, también a su marido el emperador Antonino Pío (138-161 d. C.). Las largas paredes de la cella, hechas de bloques cuadrados de peperino, originalmente estaban revestidas de mármol. En el centro de la escalera restaurada se encuentran los restos de un altar. La estatua visible detrás de las seis columnas de la fachada probablemente perteneció al templo, que en la Edad Media se transformó en la iglesia de S. Lorenzo in Miranda. Posteriormente, el papa Urbano V reutilizó los materiales de construcción del interior de la iglesia para restaurar el palacio posterior.

• PIRANESI ANTE EL FORO •

'Veduta del Tempio di Antonino e Faustina in Campo Vaccino'; 1758, de Vedute di Roma. 

Archivo:Piranesi-17017.jpg

El punto de vista extremadamente cercano al monumento hace que la vista del Templo de Antonino y Faustina sea uno de los grabados más evocadores dedicados por Piranesi al Foro romano. De hecho, se trata de una de sus fusiones más exitosas entre una descripción precisa y analítica del monumento y una presentación de fuerte impacto estético y emocional, gracias a la elección de un encuadre en escorzo y una solución en perspectiva capaz de colocar al espectador en el centro de la escena representada. En el siglo VII se estableció aquí una colegiata dedicada a S. Lorenzo, más tarde conocido como in Miranda. En 1429 el papa Martín V suprimió la colegiata y asignó el área del templo a la Universitas Aromatariorum Urbis, es decir, al Colegio de Farmacéuticos (o Boticarios) Romanos.

El Foro romano (☆). El Foro romano, que en la época republicana (siglos V-I a. C.) era el centro político, económico, religioso y comercial de la antigua Roma, estaba situado en el valle entre el Palatino, el Capitolio y el Esquilino. En los siglos IX-VIII a. C., cuando la ciudad estaba formada por poblados independientes, la zona estaba ocupada por las necrópolis de las distintas zonas residenciales. Posteriormente los pueblos comenzaron a agruparse y el valle del Foro se encontró constituyendo naturalmente el lugar donde se reunían los habitantes para realizar funciones económicas y sociales; amplio y plano, poco a poco se convirtió en el centro de la vida social de la ciudad más antigua. Originalmente el terreno era pantanoso e insalubre, especialmente en el punto más bajo, cerca del Capitolio. De ahí la necesidad de realizar obras de acondicionamiento, en primer lugar el drenaje del fondo pantanoso; la empresa, una de las primeras obras de recuperación en la antigua Italia, se atribuyó a los reyes Tarquinos que construyeron la Cloaca Máxima para conducir el agua al Tíber. Fue entonces cuando la zona adquirió una precisa función social y política dentro de la comunidad. En el Foro se desarrollaban juegos, mítines y asambleas populares y la leyenda sitúa aquí algunos de los principales acontecimientos de los primeros siglos de Roma, incluido el rapto de las Sabinas. La intensa actividad que allí tuvo lugar propició, especialmente entre los siglos III y I a. C., la construcción de los primeros edificios destinados a funciones específicas, sagradas y públicas; también comenzó a surgir un primer esbozo del trazado de las vías entre los templos y las basílicas: la via Sacra, el vicus Tuscus, el clivus Argentarius, etc.

«Las ruinas, la vegetación y el entorno del Foro romano, fundidos en un unicum y realzados por la luminosidad de Roma, mantienen un encanto que el paso del tiempo no disminuye.»
 

La importancia del Foro romano se mantuvo viva sobre todo durante la época republicana, cuando el valle se fue llenando de edificios públicos, cuyos restos aún se conservan en la actualidad. Los edificios, casi siempre construidos con entablamentos de madera y revestimientos de arcilla, fueron reconstruidos varias veces, también porque a menudo eran destruidos por incendios o conflictos civiles. Es precisamente esta ampliación no planificada de los edificios a lo largo del tiempo la que confiere al Foro romano ese carácter típico de desorden, de falta de una planta orgánica. El máximo desarrollo de la zona se produjo con el final victorioso de las guerras púnicas en el siglo II a. C., cuando se construyeron cuatro basílicas: Porcia, Opimia, Emilia y Sempronia.  

Posteriormente, primero con Julio César, luego con Augusto y los primeros emperadores (siglo I a.C.-siglo I d.C.), el Foro fue adquiriendo un papel diferente, el de centro monumental y lugar de memoria histórica y religiosa, mientras la vida pública se trasladaba a las cercanías (Foros Imperiales). Como consecuencia, la actividad constructiva se detuvo, para tener un último momento de esplendor en el Bajo Imperio, con la construcción de columnas honoríficas y estatuas ecuestres. El verdadero declive se produjo con el traslado de la corte imperial a Rávena y con los edictos del siglo IV d. C., que impusieron el cierre de los templos, que fueron transformados en parte en iglesias. En el siglo V se produjeron las invasiones de visigodos y vándalos. Los edificios abandonados cayeron en ruinas, mientras que el nivel del Foro subió, cubriendo lo que aún quedaba. Enterrada por la vegetación, ahora en las afueras de la ciudad, la plaza se convirtió en un pasto para los rebaños, de ahí el nombre de "Campo Vaccino".
• PIRANESI ANTE EL FORO •

'Veduta di Campo Vaccino'; 1757, de Vedute di Roma. 

