Volviendo al parque, es un recinto breve que va ascendiendo, y el visitante mientras sube se aleja del tráfico y de los trenes de Mergellina que pasan allá abajo perfectamente audibles. Antes de llegar a la tumba de Virgilio, doblando curvas y recodos, podrá ver la tumba de Leopardi, pues la historia ha querido que ambos poetas compartan el mismo entorno vegetal. Y al final, en la cima, el sepulcro que la tradición dice ser de Virgilio, no otra cosa que un columbario romano en forma de cilindro, en cuyo interior han puesto un caldero-trípode en el que la gente, por propia iniciativa, deposita hojas sueltas con el particular sentimiento que el poeta les concita, como de un libro de visitas se tratara. Parvo homenaje.
Virgilio murió en Brindis de regreso precipitado de un viaje a Grecia y Asia Menor que habría de servirle para finalizar la Eneida. Donato, autor del s. IV de una Vita Vergiliana (basada en Suetonio), dice que los huesos de Virgilio fueron trasladados a Nápoles, donde fueron sepultados en la via Puteolana ("el camino a Pozzuoli") en la segunda milla. Aunque no hay confirmación arqueológica de este dato, se ha querido dar por hecho desde los tiempos de Estacio y Silio Itálico, admiradores y preservadores de la memoria del poeta, y desde el Renacimiento, cuando los humanistas Petrarca y Boccaccio visitan el mausoleo. A este lugar, además, le acompaña una tradición de cultos esotéricos vinculados a la fama medieval de mago y profeta de Virgilio, surgida de la lectura alegórica de la bucólica IV y del libro VI de la Eneida, donde Eneas acude a la sibila de Cumas para conocer su destino. Quién sabe si por esto han colocado allí el trípode, el asiento desde el que la Pitia délfica emitía sus oráculos.
Virgilio murió en Brindis de regreso precipitado de un viaje a Grecia y Asia Menor que habría de servirle para finalizar la Eneida. Donato, autor del s. IV de una Vita Vergiliana (basada en Suetonio), dice que los huesos de Virgilio fueron trasladados a Nápoles, donde fueron sepultados en la via Puteolana ("el camino a Pozzuoli") en la segunda milla. Aunque no hay confirmación arqueológica de este dato, se ha querido dar por hecho desde los tiempos de Estacio y Silio Itálico, admiradores y preservadores de la memoria del poeta, y desde el Renacimiento, cuando los humanistas Petrarca y Boccaccio visitan el mausoleo. A este lugar, además, le acompaña una tradición de cultos esotéricos vinculados a la fama medieval de mago y profeta de Virgilio, surgida de la lectura alegórica de la bucólica IV y del libro VI de la Eneida, donde Eneas acude a la sibila de Cumas para conocer su destino. Quién sabe si por esto han colocado allí el trípode, el asiento desde el que la Pitia délfica emitía sus oráculos.
![]() |
Posillipo (Nápoles) |
César Antonio Molina, Lugares donde se calma el dolor, Barcelona 2009 (Destino)