File:Piranesi Campo Vaccino.jpg

En este grabado, Piranesi literalmente abre ante los ojos toda la majestuosidad y la ruina del centro monumental de la antigua Roma, que más tarde se convirtió en Campo Vaccino, animado en cada rincón de pequeños viajeros, eruditos, pastores, buscadores de "menudos", excavadores, "milordi" y plácidos ganados abrevando. Arcos triunfales, columnas, templos antiguos e iglesias modernas actúan como proscenio y al mismo tiempo son objeto de una vista que los muestra en su magnificencia y en su ruina, monumentales y medio sumergidos por la tierra, atacados por plantas y erosionados por el tiempo. La descripción topográfica y analítica de los monumentos que hace Piranesi es extremadamente cuidada, al igual que la técnica del grabado que alterna luces claras con sombras suaves y profundas, en un trazado en perspectiva absolutamente magistral.

Foro romano. Historia de las excavaciones. Aunque el "redescubrimiento" del Foro se remonta al Renacimiento, los primeros intereses científicos no surgieron hasta finales del siglo XVIII, lo que llevó, en el siglo XIX, a la exploración sistemática del lugar por parte de ilustres arqueólogos, entre ellos Carlo Fea, Antonio Nibby, Pietro Rosa, Giuseppe Fiorelli. Los movimientos de tierra devolvieron a la vista el antiguo nivel del Foro, situado unos metros por debajo del nivel de la ciudad circundante. Las excavaciones más extensas se llevaron a cabo a principios del siglo XX, bajo la dirección de Giacomo Boni, quien, a principios del siglo XX, exploró la plaza, el templo del Divino Julio, el Lapis Niger, la Regia, la necrópolis arcaica, el templo de Vesta con la casa de las Vestales, la fuente de Juturna, la iglesia de Santa María Antigua. Su sucesor Alfonso Bartoli añadió la excavación de la basílica Emilia y la restauración radical de la Curia. En las décadas siguientes, las exploraciones, aunque limitadas, continuaron en diferentes áreas, entre ellas el Comitium, la basílica Julia, el arco de Augusto, el templo de los Castores y el área alrededor de la moderna via della Consolazione, que ha sido suprimida. Hoy en día, el Foro romano, aunque se presente como un campo de ruinas, sigue siendo uno de los lugares más importantes del mundo en términos de historia y arte. Las ruinas, la vegetación, el entorno, fundidos en un unicum y realzados por la luminosidad de Roma, mantienen un encanto que el paso del tiempo no disminuye. La vista del Foro desde arriba, especialmente al atardecer en días despejados, es una de las vistas más intensas y evocadoras que se puedan contemplar.

Plaza del Foro. La gran plaza pavimentada en el centro del Foro, el principal espacio destinado a las asambleas públicas populares, permaneció casi desprovista de edificios durante toda la época republicana (siglos V-I a. C.). Durante el Imperio, su importancia disminuyó con la creación de los foros imperiales y en la zona se construyeron monumentos de diversa índole. El pavimento, reconstruido varias veces a lo largo de los siglos, estaba formado originalmente por losas de travertino unidas por abrazaderas de plomo; son visibles los restos de una inscripción, probablemente atribuible a las restauraciones del pavimento realizadas bajo Augusto (27 a.C.-14 d.C.) por el pretor Lucio Nevio Surdino. La base rectangular del centro, que incorpora tres bloques perforados de travertino, pertenece al Equus Domitiani, la estatua ecuestre que celebraba la victoria de Domiciano (81-96 d. C.) sobre los germanos, erigida frente al templo del Divino Julio, como indica el poeta Estacio. Al norte, la zona rectangular vallada con bloques y dejada sin pavimento ya en la antigüedad, es la Aiuola de Marsias, donde se han replantado una vid, una higuera y un olivo, árboles sagrados para los romanos, que Plinio el Viejo recuerda en el centro del Foro. La estructura de hormigón revestida de mármol en la esquina occidental de la plaza puede ser la base del Equus Constantini, una estatua del emperador a caballo; cerca, unos pozos de forma cuadrada, que datan de la época de César, probablemente estén relacionados con la red de galerías que se desarrollan bajo la plaza.  

Foto: C. L.
Basílica Emilia (planta anterior). Los restos bajo el cubrimiento protector pertenecen a una versión anterior de la basílica. Consisten en un muro de cimentación y bases de columnas, hechas de bloques de toba de la Grotta Oscura, algunos de los cuales presentan marcas visibles de cantera. Estos cimientos muestran que, en su primera fase, la basílica constaba de una nave central y dos laterales. Las columnatas de las naves laterales estaban alineadas con las del edicifio posterior; pero en este período la nave central aún no se había ampliado.

'Tabernae' frente a la Basílica Emilia. La Basílica Emilia se enfrenta al Foro siguiendo un orden: las tres columnas de granito fueron levantadas durante una reconstrucción que se remonta al Bajo Imperio. Detrás del pórtico hay una hilera de tiendas hechas de bloques de toba, dispuestas en dos grupos de seis alrededor de la entrada. Se trata de las tabernae novae, preexistentes a la basílica e incorporadas a ella. 

'Sacellum' de Venus Cloacina. La base circular se sitúa sobre una construcción de toba que desciende al subsuelo y se sitúa en el punto de entrada de la Cloaca Máxima al Foro. Se trata de la capilla dedicada a Venus Cloacina y que albergaba dos estatuas con los símbolos de Venus. Según la tradición, aquí la joven Virginia fue asesinada por su hermano, para evitar que cayera en manos del decenviro Apio Claudio. La capilla fue también lugar de purificaciones rituales de los ejércitos romano y sabino. 

El ciprés. El ciprés es una planta originaria de Asia Menor y Oriente Próximo (probablemente del norte de Persia), desde donde se extendió al Mediterráneo occidental durante el segundo milenio a través de Anatolia central, Siria, Líbano hasta las islas de Chipre, Rodas, Creta y la costa de Grecia, muy probablemente a través de la mediación de los fenicios y la Creta minoica.  

En toda la cuenca mediterránea, la madera de ciprés tiene diversos usos: en Egipto, por sus propiedades antisépticas y antiparasitarias, se utilizaba para la fabricación de sarcófagos; en Grecia, por su vinculación a lugares sagrados y funerarios parece haber sido utilizado en la creación de objetos divinos, como el cetro de Zeus, la maza de Heracles o la flecha de Eros.   

En la religión mistérica y pitagórica, el ciprés tiene un significado indisolublemente ligado a la muerte y al tema del renacimiento sobrenatural: ya en Roma el árbol estaba consagrado al dios del inframundo, el Dis-Pater/Hades/Plutón. Fuentes antiguas (Plinio, Nat. Hist., XVI, 53) transmiten la existencia de un ciprés legendario en el Foro romano en la zona del Volcanal (zona sagrada del Comitium-Lapis Niger) desde la época de la fundación de la ciudad; sólo se secó al final del reinado de Nerón. El ciprés por su carácter ctónico encuentra una correspondencia en la mención del Volcanal-Niger Lapis, como el lugar de la muerte (o desaparición) de Rómulo. 

Lapis Niger (☆). A partir de 1899, Giacomo Boni inició una campaña de excavación que sacó a la luz la zona del Comitium y el Niger Lapis, un suelo de mármol negro. 

La zona se reveló inmediatamente de gran importancia arqueológica gracias al descubrimiento de un santuario, marcado por una piedra con una inscripción bustrofedónica (escrita de izquierda a derecha y viceversa), que data del 575-550 a. C., con altar, base y cipo o tambor de columna, todo en toba. La piedra negra estaba relacionada con el lugar donde Rómulo murió y desapareció en las entrañas de la tierra, según narran fuentes antiguas (Festo, Plutarco), que la vinculan con el santuario del dios Vulcano, un antiguo culto vinculado a los orígenes de la ciudad. 

Durante la época de los Reyes de Roma (s. VIII-VI a. C.) toda la zona se caracterizó como un espacio público para las reuniones del Comitium, mientras que con la llegada de la República se redefinió con la inserción de la Curia Hostilia para el Senado y las tribunas, destinadas a acoger las reuniones de ciudadanos, presididas por los magistrados; en el mismo lugar también se desarrollaron actividades relacionadas con la administración judicial y donde los embajadores extranjeros pronunciaron sus discursos. La estrecha conexión entre el área sagrada y la actividad del Comitium, en un lugar tan estrechamente vinculado a los orígenes de Roma, continuó hasta que César decidió suprimir el Comitium y reconstruir la Curia (actualmente Julia). [...]

Templo del Divino Julio. César, asesinado en el 44 a. C. en la Curia de Pompeyo en el Campo de Marte, fue incinerado en el Foro, frente a la Regia. Augusto construyó un templo en el lugar, dedicado en el 29 a. C. Construido sobre un podio alto, con seis columnas en el frente, estaba decorado con los rostra de los barcos de Antonio y Cleopatra capturados por Augusto, dos años antes, en la batalla de Accio. El altar, situado en el hemiciclo del podio, sustituyó a la columna conmemorativa. Las escaleras laterales conducían al interior del edificio, del que hoy sólo queda el núcleo de hormigón.

Altar de César

…Colocaron (los despojos de César) en el Foro, allí donde está la antigua regia de los romanos. Acumularon encima mesas y sillas y cuanta madera había por allí. Encendieron el fuego y todo el pueblo permaneció allí junto a la hoguera durante la noche. En aquel lugar fue erigido primero un altar, donde está ahora el templo del mismo César, en el cual es honrado como un dios (Apiano, De bello civ. II, 148).

Templo de Cástor y Pólux (☆). Según la leyenda, los dos hermanos, hijos de Júpiter, después de haber ayudado a los romanos contra los latinos y los etruscos en la batalla del lago Regilo (496 a. C.), fueron vistos en el Foro abrevando sus caballos en la fuente de Juturna. En su honor, el dictador Aulo Postumio Albino construyó un templo, dedicado en el 484 a. C., que sufrió diversas transformaciones a lo largo de los siglos. El podio alto se remonta a la reconstrucción de Metelo en el año 117 a. C.; bajo Tiberio se llevó a cabo una importante renovación, a quien se pueden atribuir las tres columnas corintias y el hermoso entablamento visible a un lado del templo, que presentaba dos escaleras laterales.   

Rome, Italy. The Roman Forum. The three columns of the Temple of Castor and Pollux. The Arch of Titus in the background. The Forum is part of the...

Templo de los Dioscuros [bis]. El Templo de los Dioscuros, o Templum Castoris, como se llamaba en latín, fue dedicado a celebrar la victoria de los romanos sobre la liga latina en la batalla del lago Regilo en el año 499 a. C. por el vencedor de la  batalla, Aulo Postumio Albino, y luego construido por su hijo a partir del 484 a. C. Su ubicación en el centro de la plaza, junto a la fuente de Juturna, no es casual: de hecho, según la leyenda, los Dioscuros, gemelos divinos, aparecieron milagrosamente en la fuente el día de la batalla, abrevando a sus caballos. Las tres grandes columnas corintias del alto podio, unas de las pocas del Foro romano que han atravesado milenios sin derrumbarse, así como los elementos arquitectónicos relacionados con el friso y el entablamento conservado a su alrededor, se remontan a la refinada renovación deseada por el emperador Augusto en nombre de su hijo adoptivo Tiberio en el año 6 d. C.

Basílica Julia. La basílica Julia, que, como todas las demás, era un edificio destinado a ofrecer un espacio cubierto para las más variadas funciones sociales, fue iniciada por Julio César en el año 54 a. C. en lugar de la basílica de Sempronia y las tabernae veteres. Fue reconstruida por Augusto, quien la dedicó en el año 12 a. C. La basílica sufrió varios incendios a lo largo de los siglos y fue restaurada en el siglo IV d. C. por Diocleciano y nuevamente después del saqueo de Roma por Alarico (410 d. C.). El edificio rectangular estaba rodeado por los cuatro lados por un pórtico de doble columnata, del que sólo se conservan las bases de los pilares. En el lado sur del edificio son visibles los restos de las tabernae, formadas por pequeñas estancias destinadas a oficinas y lugares de reunión.

Basílica Julia

...en ella se sentaban los ciento ochenta jueces —pues tantos se reúnen en cuatro concilios—, un vasto equipo de abogados de una y otra parte y numerosos escaños, además una densa multitud de espectadores rodeaba la amplia zona del juicio en un círculo múltiple. A este tribunal abarrotado, y también desde la parte superior de la basílica, se acercaban hombres y mujeres, ansiosos por escuchar —lo cual era difícil— y —lo cual era fácil— ver (Plinio el Joven, Epistolario, VI, 33).

Bases honoríficas. Las siete basas de ladrillo, originalmente revestidas de mármol, que se alinean en el lado sur de la plaza, sostenían columnas destinadas a personajes ilustres y datan del Bajo Imperio (a partir del siglo III d. C.); lamentablemente la desaparición de las inscripciones dedicatorias no permite identificarlas. Dos de las columnas, situadas en el extremo oriental, fueron reensambladas a finales del siglo XIX, recuperando columnas de granito gris y mármol blanco en las cercanías. 

Lacus Curtius. Así se llama la zona pavimentada hundida, en cuyo centro se puede ver un altar circular. El nombre se explica por la presencia antiquísima de un pantano que se secó en la época de Augusto. La leyenda habla de un noble romano llamado Marcus Curtius, representado en un relieve de mármol del siglo I a. C. (un calco está colocado en el borde de la cuenca), que se habría sacrificado hundiéndose en el pantano, para respetar la voluntad del oráculo.

Columna de Focas (☆). Sobre una base de ladrillo rodeada de escalones, la columna de Focas se eleva a una altura de más de 13 metros, dedicada —según el epígrafe inscrito en el pedestal— en honor del centurión elegido emperador de Bizancio en el 602 d. C., quien había hecho matar a su predecesor Mauricio y a sus cinco hijos. La columna da una idea del aspecto de las columnas honoríficas del Foro y representa el último monumento erigido en la plaza que permanece en pie a lo largo de los siglos. 

Los árboles sagrados de Roma. Fuentes antiguas, incluido Plinio en su Historia Natural (XV, 77-78; I d. C.), transmiten la presencia de tres plantas en la plaza, símbolo de la cultura romana: ficus, olea, vitis. La agricultura, representada con el olivo y la vid, era considerada la actividad moralmente más digna del ciudadano romano, expresión de los valores de los padres y de la prosperidad de la nación. Los romanos también introdujeron el cultivo del olivo en los territorios conquistados y el aceite de oliva se convirtió en uno de los productos clave de la economía de la ciudad; también se utilizaba para iluminación, cosmética, medicina y mecánica. El olivo era tan importante que se plantó cerca de la higuera, un árbol sagrado porque está vinculado al mito de los orígenes según el cual la cesta en la que viajaban los divinos gemelos Rómulo y Remo, hijos del dios Marte y la vestal Rea Silvia, y los futuros fundadores ​​de Roma, se detuvo bajo una higuera silvestre, llamada ficus ruminalis. 

Rostra (☆). Es la plataforma desde la cual los oradores hablaban al pueblo. El nombre deriva de  los espolones de los barcos latinos, capturados por los romanos durante la batalla de Anzio en el 338 a. C., con los que estaba decorado el monumento. A instancias de César, los Rostra fueron trasladados aquí desde el cercano Comitium y posteriormente Augusto los amplió. El monumento tiene una parte curva de bloques de toba, revestidos con losas de mármol. Enfrente, son visibles los agujeros que sostenían los picos. El monumento estaba equipado con una plataforma, a la que se podía acceder a través de una escalera situada en el lado que daba a la colina Capitolina. 

Vicus Iugarius. El Vicus Iugarius es una de las vías más antiguas de Roma: su recorrido, sustancialmente inalterado a lo largo del tiempo, constituía ya en época monárquica la conexión rápida entre el valle del Foro, donde cruza la perpendicular Vía Sacra, y el puerto de la margen izquierda del Tíber. Los datos recogidos durante el estudio de excavación, realizado en aprox. 9 metros de estratigrafía, ponen de relieve que el antiguo eje de la vía siempre ha permanecido en uso, sin interrupción, hasta la época moderna; de hecho, a lo largo de la vía, uno tras otro, los estratos están formados por simples capas de tierra o por adoquines y todavía algunas estructuras dan testimonio del crecimiento de la ciudad, a los lados de la calle. El pavimento conservado en el interior del conjunto arqueológico está datado entre finales del siglo V y principios del VI d. C., pero este nivel debería reflejar no obstante el nivel original, dada la presencia de una alcantarilla arcaica inmediatamente debajo del nivel del suelo actual. Entre el s. VII y VIII d. C. aparecen las primeras capas, conservadas en la estratigrafía expuesta, que empiezan a elevar el firme de la vía. A principios del siglo X d. C., cuando se construyó el edificio altomedieval, el nivel del suelo era más de un metro más alto que el suelo de losas de travertino de finales del siglo I a. C. frente al lado corto de la basílica Julia. Finalmente, de la fase medieval de la vía queda una muralla caracterizada por dos arcos, en sillares de toba con aristas de ladrillo, del siglo XIII.  

Templo de Saturno (). El templo, uno de los más antiguos de Roma, se encuentra al pie de la colina Capitolina, sobre un alto podio de bloques cuadrados. En la cella, precedida por un atrio con seis columnas, que aún hoy se conserva junto con el arquitrabe, se guardaba la estatua de Saturno. El templo existió desde finales del siglo VI a. C., pero los restos de la base están relacionados con una renovación del 42 a. C., mientras que las columnas pertenecen a una restauración realizada en el siglo IV, tras un incendio, como indica la inscripción. El Tesoro del Estado se guardaba dentro del templo.

Foto: C. L.

Miliarium Aureum (). Los escasos restos de mármol con decoración de palmetas pertenecen a un monumento, el Miliarium Aureum, erigido por Augusto cuando, en el año 20 a. C., se hizo responsable de las vías (curator viarum): estaba formado por una gran columna (diám. 1,20 m.), en la que estaban escritas con letras de oro las distancias entre Roma y las provincias del imperio, calculadas en millas a partir de las puertas de las Murallas Servianas. 

Templo de la Concordia (☆). El templo, del que queda solo una base y una pequeña parte del alzado, fue erigido por Furio Camilo en el año 367 a. C. tras concluida la paz entre patricios y plebeyos; reconstruido más tarde, quedan ruinas de la reconstrucción efectuada bajo Tiberio en el año 10 d. C. Debido a la estrechez del espacio, el pronaos se coloca en el lado largo de la cella, en lugar de en el corto. Por las ricas donaciones recibidas, sobre todo de Livia, esposa de Augusto, el templo se convirtió en un auténtico museo, con pinturas y obras de los artistas griegos más importantes.

• PIRANESI ANTE EL FORO •

'Tempio detto della Concordia'; 1774, de Vedute di Roma. 

Veduta del Tempio detto della Concordia, in ‘Le Vedute di Roma’

Piranesi nos muestra, en este como en otros dos grabados, la reutilización de los cimientos del monumento y los espacios circundantes, utilizados como viviendas particulares, con establos y garajes para carros. La imponente mole del templo de Saturno (erróneamente creído como el de Concordia) en realidad sirvió como terraza para la colina capitolina cuesta arriba y como terraplén para el Vicus Iugarius cuesta abajo. En el centro de la vista, contra el podio del templo, Piranesi dibujó hasta el más mínimo detalle un edificio de dos plantas con terraza y pérgola, adornado con una serie de plantas en macetas en los alféizares. Para mostrar el templo en su totalidad, Piranesi vuelve a jugar con las proporciones de los monumentos, comprimiendo significativamente las dimensiones del arco de Septimio Severo respecto a la perspectiva real.

Templo de Vespasiano (☆). Fue construido en el año 79 d. C. por Tito y Domiciano en honor a su padre Vespasiano (69-79 d. C.). Se conservan tres hermosas columnas angulares, con parte del arquitrabe decorado con objetos sacrificiales, rosetones y follaje. El friso contiene la insignia sacerdotal del Pontifex Maximus, el cargo que ocupaba Vespasiano como emperador. La inscripción conmemora las restauraciones llevadas a cabo por los emperadores Septimio Severo (193-211 d. C.) y Caracalla (211-217 d. C.). El templo fue sacado a la luz por el arquitecto Valadier en 1811.
• PIRANESI ANTE EL FORO •

'Veduta del Tempio di Giove Tonante'; 1756, de Vedute di Roma. 

File:Piranesi Campo Vaccino.jpg

En esta vista muy en profundidad, realizada por Piranesi en 1756, destacan en primer plano los restos de la esquina noreste de la columnata del pronaos del Templo de Vespasiano y Tito, todavía confundido en ese momento con el Templo de Júpiter Tonante mencionado por Suetonio y Plinio el Viejo, edificio que aún no ha sido identificado ni localizado correctamente. Los restos del templo, iniciado por Tito y completado por Domiciano después de 81 d. C., se representan todavía en gran parte enterrados, con los fustes de las columnas ocultos en dos tercios de su altura, como permanecieron hasta la excavación del año 290 llevada a cabo por Giuseppe Valadier en 1811.

Pórtico de los Dei Consenti
(☆). Reconstruido a mediados del siglo XIX con elementos antiguos recuperados de excavaciones, el pórtico tiene una forma particular: está formado por doce columnas y otras tantas habitaciones detrás de ellas (hoy sólo siete), cada una dedicada a una deidad olímpica. El edificio, que ya existía en el siglo I a. C., ha sufrido diversas modificaciones: lo que queda hoy data de finales del siglo I d. C., aunque la inscripción recuerda las obras del prefecto de Roma Vettio Agorio Pretestato, uno de los últimos opositores al cristianismo, que vivió en el siglo IV.
AEDES DEVM CONSENTIVM

...pronunciados, únicamente según el rito, los votos, se ordenó una oración pública; fueron a suplicar no sólo una multitud de ciudadanos con esposas e hijos, sino también una multitud de campesinos: todos aquellos que, dada su buena fortuna privada, eran presa de grandes preocupaciones. Los decemviri asignados a los sacrificios proveyeron hacer durante tres días un lectisternio. Fueron preparados en público seis lechos: uno para Júpiter y Juno, otro para Neptuno y Minerva, un tercero para Marte y Venus, un cuarto para Apolo y Diana, un quinto para Vulcano y Vesta y un sexto para Mercurio y Ceres (Tito Livio, Historia de Roma XXII, 10, s.).
Umbilicus Urbis. También señalado por algunas fuentes como Mundus, era considerado el centro ideal de la ciudad (omphalos), según un concepto de origen griego; también era el punto donde el mundo de los vivos, a través de una fisura en el suelo, estaba en contacto con el mundo subterráneo. Se trata de una construcción de ladrillo redondo, con una pequeña puerta, atribuible a una restauración de época de los Severos (principios del siglo III d. C.), que reutiliza elementos más antiguos. 

Volcanal. En parte excavado en la roca, en parte construido en bloques de toba, el monumento tradicionalmente llamado Volcanal (aproximadamente 3 x 4 m), se creía que era el lugar sagrado que contenía el altar dedicado por Tito Tacio (rey mítico de los sabinos) a Vulcano, existente desde los orígenes de la ciudad; recientemente se ha propuesto una identificación de los restos con el altar de Saturno, que los autores latinos colocan frente al templo del mismo nombre, al inicio de la cuesta que conduce al Capitolio. 

Foto: C. L.
El Arco de Septimio Severo (☆). Cuidado y conservación. El arco de Septimio Severo fue erigido en el año 203 d. C. en el tramo final de la Vía Sacra con el objetivo de celebrar las victorias del emperador y sus hijos sobre el pueblo parto asentado en la antigua Persia. Como muchos otros monumentos antiguos, fue utilizado en la época medieval como fortaleza, sufriendo un progresivo enterramiento en los siglos siguientes. Solo en el siglo XIX, libre de todo lastre, fue objeto de importantes excavaciones y restauraciones que duraron hasta la primera mitad del siglo XX. Las campañas de restauración más amplias se remontan a los años 1980 y 1990, seguidas de intervenciones de mantenimiento destinadas a abordar situaciones específicas de degradación. Veinte años después de estas últimas intervenciones, entre 2020 y 2021, se inició una actividad extraordinaria de mantenimiento que involucró el lado que da al Capitolio. Esta fue la oportunidad de implementar un proyecto multidisciplinario. En primer lugar, se planificó una fase preliminar de investigación consistente en investigaciones de diagnóstico, reconocimiento del monumento y documentación fotográfica y gráfica de las superficies. Las investigaciones confirmaron que el monumento está sujeto a problemas relacionados con la exposición a agentes atmosféricos, la presencia de contaminantes en el aire y las intervenciones que han tenido lugar en el pasado. De hecho, las superficies presentan fenómenos de degradación, como la presencia de pátinas biológicas y vegetación de malezas, incrustaciones, grietas, desprendimientos y manchas provocadas por materiales extraños, hasta la pulverización del mármol. Por estos motivos la intervención conservadora se dividió en la eliminación de la vegetación, la eliminación de costras negras, la consolidación y limpieza del mármol y la readhesión de las partes en peligro de caída. El rejuntado y el microrejuntado tenían como objetivo sellar las grietas presentes en la piedra y evitar la infiltración de precipitaciones. El trabajo se realizó con instrumentos y metodologías de última generación: la limpieza se realizó con láseres de última generación con el objetivo de limitar el uso de sustancias químicas, dejando intactas las pátinas originales. En esta intervención se experimentó luego con la "bioconsolidación", es decir, la consolidación de la piedra mediante bacterias carbonatogénicas. Este sistema aprovecha la capacidad de algunas bacterias que se encuentran naturalmente dentro de la piedra para producir carbonato de calcio, un componente natural del mármol, sin aplicar ninguna sustancia extraña al mármol. Un plan de mantenimiento periódico permite comprobar que el monumento y las intervenciones realizadas se mantienen en buen estado. El Parque Arqueológico del Coliseo tiene previsto completar la intervención también en los arcos inferiores y en el lado que da al Foro romano.
• PIRANESI ANTE EL FORO •

'Arco di Settimio Severo. Nel mezzo di questo passava l'antica via Sacra che passava i Trionfati in Campidoglio'; 1759, de Vedute di Roma. 

File:Piranesi Campo Vaccino.jpg

En esta majestuosa vista del cuadrante noroeste del Foro Romano, Piranesi realza el papel icónico de la Columna de Focas, dándole una altura que incluso duplica la realidad (unos 16 metros frente a los 7 reales) gracias a la reducción del tamaño del pastor sentado en su base. Debajo de este último, las excavaciones del siglo XIX revelaron la existencia de una gran escalera, la mitad de la cual fue eliminada a principios del siglo XX. En el centro está el Arco de Septimio Severo, construido en el año 203 d. C. con motivo de la década del emperador para celebrar el triunfo sobre los partos. Los arcos laterales, enterrados a dos tercios de su altura, cuentan con remates de mampostería y puertas de acceso a las estancias creadas en el interior.

Arcos triunfales y honoríficos en el Foro romano: de Augusto a Constantino. A finales del siglo I a. C. son al menos tres los arcos que las fuentes citan en el Foro romano atribuyéndolos a Octaviano-Augusto: uno para celebrar la victoria de Octaviano sobre Sexto Pompeyo en Naulocho (36 a. C.), pero rechazado por el futuro princeps; otro para conmemorar el triple triunfo concluida la batalla de Accio y la captura de Egipto en el año 29 a. C.; el tercero para conmemorar en el año 19 a. C. la devolución por parte de los partos de las insignias militares arrebatadas al general Marco Licinio Craso en el 51 a. C. en Carrhae (Turquía). De estos tres solo el último es rastreable, aunque totalmente colapsado, entre el templo del Divino Julio y el templo de los Castores, reconstruible sobre la base de pocos hallazgos aún in situ y de una moneda.

Tras esta experiencia, durante el siglo I d. C. a lo largo de la ciudad de Roma se comenzaron a construir numerosos arcos honoríficos y triunfales que muestran elementos innovadores respecto a sus antecesores augústeos. En particular es significativo recordar en la época julio-claudia, posterior al 53 d. C., el arco de Nerón de una sola fórnix, que se colocó en el monte Capitolino para celebrar la victoria temporal sobre los partos, y que luego fue retirado por damnatio memoriae.

La obra más interesante de este período de la historia imperial es sin duda el arco de Tito. Erigido en el año 81 d. C. para el emperador deificado, es un paradigma del modelo simplificado de un arco con un único fórnix enmarcado por parejas de medias columnas y tres cuartos de columnas en los ángulos internos y externos. La estructura es conocida gracias a las restauraciones del siglo XIX realizadas por Giuseppe Valadier, quien la restauró en su totalidad con adiciones de travertino.

Al mismo tiempo, en el Circo Máximo hay otro arco, de tres vanos, dedicado al mismo emperador Tito, para celebrar la victoria sobre los judíos y la destrucción de Jerusalén.

Aproximadamente un siglo después de la construcción del arco de Septimio Severo, finalmente se construyó el arco de Constantino, un arco triunfal de tres vanos, situado entre el Palatino y el Celio, en el antiguo camino de los triunfos; dedicado por el Senado a la victoria de Constantino I contra Majencio en la batalla del Puente Milvio (28 de octubre de 312), luego fue inaugurado en 315 con motivo de los decennalia del emperador (diez años de reinado). 

Las restauraciones de los años '80-'90 del siglo pasado. A partir de los años ochenta, gracias a la financiación destinada a la "Protección del patrimonio arqueológico de la ciudad de Roma" por la ley especial Biasini, se llevó a cabo una importante campaña de estudio y conservación del patrimonio arquitectónico y de las superficies de los monumentos romanos más ilustres, entre los cuales también el arco de Septimio Severo. Esto se hizo con el objetivo de dar respuesta al creciente deterioro de los bienes arqueológicos de la ciudad. En 1981 el arco fue objeto de una primera intervención diagnóstica, encaminada a identificar los problemas de conservación del monumento y desarrollar las metodologías operativas más correctas, destacando las causas y mecanismos de la degradación, así como su interrelación con los valores climáticos y ambientales. Por primera vez se realizó un mapeo completo del estado de conservación de las superficies y estructuras.

En la campaña de restauración, que se prolongó hasta 1989, se abordaron las consecuencias de la contaminación sobre la conservación de la piedra. Los principales fenómenos de alteración identificados son la formación de costras negras, ligadas a hidrocarburos producidos por el tránsito vehicular, desintegración de piedras, desprendimientos y fracturamiento del material original. También se pueden identificar diversas pátinas en la superficie de la piedra, cuya composición y origen, ya sea intencionado o natural, son objeto de profundo estudio e investigación.

A partir de ese momento y hasta el día de hoy, se han llevado a cabo diversas intervenciones conservadoras, destinadas a monitorear los problemas ya conocidos e intervenir rápidamente, con metodologías constantemente actualizadas, sobre los problemas relacionados con el ataque biológico, la limpieza de las costras negras, la consolidación de la piedra y la seguridad de los desprendimientos. 

La restauración de 2021. Las superficies del arco de Septimio Severo aún están sujetas a mecanismos de alteración provocados por la concomitancia de factores como la exposición a los agentes atmosféricos, la presencia de contaminantes de diferente naturaleza en el aire, el tiempo, pero también las intervenciones que han tenido lugar en los siglos pasados.

La copresencia de estos fenómenos hace que el monumento se vea afectado por procesos de deterioro químico, físico y biológico; en particular encontramos: depósitos superficiales de diversa índole, costras negras, pátinas biológicas, malas hierbas, líquenes y musgos, desprendimientos, grietas y fracturas, carencias, descamaciones, erosión superficial, manchas, alteraciones cromáticas, pátinas. 

Fuente de Juturna. La fuente dedicada a Juturna, que recogía agua de un manantial, se remonta a la época arcaica (siglo VI a. C.). Cuenta la leyenda que aquí se vio a Cástor y Pólux, divinos jinetes gemelos que llevaron a Roma a la victoria sobre los latinos (499 a. C.), dando de beber a sus caballos, por lo que se decidió construir un templo cercano para ellos. La fuente fue reconstruida varias veces entre los siglos II y I a. C. y luego en época imperial: estaba revestida de mármol y una base en el centro sostenía las estatuas de los jinetes Dioscuros. En la pila se conserva un altar con la representación de los gemelos.

Templo de Vesta (☆). Parcialmente reconstruido en el siglo XX,eltemplo está vinculado a uno de los cultos más antiguos e importantes de Roma. En él las vírgenes vestales guardaban el fuego sagrado, que debía permanecer encendido perpetuamente, como símbolo de la fuerza vital de la ciudad. Estaba estrictamente prohibido que los hombres, excepto el Pontífice Máximo, entraran al interior. Del templo sólo queda el podio, sobre el que se alzaban columnas. El monumento circular fue reconstruido varias veces. Lo que queda hoy se remonta a la época de Septimio Severo, quien restauró la estructura después del incendio del 191 d. C.


Foto: C. L.

Foto: C. L.

La Casa de las Vestales (☆). Junto al templo de Vesta se encontraba la casa de las sacerdotisas vestales; templo y casa formaban un complejo unitario, el Atrium Vestae. El edificio visible hoy fue construido con ladrillos después del incendio neroniano del 64 d. C. Luego fue reconstruido por Trajano y restaurado por Septimio Severo. En 394 d. C. Teodosio I, emperador cristiano, ordenó su abandono. Alrededor de un patio porticado, decorado con fuentes y estatuas de las vestales mayores, se distribuyen los dormitorios, los salones, calefactados y pavimentados en mármol, y los servicios, como las cocinas y el molino.

ATRIVM VESTAE

Poco antes de que los galos conquistaran Roma se escuchó salir del bosque sagrado de Vesta, el que desciende del pie del Palatino hacia la Via Nova, una voz que advertía de rehacer las paredes y las puertas; si no se proveía, podría suceder que Roma fuera conquistada... (Cicerón, Sobre la adivinación I, 101).

Las vírgenes vestales. El orden sacerdotal de las Vestales fue establecido por Rómulo o Numa en los ss. VIII-VI a. C. Podrían formar parte de él mujeres aristocráticas, vírgenes elegidas entre los 6 y los 10 años por el Pontífice Máximo. El sacerdocio duraba 30 años y entrañaba riquezas y privilegios, pero también deberes como la castidad y la observancia de rituales. Correspondía a las vestales mantener encendido el fuego público que ardía en el templo de Vesta, custodiar los objetos sagrados y celebrar las fiestas anuales. En estas ocasiones las vestales preparaban una mezcla de espelta molida con sal, la mola salsa, con la que se espolvoreaba a las víctimas de los sacrificios. 

La Casa de las Vestales antes del 64 d. C. Antes del incendio neroniano, la casa de las vestales tenía una forma, tamaño y orientación diferentes. El edificio más antiguo que se conserva data del siglo VI a. C., y fue reconstruido con bloques de toba en el siglo III a. C. y renovado entre finales de la República y principios del Imperio. Excavaciones recientes han sacado a la luz en la zona situada frente al templo una choza de mediados del siglo VIII a. C., quizás la primitiva residencia de las sacerdotisas. En este ambiente, bajo el suelo de época imperial con una cavidad para calefacción, se encuentran restos de muros y mosaicos de la Casa de las Vestales de la época republicana.

Casa de las Vestales - Sector sureste. La Casa de las Vestales, o Atrium Vestae, fue sacada a la luz por Rodolfo Lanciani durante las excavaciones realizadas en los años 1882-1884. En particular, las salas, abiertas ahora al público, fueron descubiertas tras la eliminación del gran muro de cerramiento de los Jardines Farnesianos y de los estratos de tierra, caracterizadas por un espesor de hasta veinte metros con respecto a la superficie antigua. Tras el descubrimiento se iniciaron los trabajos de ordenación de las estructuras y de los hallazgos líticos descubiertos, parte de los cuales, posteriormente expuestos en el Anticuario Forense, se encuentran ahora instalados en las salas del sector SE, tras una cuidadosa intervención conservadora de recuperación entre 2013 y 2020. Investigaciones arqueológicas recientes han permitido adquirir nuevos datos sobre los acontecimientos que afectaron al conjunto arquitectónico. El descubrimiento de suelo natural inmediatamente debajo del pavimento imperial confirma que el lado este del atrio al sur de la antigua Via Nova, antes de las renovaciones neronianas tras el incendio del 64 d. C., probablemente estaba ocupado por el bosque sagrado, el Lucus Vestae. Algunas estructuras de muros encontradas durante investigaciones recientes en el sector SE pueden atribuirse a la fase neroniano-flavia, en correspondencia tanto con el llamado entresuelo como con la planta baja, que posteriormente se incorporaron a las estructuras trajanas que datan aproximadamente del 110-113 d. C. En la fase trajana las estancias de la planta baja (A-E) debieron tener funciones residenciales y representativas. Sustancialmente hasta al menos el siglo IV d. C. la planta baja permanece casi sin cambios. 

Ambientes en el ángulo entre el barrio Clivus Palatino y el barrio Via Nova. Tras el incendio del año 64 d. C., que cambió el rostro y la función de esta parte de la ciudad, se construyó una larga hilera de comercios, de los que aún quedan muros de ladrillo, tanto a lo largo de la ladera que subía al Palatino como a lo largo de la calle a los pies de la Domus Tiberiana, tradicionalmente llamada Nova Via. Anteriormente la zona estaba ocupada por unas ricas domus privadas. De hecho, las excavaciones en el cruce de las dos calles han sacado a la luz los restos de una lujosa casa que data del siglo I a. C. —actualmente remodelado— con pisos de mosaico y un patio con una piscina revestida de mármol.

VICVS TVSCVS

…A ellos (los etruscos que huyeron con Porsenna) el Senado les asignó un lugar en la ciudad donde podían construir viviendas: era el valle entre el Palatinum y el Monte Capitolino. Extendido por unos cuatro estadios. Por esta razón, ya en mi época los romanos lo llamaban, en el dialecto local, barrio tusco (Dionisio de Halicarnaso, Antigüedades romanas V, 36, 4).